fanfic_name = El lado oculto de la luna

chapter = 2

author = Rain

dedicate = Gracias a Lessa y Skadi. Gracias a quienes me han escrito comentarios. Dedicado a quien le guste.

Rating = sleeping_bags

Type = Angst

fanfic = • Derechos legales: Mulder y Scully no me pertenecen, son personajes propiedad de Chris Carter, 1013 y Fox. La historia es mía, aunque inspirada en la serie, lo cual es obvio porque ni CC, ni 1013 ni la Fox hubiesen permitido a los personajes... ciertos comportamientos. No pretendo obtener beneficios económicos con esta historia (sí, yo también me río ante la simple idea)

 

4. -LA ESTRATEGIA DE CAER.

 

Love keeps us together

And love will drive us insane

And we are criminals that never

Broke no laws

And all we needed was a net

To break our fall

Talking heads, Sax and violins

 

 

-Hola.

-Hola.

-Pasa.

Se separó para dejarle entrar y cerró la puerta. El se quedó allí, mirándola, hasta que ella murmuró algo sobre una bebida y Mulder decidió que se dejaría llevar hasta que algo fuese importante, de modo que la siguió camino de la cocina.

Por un momento pensó que eso sería todo: Tomarían un café y hablarían hasta el amanecer de cosas sin importancia, discutirían sobre tonterías, se quedarían dormidos viendo alguna vieja película. Era un buen plan; eso ya lo habían hecho antes: estaría bien; podía irse olvidando de aquella absurda idea que se le había metido en la cabeza.

Al menos eso pensaba, desde la puerta hasta unos cuatro metros más allá, cuando Scully se volvió de pronto.

-Mulder yo...

Escuchó con atención pero, por más que la boca de Scully se abría y se cerraba y que sus brazos se movían, ella no dijo nada.

Quería decirlo, quería expresar algo que se parecía a “No sé por qué lo he hecho. Me siento perdida. No tenías porqué venir. No tienes porqué hacer ni decir nada...”, pero acabó desistiendo y sólo rió nerviosa; y volvió a decir la verdad:

-No sé qué... es lo que intento decirte. Es sólo que... No debí llamarte... pero lo hice.

Entonces Mulder lo entendió todo, aunque no supo bien qué.

Sólo supo que tenía que alargar las manos y hacer lo que no debía hacer pero ya estaba haciendo: acariciar su mejilla, sus labios, su pelo y deslizar las manos por su cuello, cada vez más despacio, cada vez más abajo. Susurró un “No tienes porqué decir nada”, se dejó abrazar cuando ella colocó las manos en su cadera, acercándole, e intentó convencerse de una vez de que no había nada que ocultar.

Uno puede ir a casa de otra persona a las 3 de la mañana por muchas razones y con muchas intenciones, pero no con la idea de ocultarse.

 

Tras un abrazo que le sonaba a demasiado largo, Scully levantó el rostro y le miró. Tenía que decirle muchas cosas, cosas sobre lo que importaba, lo que no importaba, lo importante que era lo que importaba y lo poco importante que era todo lo demás, pero no lo hizo. Sólo le miró hasta que cerró los ojos, poco antes de sentir sus labios, aún inseguros, aún tanteando. Iba a ser un beso suave, cariñoso, casi amistoso, pero en algún momento dejó de serlo. En algún momento se olvidaron de la situación, la llamada, la soledad, la tristeza, la diferencia entre lo que debían y lo que hacían, y sólo quedó el beso palpitante, confuso, intenso, arrastrándolo todo.

No quedaba nada de inseguridad cuando volvieron a mirarse ni cuando volvieron a besarse, sólo presión y calor.

Scully le tomó la mano y tiró de él hacia su habitación. Sentía que todo ardía. Debía hacer una pregunta, sólo una de tantas que daban vueltas en su cabeza, pero él se adelantó.

-Scully. Sólo una cosa.

Supo qué era.

-Dime

-Si quieres..., si esperas que las cosas cambien, si sientes... -No podía soportar la idea de que se sintiese rechazada, pero menos aún dejar que se engañase.-Yo no quiero que nada cambie.

Scully sonrío, agradecida porque fuese él quien lo plantease.

-A veces, Mulder, estamos de acuerdo... en las cosas verdaderamente importantes.

 

Le fallan las rodillas. Se mantiene en pie, quieta, mientras siente los nudillos rozar su nuca, mientras él le baja la camisa para besar sus hombros. El calor de su aliento se extiende por todo su cuerpo en oleadas y es consciente de que casi había olvidado esa sensación.

Él deja caer sus manos acariciándole el costado. Luego, casi de modo inconsciente, suben hasta los pechos y por un momento se aprieta contra su espalda. Quiere ir despacio, tomarse su tiempo, dejar espacio suficiente para todo, para cambiar de opinión, pero empieza a dudar de poder controlar algo. Se separa un poco y empieza a desabrochar los botones, la camisa cada vez más abajo y sus labios también.

Scully se vuelve, sólo para verle. Él mira hacia arriba y esboza algo parecido a una sonrisa que le hace olvidar que está medio desnuda.

Le retira el pelo de la frente y le acaricia, eso ya lo ha hecho otras veces, “a veces nos acariciamos”, recuerda.

 

Se siente extrañamente triste, es una melancolía cansada, hecha de nuncas y de cosas rotas, de “voy a hacerle el amor a Scully porque es lo único con sentido ya que nada parece tenerlo, porque tenemos que estar cerca para no morirnos de frío, porque hacer el amor tiene que ver con querer y con hacer que alguien se sienta bien”.

Y piensa en castillos de cartas, piensa en castillos de cartas una y otra vez.

 

 

Lo cierto es que pocas veces se ha imaginado en la cama con él, al menos más allá de una imagen demasiado difusa. Eso hace menos extraño que en general lo imaginase apresurado e irreflexivo. Sobre todo irreflexivo, fuerte, tenso e irreflexivo, por ambas partes. Quizá sea eso lo que le hace sonreír ante el hecho de que estén desnudos en la cama, a una distancia demasiado prudencial, y que todo contacto físico sea su brazo sobre el hombro de él mientras acaba de taparle con el edredón.

Él dice algo de preservativos y tienen una rápida conversación sobre no tener de qué preocuparse. Mulder intenta dar más explicaciones pero le detiene, sabiendo que jamás le mentiría en algo así y que no soportará una conversación sobre revisiones médicas, últimas veces, las horas que son y los nervios, sin echarse a reír o a llorar.

 

Luego todo es lento. Piensa que las cosas siempre han sido así entre ellos: lentas y cuidadosas.

De yemas a dedos, de dedos a manos rodeando espaldas y caderas. Mulder no retira la mirada de sus ojos, aunque parece aún más asustado que ella.

Lo cierto es que Scully teme no excitarle, sigue temiendo que él no quiera. Saldría corriendo de allí si no fuese porque él, a veces, sonríe un poco y porque no deja de mirarla.

Siente que se están hundiendo en un mundo distinto, oscuro y cálido. Una barrera invisible parece haberse elevado alrededor de aquella cama, como si nada pudiese afectarles. Respira profundamente cuando por fin están lo suficientemente cerca como para poder sentirle. Él cierra los ojos al contacto y se acerca, le besa despacio, como si fuese la primera vez y aquel beso tuviese aún que romper todos los muros de miedo y reparos variados, como si hubiese que pedir permiso en cada movimiento.

Y Scully aún siente que se está arriesgando, que no está todo decidido cuando pasa la pierna sobre su cadera acercándole. Piel contra piel, le siente respirar en su cuello.

Todo es tan progresivo que a veces cree que no van a acabar nunca. Se impacienta: araña y después acaricia, muerde y besa el mordisco. Esa mano entre sus muslos nunca sube lo suficiente. Quiere hacer lo que él retrasa pero no llega más allá de sus hombros en la posición en que están. La boca de él, bailando sobre sus pechos, murmura algo así como “Dime lo que quieres” pero ella no sabe si se refiere a puntualizar o es sólo para reafirmarse. Aún le da apuro pedir, así que contesta un “Dime tú”.

 

Mulder sabe lo que quiere: Quiere estar donde está, con quien está y haciendo lo que está haciendo. Es extraño pero es así. Acariciarla centímetro a centímetro, una y otra vez. Sabe que le quedan pocos por acariciar y sube lentamente la mano mientras se pone a su altura para ver su expresión.

-Quería ese gemido, - susurra.

Le cuesta decirlo ya que ahora todo parece empapado en esa humedad, meciéndose en el movimiento de sus caderas, y eso le está mareando. Quiere rendirse ya y hundirse ya. Más cuando Scully se desliza estómago abajo y rodea su erección con suavidad. Y el mundo, simplemente, se disuelve.

Quiere pensar, pero no lo consigue, mantener el control, mantenerse entero, consciente, poder decidir, poder saber. Pero no puede. Algo ha estallado y ahora todo es líquido, incontrolable, impredecible. Siente que no puede tenerla, pero al mismo tiempo está allí, en cuerpo y alma. Ve sus ojos cerrados con fuerza, escucha un grito ahogado, la respira, arrastra la lengua por su cuello y siente, sus músculos tensarse, sus manos, su boca.

Ella está en todas partes y lo ocupa todo.

Ya nada está vacío.

Duda de haberlo dicho y no quiere haberlo dicho. No quiere malentendidos.

Scully es una amiga.

Lo tiene tan claro como que lo que está ocurriendo no está fuera de lugar: Es sentirse cerca, estar cerca por sentirse cerca, estar dentro para sentirse dentro. Piensa que tendrá que pensar en ello y que tendría que haber pensado en ello, pero no puede pensar en ello ahora.

Ahora sólo está ocurriendo y una cosa es saber lo que no hay entre ellos y otra sentir que falta algo: Lo sabe, pero no lo siente.

 

Scully también lo sabe, pero siente demasiado para acordarse de todo lo que sabe, de las veces en que ha pensado en la posibilidad de que algo así ocurriese y lo ha tachado de imposible, de perjudicial, de equivocado.

Ahora no le parece un error: ahora le parece la única opción.

 

No es que está con ella, no es sentir sus manos, no es su mirada, no es placer, no es no estar sola mientras lo siente, no es el calor de su cuerpo, no son los besos, que sólo pueden ser si son compartidos y sólo pueden significar en función que con quien. No es sólo sexo y eso está tan claro como todo lo que tampoco es.

Es algo así como estar cerca. Es que el contacto haga desaparecer el aire alrededor y así el mundo alrededor hasta que sólo sean ellos, juntos. Es que sólo Mulder puede entender cómo se siente aunque no se lo diga. Es que sólo él puede mirarla así sin que se sienta perdida. Es que cuando él la mira así se siente más bien encontrada. Es que las cosas no tienen por qué ser siempre de la misma manera y, de hecho nunca lo son y ahora son así.

Eso le parece una respuesta y está segura por primera vez, desde que dijo aquello que parecía una locura hace siglos o un par de horas, no lo sabe, por teléfono.

Sabe que tiene que ser ahora, justo ahora, de modo que le pide que se tumbe y se sienta sobre él pensando en seguir despacio, en tener mucho cuidado, en hacerle sentir tanto que se le olvide todo, en mecerse sólo un poco, lentamente, hasta que él decida. Pero pierde el paso y lo hace rápido, tanto que le duele un poco pero no le importa nada al ver su expresión. El dolor pasa pronto, o quizá no pero ya no lo siente porque hay otras cosas que sentir.

El vacío ya no existe, sólo existe él. Esa era la idea, eso era exactamente lo que quería sentir, que él sintiese: que no podían estar solos porque estaban juntos.

No es lo que esperaba que ocurriese, no es lo que pretendía, no es romántico, sabe que no ama a Mulder como ha amado, como considera que se debe amar. No importa. Importan otras cosas, importan sus dedos entrelazados, importa su mirada, importa su sonrisa triste, importa que dice:

-Quiero besarte;

pero no importa que casi no llega porque él es asquerosamente alto.

-Ven, ponte tú encima.

Parece que va a hacerlo, pero no lo hace sino que arrastra la lengua por su vientre, le muerde en las costillas, deja las manos resbalar entre sus piernas, hunde los dedos en ella con tanta suavidad que tiene que moverse, tiene que moverse mientras está diciendo que no lo haga, que vuelva, mientras quizá grita durante un instante antes de que él la bese.

-¿Adónde quieres que vuelva?

Sabe que está intentando no reírse y eso la hace reír, sólo por un instante, porque vuelve a estar dentro y esta vez es definitivo que ha gritado.

-¿Te he hecho daño?

- A estas alturas deberías ser capaz de reconocer mis gritos- le susurra sonriendo.- No, no me has hecho daño.

 

“Depende de cuales”, piensa. Casi lo dice, pero en lugar de eso la besa. Su boca parece inmune a la suavidad que trata de imprimir en cada movimiento que hace. Es de lo único de lo que es consciente antes de volver a olvidarse de lo que es pensar. Luego sólo siente y sólo sabe que es ella, son sus ojos, es su olor, es su cuerpo el que recorre con las manos y que recuerda perfectamente a pesar de que nunca lo había tocado así.

Recuerda algo sobre que eso no era una buena idea, pero en esos momentos no tiene muy claro lo que es una idea. Todo lo que existe ahora son hechos. Está ocurriendo y está hundido en ese hecho. No hay nada más. Al menos hasta que saltan las alarmas y siente que tiene que parar o cambiar el ritmo. Y ella debe haberse dado cuenta.

-Mulder, quizá no llegue.

Definitivamente tiene que parar pero sólo es capaz de cambiar el ritmo.

 

No siempre ocurre y esta vez no va a ocurrir: lleva el suficiente tiempo lo suficientemente cerca para saberlo. Scully rara vez ha fingido y esta vez no piensa hacerlo. Todo es tan real que ni siquiera se plantea la posibilidad.

Si ha encontrado voz para decir eso tiene que encontrarla para decir lo otro, y pronto, porque ya casi se ha detenido.

-No quiero que pares, ¿de acuerdo?, sólo es un quizá, sólo no quiero que lo pienses.

Él se detiene, le clava la mirada.

-Yo si quiero pensarlo. Yo quiero verlo.

Eso hace que definitivamente no quiera que pare. De modo que empieza a contraer los músculos y a moverse.

- Sigue, por favor.

Sabe que le está costando, vuelve a moverse. Arrastra su mano hacia abajo para acariciarla. Y eso le hace desearlo aún más y que no pueda pensar antes de susurrar en su oído.

-No, sigue como antes. Abrázame como antes. Sigue y te prometo que lo tendré. Antes o después, ¿qué importa que sea después? Luego harás lo que sea, lo que sea.

 

No podrá evitarlo si ella se mueve así, si sigue susurrando ese “lo que sea”, si sigue gimiendo su nombre de ese modo, si sigue sosteniendo sus caderas, si sigue siendo ella.

-Es una promesa, - le recuerda.

De modo que no puede evitarlo.

 

Y Scully piensa sólo una cosa, sólo le da tiempo a pensar una cosa antes de que los dedos de él empiecen a moverse con la misma inconsciencia rítmica de antes, y es que sólo un hecho podrá evitar que vuelva a ver esa expresión en su cara y será que él no quiera que vuelva a ocurrir.

 

Mulder lo hace tan sin pensar como lo ha hecho antes. No cree que será rápido pero no quiere que lo sea, quiere que dure eternamente, quiere cansarse, sentir que no puede más, pero no da tiempo. Ella se ladea para abrazarle y lamenta no poder ver su rostro pero da igual porque lo siente, intenso, largo, en todo su cuerpo, convulsionándose contra el suyo.

 

Un casi doloroso “Para”, un sonriente “Era una promesa”. Mulder sabe que hay imágenes que no olvidará nunca, aunque suele tardar más de un par de segundos en estar seguro de que no olvidará algo. Nunca olvidará su mirada después. Es consciente de ello mientras sus párpados caen lentamente y se tumba haciendo que su mano se deslice, ahora siente que temblorosa, a lo largo de la cadera de Scully, que aún se mueve suavemente. Suspira y se deja caer. Cierra los ojos fuertemente para no volver a la realidad... que ya está ahí, en ese frío sudor que le cubre ahora.

 

 

 

5.- PALABRAS

And if I told you that I loved you

You’d maybe think there’s something wrong

I’m not a man of too many faces

The mask I wear is one

Sting, Shape of my heart

 

Scully todavía se siente palpitar, aún no puede respirar con calma.

Todavía puede sentirlo todo, aún le arde la piel pero puede sentir cómo ese calor se escapa.

Mientras lo va perdiendo, todas las palabras que se habían evaporado al simple contacto, se condensan de nuevo y empiezan a caer: Mañana, amigos, sexo, amor, correcto, peligroso, inconveniente, trabajo, diario, adecuado, seguridad, riesgo, problemas, malinterpretar, innecesario, incómodo, dudas,...

Mulder sigue ahí, respirando, su cuerpo sigue ahí, desnudo. Mulder sigue siendo algo así como la persona más importante para ella.

Confusión.

Mulder sigue importándole, sigue queriéndole y sigue sin ser “de esa manera”.

Difícil, complicado.

Y por un momento siente que el vacío también sigue, aunque compartido.

Pánico.

Están unidos, más de lo que nunca lo ha estado a nadie, más de lo que acaba de parecerlo, y están juntos, pero no son más que dos personas perdidas que se han encontrado.

Tristeza.

Siente los dedos de Mulder sobre su mano, en una caricia lenta.

En ese momento entiende que “Valentía” no es sólo adentrarse en una casa a oscuras en la que se esconde un asesino, no es sólo luchar contra una enfermedad mortal, no es sólo enfrentarse a hombres poderosos que pueden matarte con sólo chasquear los dedos: “Valentía” también es mirar a Mulder a la cara en ese mismo momento, consciente de todo lo que es y lo que son, y decirle que le quiere. Sabe que no va a hacerlo y quiere pensar que no serviría de nada, quiere pensar en cosas que sirvan de algo.

Le aprieta la mano, le mira, le sonríe sabiendo que parece triste sin que eso importe, porque él también sonríe y también lo parece.

Alarga la mano hasta su cadera y, sin darse cuenta, están abrazados.

Envuelta de nuevo y de forma distinta en su cuerpo es consciente de que él la quiere. Quizá mañana se le olvide pero, en ese instante, sabe que Fox Mulder siempre la querrá, aunque esté vacía, aunque esté perdida, aunque se equivoque, aunque le dispare, aunque desconfíe de él, aunque quiera abandonarle, aunque se enfrente a todo lo que él cree, a lo que ha sido su vida durante años, pase lo que pase siempre la querrá.

Esa sensación suele darle pánico y sabe que acabará sintiéndolo pero, en ese momento, le produce una profunda sensación de paz. Incluso aunque mañana sienta pánico, dude de ello y todo lo que ha ocurrido resulte extraño. Pase lo que pase, él siempre la querrá.

 

 

No es que la pregunta le parezca absurda, de hecho le parece una muy buena pregunta, pero sabe que es absurdo hacérsela a Scully. Aún así no puede evitarlo.

-¿Estás bien?

-Sí, -parece leerle la mente- créeme esta vez.

Sonríe ante eso. Quiere creerla pero deja la decisión para más tarde. El calor ha vuelto y la tristeza se mantiene. Sabe que ha querido más y sabe que ha sentido más pero no tiene muy claro si alguna vez ha estado tan unido a alguien como lo está a ella, no en ese momento, no en esa noche, sólo es un momento más.

Es complejo y difícil, quizá porque ambos son complejos y difíciles. Pero es real y honesto. Ambos son también, reales y honestos.

-Y tú, ¿estás bien?

“Sí, si tú lo estás.”

-Sí. Estoy bien.

Algo preguntado y respondido entre ambos miles de veces. En realidad nada ha cambiado y esa tristeza cálida le envuelve repitiéndoselo. En realidad todo sigue siendo igual que siempre, cambiando a cada paso entre los dos.

En realidad sigue habiendo, como siempre, demasiadas razones para morirse de miedo, pero parecen unas pocas menos cuando están cerca.

 

 

 

 

 

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