Sabores: Acido (2 de 5)


Resumen: Un ataque informático sobre los ordenadores del FBI lleva a Mulder y Scully a investigar extraños sucesos en una residencia de Ancianos. Las circunstancias les obligan a trabajar con un conocido enemigo.
Clasificación: MSR, +18, algo de humor.
Spoilers: Primeras temporadas.
Disclaimer: Estos personajes pertenecen a la Fox, a Chris Carter y a la 1013.
Nota: por favor manden comentarios a mariagran18ARROBAhotmail.es

 

En ocasiones, la apreciación de un sabor ácido en nuestro paladar nos induce una involuntaria reacción adversa; quizás no seamos conscientes de ello, pero se trata de una defensa heredada; la memoria ancestral escrita sobre nuestros genes sabe que muchos alimentos peligrosos, aunque visualmente sabrosos, poseen esta característica.
Tal vez sólo estemos ante una primitiva forma de defensa contra la ingesta accidental de venenos.

Apartamento de Dana Scully
12 de Junio
7:40 de la mañana

Supongo que es sólo el sonido del teléfono, pero creo tener la sirena de un barco alojada en mis oídos. Y esa luz…, nunca olvido correr los visillos, nunca hasta el día que realmente necesito oscuridad.

Sigue tintineando, abro un ojo, evitando que la claridad me deslumbre, sólo las 7:40, hoy no tengo que ir a la oficina, estamos en mitad de un trabajo de campo; bien, que siga sonando.

Ha cesado, y aunque el eco de su cacofonía continúa por unos segundos haciendo vibrar mis tímpanos, el ruido empieza a diluirse en el silencio de mi habitación. Vuelvo a recolocar mi cabeza sobre la almohada, sobre el único trozo que han dejado libre mis piernas. No soy capaz de recordar por qué no llevo pijama, ni camiseta, ni acaso ropa interior…

¡Nooo…!, ahora es el teléfono móvil el que danza sobre la mesa, y aunque el sonido es menos estridente, me angustia pensar que caerá al suelo si no soy capaz de alcanzarlo para que deje de vibrar. Haciendo un enorme esfuerzo logro abandonar mi horizontalidad, perdiendo en parte la visión cuando oleadas de mareo acuden a mi garganta tras el brusco movimiento que acabo de realizar.

Soy consciente de que es una reacción absurda, pero siempre que suena el móvil mi cuerpo reacciona atropelladamente y con exceso de sudoración como si el contestar esa llamada fuera lo más importante en esos momentos. Evidentemente acabo desparramando todo lo que hay en mi bolso en el vano intento de hacerlo callar cuanto antes.

Afortunadamente hoy el contenido de mi bolso va a seguir intacto, ayer tuve la feliz idea de colocarlo sobre la mesa de la cocina. El problema es que no así mi integridad; el resorte que me impulsa a responder me ha obligado a salir atropelladamente de la cama, trastabillando mis pies hasta casi llegar a mi objetivo, justo antes de que deje de sonar.

Estupendo, trabajo y energía perdidos.

Vuelvo lentamente a la cama, aunque estoy dormida he tenido la lucidez de llevar el teléfono conmigo, así que aún con los ojos a medio entornar puedo leer el nombre de mi despertador matutino; él, por supuesto.

Siquiera antes de que pueda ahuecar mi almohada el teléfono fijo vuelve a sonar, espero que la cosa sea urgente.

“Hola…, buenos días” Y su voz me parece tan dulce que aparta inmediatamente cualquier mala idea de mi cabeza; dejando sólo los pensamientos pecaminosos que me traen el recuerdo de la última vez que le vi; ¿realmente eso pasó anoche?. Las imágenes empiezan a llegarme, a cuentagotas, borrosas tal vez por los vapores de etanol que aún atraviesan mi organismo, incapaz de purificarse del todo. Recuerdo una despedida y un amago de adiós que se convirtió en un abrazo, un abrazo en una caricia y una caricia en un beso, un beso atrevidamente peligroso y salado, recuerdo el sabor de la sal…; y aunque empiezo a notar cierto rubor en mis mejillas el recuerdo de su piel me hace hablar acariciando las palabras.

“Hola…, he estado pensando en ti toda la noche”

A pesar de que me arrepiento inmediatamente, acabo de decir la mayor verdad a medias de mi vida; porque vuelvo a otros recuerdos, a mi sueño lleno de detalles hiperealistas, que me hacen sentir culpabilidad y deleite; como si yo no fuera una, sino dos medias partes de mi misma; separadas e irreconciliables, incomunicadas entre sí. Por eso intento acallar mi conciencia.

“…debí insistir para que te quedaras a dormir… quizás no estabas en condiciones de conducir… he estado preocupada” Vale, acabo de liarme diciendo una tontería tras otra, mientras, al otro lado del teléfono sólo oigo silencio, igual hay suerte y se ha perdido la comunicación hace un rato.

“Lo siento caperucita… pero soy el lobo” Y ahora acabo de despertar de una vez mientras instintivamente me cubro con la sábana como si lo tuviera delante, ¡hay que ser tonta!, menuda metedura de pata. “Veo que anoche no hubo fiesta…, bueno, la próxima vez seré yo quien te acompañe a casa…”

“¿Qué te duele Krycek?” Respiro entre cada frase para intentar centrarme “¿sabes que hora es?, ¿creí que habíamos quedado en vernos a las nueve…?”

“Vamos a tener que salir antes, el día se presenta bastante agitado. Hemos logrado aislar el virus informático, es una versión mejorada del que atacó el sábado, se llama Salieri, y por supuesto lleva el sello de nuestro amigo Jeremías. Necesito volver a la residencia de ancianos. He preparado una lista de posibles sospechosos entre los empleados de la institución, pero interrogarlos yo sólo me llevaría mucho tiempo. Ya he llamado a Mulder, pasaremos a recogerte en unos minutos”.

“De acuerdo, pero deja que me vista”

“¿No me estarás diciendo que no llevas nada puesto, verdad Dana?” No debería responder a sus insinuaciones, pero aún tengo los sentidos atrofiados porque no puedo evitar seguirle el juego.

“Claro que no… llevo una cruz en el cuello”. Confieso la verdad mientras cuelgo el teléfono inmediatamente arrepentida de mis palabras.

Aún no he acabado de levantarme para coger mi ropa cuando el teléfono fijo vuelve a sonar.

“¿Qué quieres Krycek?, aún estoy tan desnuda como hace un momento…”

“¿Me he perdido algo Scully?” ¡Mierda, mierda, mierda… he vuelto a meter la pata! “… creo que si me he perdido algo”.

“¿Mulder eres tú?” Evidente que es él, pero ¿qué voy a decir?

“Si, soy yo… y veo que ya has hablado con Krycek” Respira unos segundos antes de continuar “iremos a recogerte en unos minutos, hasta ahora Scully” Y me corta el teléfono dejándome con la mayor cara de idiota que recuerdo haber tenido en mucho tiempo.

Me he vestido rápidamente y espero sentada en el sofá a que ellos lleguen. No puedo evitar darle vueltas al accidentado despertar que he tenido. El sonido del timbre me saca de mis pensamientos.

Antes de salir por la puerta me he vuelto hacia la nevera, sobre ella cuelga una hoja de notas; debajo de la lista de la compra dejo un nuevo aviso: “Recordar reparar el contestador automático, ¡urgentemente!

Automóvil de Fox Mulder
Carretea de acceso a la Residencia de ancianos BAYVIEW MANOR
12 de Junio
8:30 de la mañana

Estoy muy cabreado, y mientras procuro mirar la carretera por la que transito sigo pensando que la única forma de volver a sentirme vivo va a ser partirle la cara a este desgraciado.

Por lo visto no es bastante castigo ver su cara todo los días, no. Ahora tengo que soportar ver como la mira, como le habla y como intenta tocarla en cada ocasión. Tengo que aguantar sus insinuaciones, sus dobles sentidos y callar.

Callar es lo peor, porque no es mía, no me pertenece, no de esa forma.

Pretendía sentarse con ella detrás, ¡ja!, por encima de mi cadáver; supongo que es tan listo como parece, porque me ha mirado y ha cambiado rápidamente de puerta para sentarse en el asiento delantero junto a mí; de todas formas no se ha resistido a regalarme una media sonrisa.

Espero que haya mucho que hacer en la residencia, así no me quedará tiempo para pensar en cual ha sido la conversación que han tenido esta mañana, reconozco que los celos me están nublando por momentos.

La doctora Bowles vuelve a estar esperándonos en la puerta. Se ha acercado, bajando las escaleras de entrada en cuanto hemos aparcado el vehículo.

“Quiero hablar con ustedes, síganme, por favor”.

Hemos llegado a lo que parece su consulta, aún antes de que nos hayamos sentado, la doctora se adelanta cerrando la puerta y hablando.

“Sólo llevo seis meses en esta institución, pero cada día me convenzo de que algo anda muy mal aquí, están ocurriendo cosas que se me escapan…”

“Tranquilícese doctora” Scully habla, aunque su voz está tan tensa como la cara de la mujer. “¿Qué ha ocurrido?”

“¿Recuerdan a la señora Saff?” Los tres asentimos con la cabeza mientras ella continúa hablando “…la anciana que gritó ayer… ha muerto durante la noche; es el tercer paciente que lo hace después de haber visto… eso…” Su voz ha ido disminuyendo hasta hacerse casi un susurro apenas perceptible que me ha obligado a inclinarme hacia delante para oír su última palabra.

“¿Dónde está el cadáver?” La voz de Krycek, mucho mas elevada rompe la tensión.

“En la clínica de la residencia, aún no han llegado los familiares, ya me han comunicado por teléfono su intención de incinerarla rápidamente”

“¿Tiene algún inconveniente en que mi compañera le haga la autopsia?” Krycek se adelanta a mi solicitud por segundos; al menos hoy será el quien se lleve la mirada de odio de mi compañera; hay que reconocer que no es una perspectiva muy agradable andar hurgando entre los huesos de una anciana a estas horas de la mañana.

“Bueno, cuando los enfermos son internados aquí, y ya que muchos son difíciles de localizar, sus parientes firman un consentimiento para que se les practique cualquier tipo de intervención a discreción del médico encargado, supongo que podemos considerar la autopsia como una intervención post-morten. Pero habrá que darse prisa antes de que lleguen”

“¿Hay algún sitio en el que pueda trabajar?” Por el tono de su voz mientras pregunta, parece que Scully no se va a resistir esta vez.

“Puede hacerlo en la sala de reconocimientos de la clínica, está equipada para pequeñas intervenciones de urgencias, la utilizamos cuando hay pacientes que es mejor no desplazar fuera de la residencia para ser operados, los cirujanos son los que viajan hasta aquí.”

Nos hemos despedido en la puerta de la consulta. La doctora ha acompañado a Scully hasta la improvisada morgue; mientras Krycek y yo nos disponemos a realizar los interrogatorios a los empleados del edificio.


Clínica de la Residencia de ancianos BAYVIEW MANOR
8:50 de la mañana

La anciana me mira desde la mesa de autopsias, aunque lo he intentado de diversas formas no he conseguido clausurar sus ojos de párpados demasiado secos, que me siguen observando. La incisión en V sobre el tórax iba a ser rutinaria, hasta que el bisturí quedó enganchado en la dura redondez de su pecho; sin poder creérmelo acabé de realizar un corte sobre la aureola de la mama izquierda, para comprobar que mi percepción, aunque sorprendente, había sido del todo acertada. Aún antes de terminar de levantar la piel puedo extraer el objeto; dejo el bisturí a un lado para quitarme los guantes.

Sigo mirando el cadáver mientras marco el número uno en el acceso directo de contactos del teléfono móvil. Al otro lado de la línea Mulder no tarda en contestarme.

“Dime Scully”

“Acabo de empezar la autopsia de la señora Staff”

“¿Acabas de empezar Scully?, ¿por que me llamas ya?” No se trata de ninguna reprimenda, sabe que hay algo que tengo que decir. “¿que ocurre?”

“Quiero que vengas a ver esto Mulder…” Respiro volviendo a mirar el objeto transparente sobre mi mano. “…esta anciana de ochenta y nueve años tenía prótesis mamarias de silicona… y bastante recientes por su aspecto” Y mientras hablo aún le doy vueltas a la masa que acabo de extirpar.

“¿Tetas de plástico?” Mi silencio le responde “…ahora mismo voy… eso tengo que verlo por mi mismo…”

9:10 de la mañana

Mientras Mulder llega he retirado la otra prótesis de su ubicación y las he lavado, una leve observación me basta para identificar el número de registro grabado en ellas. Estupendo, será fácil rastrear su origen. Además he comenzado a realizar una incisión de la piel de la frente, desde un pabellón auricular al otro, para una autopsia craneal.
Una vez me encuentro ante el cráneo desnudo procedo a comenzar el corte con una sierra circular empezando por el frontal, hasta llegar al mismo punto. Abriendo el seno longitudinal superior acabo teniendo ante mí el cerebro al descubierto.

9:25 de la mañana

Aún antes de que entre en la sala puedo reconocer su colonia, anunciando su llegada incluso por encima del olor a desinfectante que inunda la sala de curas.

“Perdona, no he podido llegar antes” se disculpa mientras se acerca hasta la mesa donde reposan los restos de la anciana. “¿Así que es verdad?” Pregunta mientras toma una prótesis en cada mano, abarcándolas enteras con sus enormes palmas. “¡Menudas peras tenía!, dignas de un conejito de Playboy” Luego me mira y, no se si es aún la resaca, pero creo haber notado como observaba mis pechos, quizás comparando el tamaño; por unos segundos vuelvo al recuerdo de sus manos sobre mí, intentando cerrar mi blusa; creo que debe haber demasiado color en mis mejillas, así que desvío la mirada.

“Quiero que veas algo más” Me dirijo hacia la balanza dónde he depositado el encéfalo de la anciana, o lo queda de él. “Fíjate en esto”. Mulder me mira atónito mientras señalo el trozo amorfo que un día albergó la mente de una persona. “Supongo que si te hablo de una enfermedad priónica, no sabrás a que me refiero, ¿verdad?” Le miro, siendo perfectamente consciente de la aprensión que siente cuando mis manos se mueven sobre la balanza sopesando el trozo de cerebro entre los dedos. “Pero creo que enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, te sonará mas” Sus ojos se han abierto un poco más.

“¿Prótesis mamarias y enfermedad de las vacas locas?”

“No, no creo que el diagnóstico sea ese, aunque el aspecto de este cerebro me lo ha recordado mucho. Fíjate en estos huecos y en la textura de este encéfalo” El rehúsa el ofrecimiento de tocar con un ligero gesto de repulsa. “la enfermedad se denomina también encefalopatía espongiforme bobina, porque unos de sus efectos es la muerte de las neuronas y con ello la aparición de huecos que le dan este aspecto típico de esponja. Podría hacer un estudio de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, pero me llevaría un mes obtener los resultados y creo que serían negativos” Sigo dándole vueltas asombrada por el aspecto degradado del encéfalo, un aspecto que no creo haber visto antes y que me es terriblemente difícil justificar científicamente “en este caso los huecos son exagerados con respecto a lo que produce el mal de las vacas locas, como si hubiese sido devorado por montones de pequeños tumores…”

“Pero sin que exista rastro de esos tumores”

“Así es, sólo existen vacíos”

“Creo que debemos comenzar por averiguar quien le implantó y con que fin, estas prótesis a una anciana” Habla mientras vuelve a depositar la silicona sobre la bandeja. “No le digas lo que has visto a Krycek, de momento; intentaré averiguar dónde se realizó la operación de cirugía”

“Muy bien; yo voy a continuar con la autopsia, veré si encuentro la causa de la muerte, me llevará al menos cuatro horas más”

12:10 del mediodía

Respiro profundamente mientras acabo de dar el último punto para cerrar el tórax de la señora Saff. Levanto la sábana desde sus pies hasta cubrirle el rostro y camino de espaldas buscando la silla que reposa contra la pared. Me siento, agotada, desalentada y desconcertada, sin apartar la vista de de dónde descansa el cadáver de la mujer.

Rebobino mentalmente la autopsia que acabo de realizar; y vuelvo a llegar a la misma conclusión ilógica: no existe causa aparente de muerte; de hecho ayer, en el estado en que está su cerebro, esta mujer no tendría que haber podido hablar, ni haberse movido, ni siquiera haber respirado; porque con un cerebro en ese estado no se puede estar vivo.

Saco el teléfono del bolsillo de mi bata. Sólo es necesario que suene un par de veces antes de que la voz me responda al otro lado.

“¿Qué sabemos Scully?”

“… solo sé, que no sé nada…”

“Muy bien Sócrates, pero espero que no elijas acabar con la duda tomando un trago de cicuta…”

“No encuentro causa de muerte, aunque tampoco causa de vida…” Y mientras Mulder me escucha atento, trato de explicar lo que yo misma no alcanzo a comprender.

Residencia de ancianos BAYVIEW MANOR
Sala de ordenadores
13:40 pm

Llevo un rato, desde que acabé con la señora Saff, observando como Krycek interroga a los empleados de la Residencia. Le he mentido diciendo que Mulder está en las oficinas reunido con Skinner; indudablemente no ha creído ni una sola palabra, pero no ha realizado ningún gesto ni ha pronunciado una sola palabra de incomodidad. Es evidente que él no nos iba a contar todo y nosotros íbamos a mentirle como bellacos, así que el acuerdo de no agresión existe de forma tácita. En cuanto a la autopsia, me he limitado a informarle ligeramente sobre el estado del encéfalo de la anciana; la parte de las prótesis me la he callado, a la espera de las averiguaciones de Mulder.

Vuelvo a sentir ese tacto apergaminado en mi muñeca y la presencia, enorme, a mis espaldas. Antes de girarme del todo reconozco al viejo Elliot. El anciano, ahora vestido de calle, me mira llevando su dedo índice a los labios en señal de silencio y arqueando sus cejas para indicarme que le siga.

Hemos salido al jardín por una puerta lateral y sigue conduciéndome hasta un banco, bajo un sauce que nos aleja de la vista de cualquier transeúnte.

“¿Has visto?, ha vuelto a hacerlo, se ha llevado a Ani… mi Ani”

“¿Se refiere a la señora Saff?” Me mira abriendo los ojos, como si no entendiera una palabra de lo que le digo “¿su amiga era la señora Saff?” le repito.

“¡Ani…!... ¡dios!” Se mece los largos cabellos blancos entre los dedos, acercándose aún más a mí, para continuar en un susurro “vino a por mí…, pero desperté y… ¡oh, Ani..! ¿por qué no me llevó a mí?, ¿por qué Ani?”

“¿Lo vio anoche?, ¿puede darme una descripción de lo que le atacó?” Y ahora soy yo la que alargo la mano provocando el contacto con su piel, reseca, como la de una cebolla vieja; retiro los dedos, y mi mente forense comprueba como han quedado mis huellas estampadas sobre su muñeca; cubierta con la misma piel falta de elasticidad que he observado en el cuerpo de la señora Saff.

“… era Mozart… por Mozart, y ahora vendrá por todos nosotros y si no lo hace él, dejarán que nos pudramos poco a poco”

Howard University Hospital: Plastic Surgery
Georgia Ave, Washington,
14: 10

“Scully” He marcado el número de mi compañera mientras bajo las escaleras de salida de edificio.

“¿Has averiguado algo?” Contesta tras el segundo pitido.

“¿Estás sentada?” Aún, a mitad de las escaleras me detengo para conversar sin peligro a caer, observando asombrado la enorme cantidad de personas que circulan en ambas direcciones en la entrada del edificio.

“Si, justo al lado de nuestro amigo Elliot”

“Veo que no te puedo dejar sola… me engañas con el primero que te pone ojitos tiernos…” Se que no va a contestar la broma, así que continúo hablando “… nuestras prótesis fueron implantadas hace tres años, a una mujer Holandesa llamada Annita van Halen, de 30 años… he averiguado su dirección y voy hacia allá”

“¿Has dicho Annita van Halen?”

“Así es, ¿te suena ese nombre?”

“Elliot” Oigo como se aleja del auricular para hablar con el anciano que debe estar a su lado “Elliot… ¿Ani es Annita van Halen?... ¿Elliot?.. ¿me oye Elliot?”

Permanezco unos segundos oyendo sólo silencio, luego Scully vuelve a interrogar al viejo sin, al parecer, obtener respuesta.

“Lo siento Mulder… hace unos momentos estaba hablando conmigo, pero… ahora parece ausente, no creo que responda… me ha hablado de alguien llamado Ani, no se si es la misma persona”

“De acuerdo, iré a hablar con Annita, permanece cerca de Elliot por si recobra el habla; te llamo luego”

Residencia de ancianos BAYVIEW MANOR
14:20 pm

He intentado, por más de diez minutos, volver a conectar con la mente de Elliot, pero ha sido imposible. El anciano ha continuado con la mirada perdida; tan sólo, de forma intermitente, sus labios han formado un nombre, en silencio, sin que las sílabas acaben de abandonar la cavidad de su boca: Ani. Mientras sus ojos, tan secos como su piel, parpadeaban intensamente en ausencia de lágrimas.

Ahora me doy por vencida y tomándolo por el codo le ayudo a levantarse del banco conduciéndolo hasta el interior de la residencia.

Krycek está esperándome en el hall; en cuanto me ha visto se ha acercado; observo como su presencia turba en sobre manera al viejo, que acaba separándose rápidamente de nuestro lado.

“Pensé que tu también te habías reunido con Skinner….” Ya que sólo contesto a su ironía con un leve parpadeo, continúa hablando “Podemos irnos. He pedido un taxi, iremos a recoger mi coche, tu compañero no parece que vaya a volver. No creo que haya mucho más que hacer aquí. He sacado huellas del teclado del ordenador, pero será difícil sacar alguna limpia, se superponen unas sobre otras. Aunque tengo esperanzas en una en concreto que he encontrado en la tecla F9, según las estadísticas es la menos usada por los usuarios de computadoras, pero nuestro pirata la ha tenido que necesitar para cargar la secuencia de órdenes que configura el Salieri”

“¿Por qué Salieri?”

“Fácil Dana” Dice mientras me acerca una foto en la que aparece la pantalla negra de un ordenador sobre la que las únicas frases que aparecen son:

“DISK DESTROYER. A SOUVENIR OF SALIERI

I have just DESTROYED the FAT or NTFS on your Disk !!”

“Fue idea de su propio autor. Esto es lo único que queda después de que el gusano aparezca, lástima que al parecer lleve muerto varios años, no podrás preguntarle la razón de ese nombre”

“Supongo que se referirá a Antonio Salieri el compositor” Hablo, mientras intento entender por qué ese nombre me parece importante en este momento.

“Un compositor de talento, que vivió en el peor período… contemporáneo de Mozart, eclipsado por la sombra de un genio…” Miro a Krycek intentando que no note como me ha turbado oír ese nombre de nuevo: Mozart; y mientras el sigue hablando intento controlar el hilo de mis pensamientos, hilvanando los detalles antes de que se escapen. “Muchos historiadores le han acusado de haber causado la muerte del compositor de Salzburgo”

Automóvil de Alex Krycek
16:40 de la tarde

El Ford negro de Krycek es justo lo que hubiera esperado de él. Amplio, sigiloso y siniestro. Llevamos quince minutos en silencio y mi mirada se ha desenfocado sobre los impolutos cristales, sin llegar a ver nada mas allá de mi imagen reflejada. No quiero seguir hablando con él, cada frase, cada contestación se ha vuelto una insinuación que me hace sentir vulnerable y no voy a dejar que lo note. Aún me arrepiento de mi última frase, he caído en su red de nuevo, justo antes de montar en el automóvil.

“Me sorprende que puedas conducir sin dificultad con un solo brazo” Le dije mientras sacaba el automóvil de un estacionamiento realmente estrecho; pretendía ser una frase hecha mas que una demostración de admiración, pero me arrepentí inmediatamente de mi ingenuidad.

“Ni te imaginas lo que puedo hacer con una sola mano, Dana…”

“Realmente me interesan poquísimo tus habilidades manuales… Alex”

Desde entonces no hemos vuelto a hablar.

Vuelvo a pensar en el caso. Los interrogatorios de Krycek han sido inútiles, o eso me ha contado. Nadie sabía nada del virus; de hecho apenas tres de los empleados conocían el concepto gusano informático de manera un poco menos que abstracta. Lo único que hemos podido averiguar es el nombre del gusano y que su autor utiliza la misma secuencia que Jeremías. Ahora vamos en dirección a las oficinas del FBI, intentaremos cotejar las huellas encontradas sobre el teclado.

Oficina central del FBI
17:10 de la tarde

La imagen de la huella dactilar escaneada parpadea en la pantalla del ordenador, señalando en rojo los puntos de referencia o `minucias´, seleccionadas para comparar con la base de datos. Aunque se que el mirarlo fijamente no hará que vaya mas deprisa, lo prefiero a sostener la mirada de Krycek que me observa desde la puerta.

Cuando la foto de la coincidencia aparece superpuesta sobre la huella apenas me asombra. Mi capacidad de sorpresa ha disminuido exponencialmente en las últimas 48 horas.

Alex se ha colocado a mi espalda tras oír el pitido señalando el resultado.

“Jeremías Partasrathy” Con un movimiento rápido sobre el teclado accede al informe completo sobre el pirata informático “… 1962-1997, fallecido en un incendio, detenido por un delito informático y sospechoso de otros cuatro que no pudieron ser probados…”

“…Ingeniero informático,… Ingeniero de Telecomunicaciones y Licenciado en nanotecnología, primero de su promoción en las tres…” Acabo de leer el informe “… un verdadero genio, por lo que parece…; trabajó en el CBI, Centro de Biotecnogías Informáticas de Virginia durante 8 años. ¿Por qué alguien así lo arriesga todo para lanzar un virus informático contra el FBI?”

“No existe un genio sin un componente de locura…” Habla a mis espaldas justo antes de que suene mi teléfono móvil.

“Dime Mulder, ¿dónde estás?” Conscientemente me separo de Krycek para evitar que oiga a mi compañero dirigiéndome hacia el pasillo.

“¿Estás con Krycek?”

“Si, pero puedes hablar, está en otra habitación. ¿Has logrado encontrar a Annita?”

“Si, pero no creo que pueda hablar…, estoy delante de su tumba, murió en un accidente de coche en diciembre de 1996… ¿cómo acabaron las prótesis de una mujer muerta en el cuerpo de una anciana Scully?”

“Me gustaría examinar los restos de Annita van Halen. Las prótesis no se degradan en muchos años, si se trata de números de referencia falsos o duplicados deberían seguir en el ataúd”

“Ya he hablado con Skinner, aunque se ha resistido ha pedido la orden de exhumación; espero su llamada en poco tiempo; me quedaré aquí hasta que llegue la orden para asegurarme de que realmente nos entregan el cadáver que hay en esta tumba.”

“Un minuto Mulder, creo que Krycek quiere decirme algo”

“¡Dana…!” Al final del pasillo le veo dirigirse hacia mí, así que me separo un poco el teléfono de la cara para hablar con él. “Jeremías tenía un piso a sólo diez manzanas de aquí, creo que deberíamos comprobar ese lugar”

“De acuerdo Alex” Vuelvo a colocarme el teléfono en el oído “Mulder, vamos a inspeccionar el apartamento e Jeremías”

“Ten cuidado Scully”

“No te preocupes, llevo mi pistola y…” Observo al hombre situado enfrente de mí, atento a mis palabras, así que me giro para que no oiga la respuesta, previsiblemente irritada, que sé me va a dar mi compañero “… Alex también va armado…”

“Ya se que Krycek va armado…” Acentuando exageradamente el participio “… es el 38 de Krycek lo que me preocupa…” Odio cuando hace eso, odio esas indirectas y esas acusaciones veladas; odio ese territorialismo exagerado cuando alguien se acerca a mí, como si fuera parte de un territorio que debe defender, su territorio. Un territorio yermo que jamás mira, ni cultiva, ni riega; una propiedad que sólo mira de reojo.

“Mulder, ¿hay algo que quieras decirme?”

“No…” Carraspea levemente y casi le percibo tragando saliva “sólo ten cuidado…” No voy a cortar la comunicación, no hasta que el diga lo que está pensando, aunque el prolongado silencio me haga caminar incómoda a lo largo del pasillo “… a veces, a veces te acercas demasiado a los chicos malos…” Cuando finalmente habla lo hace en un hilo, como si estuviera mordiendo sus labios al hacerlo; sólo acierto a colgar el teléfono, mientras con la mano libre acaricio el final de mi espalda, dónde la serpiente enroscada clava sus colmillos sobre mi columna vertebral, haciéndome sentir una punzada de dolor.

Apartamento de Jeremías Partasrathy
16:05 de la tarde

Hemos subido hasta el piso décimo. Un edificio modesto decorado en color marrón agrietado; de apenas seis apartamentos por planta; situado en una de las calles laterales de la avenida y franqueado por tres callejones estrechos. Nos ha constado cinco minutos percatarnos de que el ascensor jamás bajaría a la planta baja, así que comenzamos a recorrer el pasillo de la planta décima agotados por la subida a pie.

Krycek ha colocado su mano al final de mi espalda, en el mismo gesto que repite Mulder cientos de veces, pero con un tacto que se me ha antojado mil veces mas caliente; un contacto que atraviesa la tela de mi chaqueta para quemarme la piel haciendo que reaccione bruscamente.

“Aparta Krycek…, no me gusta que me toqueteen”

"No acostumbro a tomar nada que no quieran darme Dana” Se ha detenido en medio del pasillo, aún con su mano sobre mi chaqueta y deja que le observe; a esta distancia parece aún mas joven, con leves arrugas en la comisura de los labios forzadas por la media sonrisa que me está dedicando. Tiene el rostro moreno y a pesar de la oscuridad del pasillo sus ojos verdes son extremadamente claros. Nunca antes me había dedicado con tanta atención a mirarle. “Noto como me miras…”

“Pues la próxima vez que creas que te ofrezco algo asegúrate antes” Hablo mientras aparto bruscamente su mano “…porque no voy a volver a ser tan delicada como ahora”

“¿Siempre reaccionas así después de insinuarte?” Camina por el pasillo hablando mas consigo mismo que conmigo “…aguantar eso durante siete años es realmente para estar como una cabra…”

Pretendo ignorarle mientras sigue alejándose de mi lado, e intento recordar en que momento he perdido la serenidad y he sido tan ilusa como para dejar que bucee en mi cabeza. Es demasiado decepcionante comprender que un extraño es capaz de penetrar más profundamente en mis pensamientos que yo misma.

Aunque camino no soy consciente de hacia dónde me dirijo hasta que le veo abriendo de una patada la tercera puerta de la derecha.

“Aparta a un lado Dana”. Me dice en un susurro mientras saca su arma “Estaba abierta, creo que se nos han adelantado…”

Le sigo hacia el interior del oscuro apartamento. He repetido su gesto y he sacado también mi pistola. Se mantiene delante de mí, no sabría decir si protegiéndome con su cuerpo o evitando que vea lo que ocurre.

“¡Alto… FBI, deténgase!” Oigo una detonación e instintivamente me agacho. Luego una segunda y una tercera; todas ellas procedentes de la pistola de Krycek. Finalmente se gira para encender las luces.

La habitación es un caos, como si cien perros hubieran hurgado en busca de comida. Los sillones están tumbados con sus vísceras metálicas al descubierto. La ropa, los papeles y el mobiliario desperdigados.

Krycek se acerca hacia los restos de un ordenador, la pantalla está agrietada y la torre ha sido vaciada.

“Se ha llevado el disco duro”. Se dirige en grandes zancadas hacia la ventana “Está bajando por las escaleras de incendios, yo iré tras él, da la vuelta por las principales”

Sin esperar mi respuesta le veo desaparecer entre los visillos.

Reacciono girándome en carrera hacia la salida.

No debo de haber tardado más de tres minutos en bajar los diez pisos, y ahora estoy girando hacia el callejón donde desemboca la salida de incendios. No es más que una travesía de menos de cuatro metros de ancho, repleta de desechos y muebles viejos.

Krycek camina hacia mí en solitario, me temo que le hemos perdido.

“¡Cuidado Alex!” No lo he visto venir, pero he oído claramente el sonido de su aceleración y me ha dado sólo tiempo a gritar mientras adhiero la espalda a la pared en un intento de ocupar el mínimo espacio.

El automóvil acaba pasado a escasos centímetros del vuelo de la chaqueta de Krycek; en el último momento ha reaccionado replegándose contra el muro, de frente sobre mí.

Aunque parece que el peligro ha pasado él se mantiene en esa posición, y la diferencia de altura empieza a parecerme agobiante.

Me sigue arrinconado contra la pared con su cuerpo mientras comienza a bajar la cara hasta mi altura; debería reaccionar, pero no quiero parecer asustada, así que le mantengo la mirada unos segundos.

Gira la cabeza levemente alejándose de mis ojos y oigo como me huele, manteniéndose a milímetros de mi piel, rozando tan sólo su nariz con el pelo que me cae por la cara; se mueve lentamente hasta echar su aliento en el lóbulo de mi oreja.

Estoy empezando a agitarme en un temblor incontrolable, mientras comienzo a fluir por el total de los poros de mi piel; mi mente consciente envía órdenes que mi cuerpo se niega a reconocer. Estoy sudando por el esfuerzo de la carrera, y me estoy derritiendo, y si sigue tan cerca lo va a notar.

“¿Qué haces Krycek?” Acabo por fin de articular. “¡Aparta!” Y aunque no se mueve, consigo que vuelva a mirar mis ojos, mientras recupero el pulso.

“Te huelo, ¿sabes?, puedo olerte…” Y se atreve a colocar su mano en mi cuello, mientras noto como roza con su prótesis mi pantalón, a la altura de mi sexo. No sé hasta que punto controla el movimiento de esa mano artificial, pero no me voy a detener a pensarlo; mi rodilla, de forma totalmente voluntaria descarga un fuerte golpe en su entrepierna.

“Ahora yo puedo oírte Alex” Le grito mientras le empujo para liberarme de su presencia; aunque no es un gesto muy valiente, corro por el callejón dejándolo doblado sobre si mismo mientras grita algo que no me es, para nada, ofensivo.

“¡Zorra!”

…. bien Krycek, la hembra del zorro, espero que no lo olvides.

Apartamento de Jeremías Partasrathy
18:35 de la tarde

He vuelto a subir los veinte tramos de escaleras que llevan hasta el apartamento de Jeremías. Mi instinto de supervivencia animal ha peleado con mi amor propio durante más de quince minutos en una dura batalla de razones encontradas. Corrí, corrí de aquel callejón como alma que persigue el diablo y me escondí; me oculté asustada tras un sucio contenedor, agazapada sobre cartones como una vagabunda. Durante todo ese tiempo he luchando por sacar algún valor de muy adentro; finalmente ha vencido la mujer fría, la dura agente del FBI, no por ello la más inteligente; he vuelto para enfrentarme con la furia del hombre al que posiblemente acabo de dejar estéril para el resto de su vida.

La puerta del apartamento continúa abierta. La claridad de las luces encendidas atraviesa el oscuro pasillo. Está acuclillado de espaldas, en camisa, trabajando sobre los restos del ordenador, supongo que buscando alguna huella de los asaltantes.

“Veo que tienes redaños, Dana…” Me ha mirado en cuanto he aparecido en el apartamento y se ha levantado de su posición dando un par de pasos hacia mí, para acabar parándose a sólo dos metros. Me sostiene la mirada, glacial, con las manos en los bolsillos de sus pantalones.

“Veo que aún puedes andar, Krycek…”. Ahora soy yo quien le mantengo la mirada y lucho porque no note el temblor que sube por mis piernas, partiendo de los tobillos hasta el último pelo rojizo de mi cabellera. Unos segundos, examinándonos, evaluando las opciones. No entiendo como consigo no desviar mis ojos de sus pupilas, dilatadas puede que por el odio, el dolor aún latente y quizás un gramo de desconcierto.

Continúo defendiendo mi posición en el marco de la puerta; me he agarrado a la madera, en un afán de aparentar firmeza; con mi otra mano sostengo la pistola, amartillada, escondida en la espalda bajo la chaqueta; aún sigo a la espera de que se lance sobre mí.

“No vuelvas a hacer algo tan peligroso…” Murmura mientras se gira, dejándome ignorada en la entrada, volviendo a la tarea que le ocupaba hace unos segundos, despreciándome como rival. Algo que mi orgullo como mujer, como agente, como persona se resiste a aceptar. Posiblemente no golpeé con suficiente fuerza; tal vez mis palabras no sean tan blandas como mi rodilla.

“No vuelvas a acercarte a alguien tan peligroso…” Respondo casi sin razonar lo que digo; soy consciente de que me estoy jugando la vida sólo por la estupidez de no dar mi brazo a torcer, por el placer de decir la última palabra “…la próxima vez usaré mi pistola…”

Quiero morir. Está claro que no aprecio mi existencia; quiero dejar esta vida ahora y en este momento en manos de este asesino. Me va a matar, y lo va a hacer con su única mano desnuda. Lo se porque se ha girado de nuevo hacia mí, en cámara lenta y lo he visto en la mirada de animal, de tigre acorralado que ahora me está dedicando, obligándome a parpadear convulsivamente.

Tengo miedo, mis mandíbulas empiezan a moverse involuntarias haciéndome golpear los dientes, obligándome a apretar para detenerlas. No puedo seguir apretando o voy a hacer sangrar mis encías.

Traga saliva, lentamente, volviendo la cara hacia la pared desnuda de nuestra derecha; se ha incorporado, recogiendo el material que ha usado y el resto de las pruebas en una maleta y ahora se está colocando la chaqueta, en silencio.

Sigo en la puerta, aferrada a mi pistola y a mi marco de madera, centrándome en controlar la respiración y observando cada gesto de su cuerpo, con los músculos y tendones tensos, listos para predecir y adelantarme a cualquier movimiento.

Se acerca hacia mí y me repliego a un lado para dejarle libre la salida. Se ha girado, justo a mi lado y acercando su rostro, sin tocarme, vuelve a enfrentar mi mirada.

“No deberías golpear a una fiera si no estás segura de poder aniquilarla…” Habla a pocos centímetros de mi oído, en un susurro.

Conteniendo la respiración levanto la cara, desafiante, mientras aprieto el cañón de mi pistola contra su pantalón.

No se mueve, no parpadea, tan sólo observo como su garganta sube y baja imperceptiblemente. Unos segundos; no hablo, sólo empujo un poco mas el arma sobre su cuerpo, expulsando una bocanada de aire.

Me cree capaz de apretar el gatillo.

No se equivoca.

“… vayámonos … Dana”

Ahora camino tras él por la avenida. La guerra continuará, pero esta batalla ha terminado; las armas se han mostrado y las fronteras se han definido; no hay vencido, no hay ganador; el pacto de tregua momentánea parece que ha sido firmado.

Mis ojos de médico captan una leve cojera en su movimiento. Sonrío. Puede que mi golpe haya sido algo más que una caricia. Quizás esta batalla no se ha cobrado bajas aunque sí algún herido.

Adas Israel Hebrew Congregation Cementery
1400 Alabama Ave SE
Washington, DC
19:55

La tarde ha caído mientras he llegado hasta el cementerio, aunque el sol apenas brilla a nuestras espaldas los efectos de su calor siguen flotando en el pesado aire de este día de junio. El entorno del pequeño cementerio está tranquilo, tan sólo roto por el motor de la escavadora que debe desenterrar el cadáver de Annita; y que ahora, tras haber levantado con el máximo cuidado la única y sencilla losa que sirve como señalización de la tumba de la mujer, se dispone a apartar la tierra apisonada sobre el féretro.

En cuanto he llegado mis ojos han divisado a Mulder, dialogando con un par de empleados del cementerio y con otro hombre, de unos cincuenta años que supongo debe ser algún representante legal. Lleva el mismo traje de chaqueta de esta mañana, y a pesar del sofocante calor le sigue sentando tan bien como si se lo acabara de poner; sólo la leve sombra de una incipiente barba me recuerda que han pasado casi once horas desde la última vez que le vi.

Aún antes de hablar él se ha girado hacia mí con una leve sonrisa, que aumenta considerablemente cuando comprueba que he llegado sola.

“Scully” Dice mientras roza levemente mis dedos en un amago de estrecharme las manos “¿y nuestro `compañero´?”

“Está procesando las muestras del apartamento de Jeremías…, no creo que encontremos mucha información, el apartamento llevaba varios años deshabitado y alguien se ha encargado de destruir cualquier pista que hubiera quedado”. Observo como la escavadora continúa levantado la tierra. “Veo que Skinner consiguió la exhumación… ¿dónde puedo hacer la autopsia?”

Se que mis palabras no son demasiado efusivas, pero estoy totalmente agotada y la idea de practicar una segunda autopsia a estas horas de la tarde me parece un trabajo inmenso.

“Siento habértelo pedido, pero creo que es fundamental para continuar la investigación” Mientras habla vuelve a rozar la punta de mis dedos y su mirada me convence de que realmente le cuesta mucho trabajo obligarme a hacerlo “Voy a quedarme contigo mientras examinas el cadáver… se que no soy de mucha ayuda, pero al menos prometo no desmayarme...” Ahora me toma la mano por la muñeca mientras me observa.

“No es necesari…” Antes de que pueda continuar la voz de uno de los empleados del cementerio me interrumpe.

“Agentes, ya tenemos aquí el ataúd” El hombre ha saltado al interior del agujero mientras el segundo operario le ayuda desde arriba lanzándole las bridas que usarán para enganchar el féretro. Poco a poco comienzan a elevar una sencilla caja de pino cerrada con clavos y orientada hacia Jerusalén, en honor a la costumbre judía.

Elevar desde su fosa y descender de nuevo el ataúd hasta el suelo apenas les lleva unos minutos. Ahora Mulder se está ocupando de liberarlo de sus bridas y levantar la tapa con ayuda de unas tenazas.

Se que algo ocurre en el momento en que observo la mirada que me dedica mi compañero, justo un segundo después de que haya abierto la caja.

“¿Qué ocurre Mulder?”

“No sólo existen vacíos en el cerebro de la Señora Saff… esta caja es un enorme vacío…”. Mulder se aparta para dejarme ver el contenido del féretro, totalmente desocupado. “¿Pueden explicarme esto, señores?” Ahora se dirige a los empleados del cementerio.

“Lo sentimos agentes, nosotros sólo enterramos lo que nos traen, no nos ocupamos de comprobar que el difunto esté dentro de la caja…” Comenta el más viejo de ellos.

“Pero supongo que una caja vacía no tiene el mismo peso que una llena.” Pregunto.

“Por supuesto señorita, pero desde hace diez años todos lo movimientos se realizan con poleas, no se cargan las cajas a mano”

“Bueno Scully, parece que te vas a librar de esta autopsia…” Mulder vuelve a colocar la tapa en su sitio “Señores, pueden volver a poner esta bonita caja donde estaba, no creo que haya habido nunca un cadáver en ella”.

“¿Cómo estás tan seguro de que el cuerpo no ha sido robado?”

“Annita era judía, los judíos acostumbran a sepultar a sus familiares con pequeños puñados de tierra procedentes de Jerusalén cuando el enterramiento se realiza fuera de suelo Israelita. Tú has visto el interior de esa caja, no hay un solo grano de tierra. Ese ataúd ha sido enterrado vacío.” No puedo evitar mirar a Mulder con escepticismo mientras espero que cuente la historia rocambolesca que se le ha ocurrido esta vez. “Creo que alguien pretende hacer pasar a Annita por muerta, aunque instituyo que por fin lo ha conseguido…”

“No estarás diciendo que la señora Saff es Annita van Halen, ¿verdad Mulder?” La sonrisa de asentimiento me hace temer que la historia esta vez sí será realmente apasionante. “Y ¿cómo se supone que una mujer de treinta años ha pasado a ser una anciana de casi noventa en menos de un lustro Mulder?”

“¿Has oído hablar de los viajes en el tiempo Scully…?” ¡Venga ya…!, aunque esa última frase sólo la digo en mi mente, la cara que debo haber puesto arqueando la ceja y girando levemente la comisura del labio en un amago de sonrisa debe ser del todo expresiva de lo que pienso en este momento. “…no es la primera vez que veo algo así…, hay montones de evidencias de posibles viajes en el tiempo, te aseguro que si hubieras leído a fondo algunos de los expedientes clasificados como intemporales no sonreirías de esa manera…”

“Yo no sonrío Mulder…” Hablo mientras debo girarme para evitar que mi mueca se convierta en auténtica carcajada, además acabo de comprobar la cara de asombro que están poniendo los operarios del cementerio a las la palabras de mi compañero. No pretendo dejarlo aún más en ridículo de lo que lo hace él mismo, así que lo tomo de la chaqueta mientras lo arrastro unos metros, hasta un lugar donde sé que nuestras palabras no tendrán espectadores. “… te importaría no alarmar a la población civil con tus elucubraciones Mulder…”

“… ¿no te das cuenta de que es la única explicación posible a la aparición de un virus informático con el sello y las huellas de un hombre muerto hace años?”

“Mulder, eso que estás diciendo no tiene ninguna base científica, es evidente que no existen los viajes en el tiempo…, Einstein ya aseguró que…” Ahora es el quien me mira con una media sonrisa de incredulidad, como cada vez que intento rebatir una de sus teorías absurdas con una base científica, haciéndome que desista de intentar una explicación lógica que, de nuevo, no nos llevará a ninguna parte. “¿Cómo puedes dudar de cualquier afirmación medianamente lógica que yo te planteo y parecerte probable a primera vista cualquier cosa totalmente imposible?”

“A veces hay que sacrificar la ideología y la lógica para intentar comprender la verdad Scully…” No le voy a contestar, estoy demasiado cansada para entrar en una guerra dialéctica de la que sé voy a salir derrotada, así que me giro en dirección a la salida del cementerio, creo que no hay nada más que hacer aquí.

“¿Dónde tienes el coche Mulder?, he venido en taxi, así que espero que te comportes como un caballero y me acerques a casa”

“No hay problema, me encantan las despedidas en la puerta de tu apartamento…”


Apartamento de Dana Scully
13 de Junio, 3:15 de la mañana

“¿Quién es?” El teléfono acaba de sonar, y aunque la hora intempestiva de la llamada me revela sin lugar a dudas quien es mi interlocutor, no me voy a volver a coger los dedos presuponiendo nada.

“¿Estabas dormida Scully?” No merece la pena contestar semejante pregunta, así que la ignoro para que pase directamente al asunto de la llamada “Estoy revisando el expediente de Annita…”

“¿Has visto la hora que es Mulder?” Le dejo unos segundos para que compruebe su reloj “¿Qué haces revisando un expediente a las tres de la mañana?, y en todo caso ¿no podías esperar para contármelo a una hora decente?”

“¿Sabes que Annita van Halen trabajó en el mismo Centro de Biotecnologías Informáticas que Jeremías durante los dos últimos años antes de su muerte?” Por supuesto sigue hablando ignorando mis palabras. “En una filial de Nueva Orleans…” Deja unos instantes de silencio, aunque no lo ha dicho se cual va a ser su proposición para esta noche o mañana a primera hora a más tardar. “¿Te apetece acompañarme a un romántico viaje en tren a través de tres estados Scully?”

“Ya que tengo que ir hasta Nueva Orleans, ¿no hay una forma mas rápida de llegar a Louisiana?..., ¿has oído hablar de los aviones?”

“… no quedan billetes hasta el viernes… la gente adora viajar al sur en verano…”

Su voz comienza a ser un susurro. Para que me voy a engañar; soy consciente que diga lo que diga a partir de este momento seré incapaz de negarme a cualquier absurda proposición que salga de esos labios; creo que él también es perfectamente consciente del poder que tiene sobre mí y no tiene ningún empacho en utilizarlo cuando le es necesario.

“… venga Scuuully…” Esos fonemas, arrastrados por su voz a escasos milímetros de mi oído mientras estoy tumbada en la cama, me hacen sentir peces en el vientre impidiendo que oiga con claridad lo que dice a continuación. “Tomaremos un tren en Washington, hace la ruta en 23 horas. Salimos a las 11 de la mañana y estaremos en Nueva Orleans el jueves a las 10.”

“¿23 horas de tren?”

“No te darás cuenta, vamos en coche cama, aire acondicionado, restaurante, buena compañía… y todos los gastos pagados”

UNION STATION
WASHINGTON D.C.
13 de Junio
10:40 de la mañana

Hemos llegado en el coche de Mulder y camino molesta a lo largo de la estación pensando que quizás haya preparado un equipaje demasiado escaso. Se supone que sólo estaremos fuera un par de días, tres a lo sumo; uno de viaje en tren, el segundo para investigar las instalaciones del CBI de Louisiana y el tercer día tenemos billete de vuelta a primera hora en avión hasta Washington. El caso es que conozco demasiado a mi compañero y corro el riesgo de quedar atrapada en algún inaccesible pueblo del sur con tan sólo ropa para un par de jornadas.

Ahora está sonando mi teléfono móvil, así que deposito mi bolsa de viaje en el suelo para rebuscar el aparato en el bolso de mano; voy a tener que volver a la costumbre de llevarlo en el bolsillo de la chaqueta, pierdo demasiado tiempo jugando al escondite cada vez que me llaman. Mulder se adelanta unos pasos para dejarme conversar con un mínimo de intimidad.

“¿Dana?” Dudo únicamente unos segundos antes de responder, aunque llevo sólo tres días recibiendo sus llamadas soy capaz de distinguir su voz perfectamente; mi última equivocación me ha obligado a agudizar los sentidos. “Dime Alex”

“¿Dónde estáis?” Tarda unos segundos en seguir hablando, el tiempo justo para dejarme dudar si debo decir la verdad o seguir ocultando nuestro viaje a Nueva Orleans “O tal vez debería decir, concretamente ¿en que parte de la estación estáis?” Bueno, se acabó el misterio, está claro que conoce perfectamente nuestros planes, así que dejo de preocuparme por buscar cualquier excusa “Os estoy esperando en la puerta de nuestro vagón, ha sido una pena enterarme tan tarde de las vacaciones, no me han podido dar la cabina cerca de las vuestras… habría sido divertido planear una fiesta nocturna”

“Siento hablar como médico…pero creo que en tu estado no te convienen las emociones fuertes…”

“No juegues con la suerte Dana, mi paciencia es muy limitada”

Mulder se ha vuelto hacia mi posición, así que empiezo a pensar que es mejor dejar este tipo de conversaciones en su presencia.

“No te muevas Alex, ahora vamos hacia allí” La cara de incredulidad de Mulder es evidente, así que tengo que hablar para aclarar mi posición “A mi no me mires, no se como pero se ha enterado del viaje, nos espera en el tren…, podrás cogerle del cuello a gusto durante el viaje, …finalmente esto, mas que unas vacaciones románticas, va a convertirse en una excursión infantil.”

Crescent Train
Ruta New York- New Orleans
Dinning-car (coche restaurante)
20:30 de la tarde

El día se me ha hecho realmente eterno. Ver pasar árboles a través de las ventanas de un tren durante horas no es algo que calificaría como divertido; puede que algo relajante, desestresante tal vez, pero definitivamente aburrido.

El día pareció prometer, Krycek trajo los resultados de las pruebas realizadas en el apartamento de Jeremías, y tuvo cierta gracia la pacífica discusión que comenzaron él y Mulder sobre la posibilidad de los viajes en el tiempo. Casi llega a caerme simpático Alex cuando ha conseguido mantener callado con un sus respuestas lógicas a un Mulder realmente fuera de si en algunos instantes, intentando defender su postura. La cosa dejó de tener gracia después de escucharlos divagar durante cuatro horas sobre teorías absurdas por ambos bandos.

Definitivamente los prefiero gladiadores, violentos, sudados, emanando testosterona por todos sus poros mientras se dan golpes, a esta aburrida sesión parlamentaria.

Ahora vamos a cenar, Mulder y yo solos, Alex desapareció hace un par de horas sin dar detalles de su paradero; puede que su discusión con Mulder le haya dejado agotado para una temporada, conozco perfectamente esa sensación de derrota dialéctica.

“No me llenes la copa porque no pienso beber una gota de vino Mulder” Por supuesto él ni siquiera me escucha mientras escancia el carísimo jerez dulce sobre el catavino.

“Prueba esto Scully… no has probado nada igual en tu vida” Habla mientras me tiende la pequeña copa en la que el vino color ámbar, impulsado por el movimiento de su mano, se mueve arrastrándose de forma perezosa sobre las paredes.

“Te advierto que no voy a volver a caer; aún me duele la cabeza de la última resaca de tequila…” Hablo mientras recuerdo la noche del lunes, sin poder evitar que mis mejillas adquieran un, seguro que evidentemente sonrosado, calor.

“Pero si son sólo unos buches…” Derrotada alargo la mano para tomar el cristal de sus dedos.

“Conozco perfectamente este vino Mulder, unos buches de delicioso alcohol concentrado… mas de 15 º de delicado placer…” Acerco la copa a mis labios, apenas rozando el borde, en un breve sorbo. Paladeando en el hueco entre la legua y los dientes el dulce y punzante sabor.

“… Scully…, vuelve a hacer eso con la boca y soy definitivamente tuyo…“ Habla mientras vuelve a llevar la copa, con un leve impulso, hacia mi boca.

22:20 de la noche

Seguimos en el vagón restaurante. Por fortuna Krycek no se ha dignado a aparecer en toda la cena. Me he ocupado de aprovechar al máximo el ahorro que ha supuesto tomar un tren en lugar de nuestro habitual vuelo express. Así que hemos pedido lo que se nos ha antojado de la carta: lo más grasiento para mí y lo más insulso y sano para mi compañera.

Aún miro asombrado como es capaz de cortar en minúsculas porciones esos trozos verdes de nombre impronunciable que le han traído. Con la mayor lentitud cambia el tenedor de mano para llevarlos uno a uno hasta su boca, donde les hace dar vueltas sin apenas separa los labios.

“¿Realmente crees que eso es sano?

“Intento seguir una dieta basada en algunos patrones de alimentación: un alto consumo de vegetales y un mayor consumo de aves y pescado que de carnes rojas”

“No he visto nada parecido a un pescado y mucho menos a un ave en tu plato…” Cada vez que hablo de su forma de comer suele perder un poco la paciencia, así que intento jugar hurgando un poco en la herida.

“Es que acabo de empezar con una dieta de choque…”

“Está claro que nada en el mundo es capaz de crear tantas falsas esperanzas como las seis primeras horas de un régimen dietético…”

“Mulder… eres tonto” Habla mientras arroja su servilleta a mi cara.

“…si, mucha dieta, pero no te has resistido al poder de atracción del jerez, te has bebido cuatro copas…”

“… creo que han sido cinco, pero según los expertos el consumo de vino es parte de la dieta mediterránea, considerada una de las más saludables… Además…” Vuelve a tomar su copa para apurar el resto que le ha quedado. “te he engañado… tu has tomado cinco copas, yo únicamente dos. Así que el único efecto que puede tener sobre mi es soltarme un poco la lengua… ¿puedes decir tú lo mismo?”

“Mi lengua es fácil de soltar, pero eso ya lo sabes…” Me agacho levemente sobre la mesa para poder hablarle en voz baja “¿qué quieres que te cuente?”

Sonríe, con ese gesto de subir sólo levemente el labio superior, abriendo desmesuradamente los ojos. Le ha gustado el reto, se que va ha jugar esta partida.

“Cuéntame algún secreto…, algo realmente sórdido…” Habla en un susurro. Bien Scully, ¿vamos a jugar fuerte?, a ver quien se retira primero.

“Zapatos” Hablo mientras ella aún se está aproximando dejando caer levemente el pecho sobre la mesa.

“¿Zapatos?” Repite asombrada.

“Zapatos altos, de tacón, cuanto mas altos mejor; negros, brillantes… y por supuesto unos pequeños pies de mujer dentro de ellos” Ahora empieza a comprender, abriendo desmesuradamente esos ojos de cielo. “Puedo soportar un escote, unas bonitas piernas, unos hombros al descubierto… pero ver unos diminutos pies imbuidos en unos zapatos de tacón ¡wow!… es algo superior a mí”

“¿Estás hablando en serio?”

“No te imaginas cuanto…” Trago saliva e intento apartar de mi mente la imagen, totalmente indecente que acabo de formar en mi cabeza; la pintura en colores pastel de la mujer que ahora me mira con ojos maliciosos vestida tan sólo con unos altísimos tacones de charol.

“Creo que deberíamos dormir…” Es evidente que es una experta en dejarte totalmente desarmado ante cualquier intento de aproximación. Pero hoy he bebido un poquito más que ella y esta noche, y ahora, voy a ser yo el atrevido.

“… un momento Scully…, información por información… creo que me debes un secreto inconfesable…”

Duda unos segundos a medio camino entre levantarse y quedarse; supongo que finalmente decide que me debe algo, puede que sí haya bebido más de dos copas.

“Tengo sueños…” ¡Dios…! Esa sonrisa picarona merece un premio.

“¿Qué tipo de sueños?” Quiero que sea un poco más explícita; aunque si sigue mirándome así voy a tener un enorme problema para atravesar el vagón restaurante.

“Ese tipo de sueños…”

“¿Ese, ese…?”

“Si…. Ese tipo… ¡soy una mujer Mulder! Aunque a veces tu no lo veas…”

“Te aseguro que lo veo siempre Scully… tal vez no te das cuenta pero hay días que me lo recuerdas a gritos “ Hablo sin poder evitar señalar su escote.

No quiero que se vaya, pocas veces comenzamos una conversación tan íntima, así que la agarro por la muñeca para acercar nuestras caras.

“¿Y quien es el afortunado?... ¿o afortunada?”

“No le veo la cara” Y se perfectamente que me está mintiendo, porque su cara se ha puesto del color de su cabello “…pero puedo asegurarte que es un `enorme´ afortunado” ¡Madre mía!, ¿de verdad esas palabras están saliendo de la boca de Scully?, de MI SCULLY.

“Te voy a pedir un favor personal…” Ahora la miro a los ojos, a penas a centímetros de mi cara “la próxima vez, además de comprobar que tiene tres `piernas´, asegúrate de que también tiene dos brazos…”

Coche cama
Cabina de Fox Mulder
2:20 de la madrugada

Jamás he podido conciliar el sueño fácilmente, menos fuera de mi apartamento, mucho menos lejos de mi sufrido sofá; pero podría decir que me es imposible si toda mi cama, la habitación y el resto de mi mundo se mueven conmigo a más de 200 km por hora.

No podría contar las veces que he girado en la cama cambiando de postura; pies arriba, cabeza abajo, espalda sobre colchón; colchón bajo pecho, pecho bajo manos; manos en la cara, cara sobre almohada; almohada sobre piernas, piernas sobre la pared; pared bajo manos, manos bajo almohada; almohada bajo piernas, pies sobre suelo y vuelvo a estar sentado en la cama.

Masajeo mi cuello y mi sien; a pesar del aire acondicionado del coche cama y de vestir sólo el pantalón del pijama tengo bastante calor, puede que debido a no haber parado ni un minuto sobre el colchón.

Me dirijo al pequeño aseo, provisto tan sólo de un lavabo de juguete, una minúscula ducha en la que creo caber apenas y un inodoro que posiblemente me veré obligado a usar en cuclillas a causa de su mínima altura. El redondo espejo me devuelve un rostro ojeroso y despeinado, con una espesa sombra de barba.

Meto las manos bajo el grifo de agua abierto e intento despejar mi rostro antes de salir. El pelo lo dejaré como está, sólo quiero caminar un poco, no creo que tenga que alternar demasiado a estas horas de la noche.

Necesito salir de este pequeñísimo habitáculo y dar más de dos pasos seguidos sin tropezar con una pared.

No estoy preparado para la visión que acabo de encontrarme.

Ella está en mitad del pasillo, de espaldas, apoyada sobre una ventana abierta. Descalza, vestida con un top de tirantes negro y un mínimo pantalón blanco de pijama; un pantalón efímero que deja entrever el elástico de sus bragas rosa. Lleva el rojo pelo recogido en una cola alta, permitiendo que vea la curva de su cuello, desde la base del cabello hasta la mitad de la espalda.

Se que no puede oírme llegar, el ruido del exterior la aísla de lo que ocurre detrás; así que aprovecho para contemplar sus piernas, no muy largas pero esbeltas, de muslos blancos, coronados por unas nalgas redondas y fuertes.

Mi resistencia tiene un límite y cuando agacha el cuerpo para dejarse caer aún más sobre la ventana, haciendo que su peso alterne de una cadera a otra en un movimiento perezoso de su trasero, no puedo resistir el impulso de acercarme hasta tocar su pijama con mi pantalón.

“¿No puedes dormir Scully?” Hablo justo en el instante previo a rozarla, se que mantener el silencio me pude costar un buen golpe si no reconoce a la persona que se le ha acercado de esa forma en mitad de la noche.

No se gira, continúa observando el paisaje que nos abandona a gran velocidad. He puesto mis brazos a ambos lados de su cuerpo, apoyados sobre la ventana. Ahora me agacho hasta su altura, hablándole muy cerca del oído, asegurándome que el viento no se lleve mis palabras.

“Bonita noche”

“Calurosa noche”. Habla mientras coloca sus manos sobre las mías. “Mi cabina no tiene aire acondicionado… el revisor me ha dicho que no lo pueden arreglar hasta mañana. He salido hace veinte minutos y me resisto a entrar otra vez en ese horno… creo que pasaré aquí la noche”

“Últimamente parece que te persiguen los sitios estrechos y calientes…” Ahora se ha girado levemente, casi rozando mi cara con su mejilla y sonríe con los ojos y la boca, haciendo que me derrita con sólo la cercanía de su presencia.

“Estoy muy cansada… sólo quiero dormir un rato”

“Puedes hacerlo en mi cabina, de cualquier forma yo hago demasiado de menos mi sofá y no aprovecharé esa cama tan blanda y espaciosa”

“¿En serio no te importa Mulder?” Su voz suena tan entusiasmada y agotada que aunque realmente pudiera dormir valdría la pena permanecer despierto sólo por escucharla. “Te lo agradezco, mi metabolismo necesita unas horas de sueño si mañana quiero servir para algo”. Mientras habla vuelve a acariciarme los dedos. “¡Qué calor!”

Esta es una noche extraña, hace calor, no he dormido y ella está entre mis brazos a escasos centímetros de mi pecho desnudo; por eso no puedo evitar soplar sobre su cuello en un afán de hacerle descender la temperatura. Una, dos, tres veces…; llenando mis pulmones y soltando el aire muy, muy despacio.

No se que efecto tiene sobre ella, pero la mía está empezando a aumentar sólo con ver como se agitan los vellos sobre su nuca. No habla, pero creo oír un pequeño suspiro que es arrastrado rápidamente por el movimiento del tren.

“Deberías volver a la cama Scully” Le hablo mientras vuelvo a soplar, cada vez mas cerca de su piel, hasta que sin poder evitarlo deposito un pequeño beso en su cuello, justo debajo de la oreja izquierda. Puede que sea sólo una sensación, pero creo que ha vibrado bajo mi contacto, casi imperceptiblemente; arrepentido me separo de su cuerpo aunque continúo estrechando su mano derecha.

No habla, sólo se vuelve tirando de mí hasta la puerta de mi cabina.

“Buenas noches Scully” Me despido mientras giro para encaminare hacia su cuarto.

“¡Mulder espera!”, se ha vuelto tomándome por la mano de nuevo y tirando de mí hacia el interior del habitáculo ha cerrado la puerta. Sonríe elevándose de puntillas para depositar un beso en mi cara, junto a la comisura de los labios, apenas una caricia “Eres un sol… no pienso dejar que entres en ese horno” Y tira de mí hasta acercarnos a la cama “¿ventana o pasillo?”

“Prefiero pasillo… suelo levantarme bastante durante la noche”

“De acuerdo, yo no me pienso mover en todo el rato” Habla mientras ocupa un mínimo espacio sobre el colchón adoptando una posición fetal. “Ven aquí” Y con su mano señala el hueco a su espalda “Prometo intentar no meterte mano durante la noche…”

Me coloco tras ella, procurando no agobiarla demasiado con mi presencia, casi al filo de la cama; además, se que no voy a poder dormir si me acerco un milímetro más a su cuerpo.

Se ha girado para comprobar mi posición y con una media sonrisa vuelve a tirar de mi brazo por enésima vez; apretando pecho sobre espalda, rodillas sobre pantorrillas, pelvis sobre glúteos, hasta reducir el espacio entre nuestros cuerpos a la nada.

Arrastra mi mano a su cintura manteniéndola bajo su palma abierta.

Puedo sentir en mis yemas, instaladas en el hueco entre la leve tela de su camiseta y la liguilla de su pantalón, el calor de su vientre, el vaivén de su respiración y el pulso acelerado de mi propio torrente sanguíneo. Desarmado, acabo rindiéndome a los hechos y coloco la cara sobre la almohada, junto a la curva de su cuello, deleitándome en aspirar el dulce olor a cítricos que le emana del pelo; definitivamente soy consciente de que esta noche no voy a dormir ni siquiera un minuto.

CONTINUARÁ