Nombre del Fanfic: Abandonarte... jamás!!

Capitulo: III

Autor: Very

Dedicado a: A nadie en particular, solo a todos los fanaticos de X Files que aun aman esta serie tanto como yo.

Clasificacion: Sleeping Bags

Romance

Fanfic: Departamento de Fox Mulder 
Sábado 6.30 a. m. 
 
 
Mulder estaba acostado boca arriba. Como era de suponer, no había pegado un ojo desde que abandonara el departamento de Scully, ahora sí que lo había arruinado todo. ¿Por qué se había comportado de esa manera? Se dejó llevar por los celos y por la frustración, tratándola como a una cualquiera. ¡Bonita manera de recuperarla!  
¡Por todos los cielos! No podía creer lo que había hecho. La había tomado contra el refrigerador, sin ninguna consideración hacia las necesidades de ella, sólo había pensado en él mismo, en la rabia que sentía al imaginarla con otro, y después le dijo todas esas cosas, cosas que en realidad no sentía, pero no se había podido detener, ahora sí que ella debía odiarlo. 
Esbozó una sonrisa amarga, tal vez ahora sí había conseguido que ella lo abandonara, el problema era que ya no quería eso, quería a Scully, quería que se quedara a su lado para siempre, pero sabía que ella no lo perdonaría esta vez, y si era sincero, tenía que reconocer que ni él mismo se perdonaría. 
¡¡Maldición!! ¿Cómo iba a hacer para seguir adelante el resto de su vida sin ella? Porque aunque ella no abandonara los expedientes x, no volvería a él, no de la manera que él quería. ¿Podría pasar el resto de sus días teniéndola tan cerca? Sabiendo lo que había perdido Y lo peor de todo, sabiendo que era su culpa. 
“Eso tendrías que haberlo pensado antes”, dijo una voz en su cabeza. 
Por supuesto que tendría que haber pensado, ese era su problema, nunca se detenía a pensar en las consecuencias de sus actos. 
Miró la imagen que le devolvía el espejo sobre su cama, en su cara se reflejaban toda clase de emociones, dolor, culpa, desesperación, pero también había determinación, una determinación ciega de lograr un propósito, y ese propósito era que ella por lo menos lo escuchara, y si después de que le dijera toda la verdad, aún no quería volver a verlo, entonces aceptaría que la había perdido. 
 
 
Departamento de Dana Scully 
Sábado 11.00 a. m. 
 
A pesar de que se había levantado temprano, Scully seguía en bata, no se había vestido, ni cepillado el cabello, los círculos negros bajo sus ojos mostraban que no había pasado bien la noche, la tristeza que se reflejaba en su mirada era inmensa, sus ojos del color del mar, ahora estaban opacos, carentes de vida, desprovistos de toda emoción. 
Estaba sentada inmóvil en el sofá abrazándose las piernas, sus ojos estaban enrojecidos por el llanto. Apenas se había levantado los recuerdos de la noche anterior volvieron a ella y no pudo contener el torrente de lágrimas. 
No podía entender cómo Mulder había creído que ella era capaz de acostarse con otro y después hacer el amor con él, ¿qué clase de mujer creía que era? La habían lastimado mucho sus palabras, no sabía cómo haría ahora para enfrentarlo, ni siquiera sabía si debía dejar los expedientes x o no, su mente era un caos, no podía enfrentarlo todavía, pero sabía que no podría pasar el resto de su vida lejos de él, aunque no lo perdonara, aunque ya no fueran amantes, ni siquiera amigos, ella necesitaba su cercanía. ¡Maldición! ¡Era una masoquista sin remedio!  
No, no se iría, Mulder no conseguiría alejarla de él, pero necesitaba tiempo para calmarse, debía estar más tranquila cuando se volvieran a ver, así que pediría una semana libre en el trabajo, le debían días de vacaciones, por lo que eso no sería un problema. 
El timbre del teléfono la sacó de su abstracción, miró el aparato como si fuera el enemigo, lo dejó sonar, que saltara el contestador, no tenía ánimos para hablar con nadie. Después del quinto llamado, la máquina contestadora se activó y una voz familiar inundó la habitación. 
 
- Scully, soy yo, sé que estás ahí y entiendo que no quieras contestar, sólo quiero que sepas que lo siento, sé que me comporté cómo un animal, pero necesito que hablemos, por favor Scully, llámame. 
 
El rostro de ella estaba bañado en lágrimas otra vez, escuchar su voz la llenó de tristeza, si sólo escucharlo la hacía sentirse así, no quería imaginar lo que sería verlo. Definitivamente necesitaba tiempo, así que lo primero que haría el lunes sería hablar con Skinner, no sabía lo que le diría, pero eso no importaba ahora, lo único importante era alejarse de la oficina y de Mulder por unos días, sobre todo debía alejarse de Mulder. 
 
 
Oficina de Fox Mulder 
Lunes 9.00 a. m. 
 
Mulder caminaba intranquilo de un lado al otro de su despacho, los nervios no lo dejaban estarse quieto. Scully llegaría en cualquier momento. ¿Qué le diría, cómo la miraría a los ojos después de las cosas horribles que le había dicho? 
Ella no le había devuelto la llamada y él había pensado que sería mejor darle tiempo, así que no la había vuelto a llamar. 
Miró su reloj, las 9.20. ¡Demonios! ¿Por qué Scully no llegaba? No era propio de ella retrasarse, algo le decía que ella no llegaría a la oficina ese día, ni ninguno de los siguientes. 
El teléfono lo sobresaltó, levantó el tubo pensando que tal vez sería ella. 
 
- Mulder. ¡Ah! Buenos días señor. 
 
- Buenos días agente Mulder – lo saludó Skinner – Supongo que ya estará al tanto, pero la agente Scully acaba de llamarme diciéndome que se ausentaría unos días por una emergencia familiar. 
 
- ¿Dijo cuándo volvería? – Mulder estaba seguro de que la familia de Scully estaba perfectamente. 
 
- No, sólo dijo que necesitaba una semana como mínimo, y que si las cosas no se solucionaban en ese tiempo solicitaría más permiso. Creí que usted ya lo sabría – se notaba que Skinner estaba asombrado. En el tiempo que llevaba de ser su jefe se había dado cuenta de que entre Mulder y Scully no había secretos. 
 
- No, señor, acabo de enterarme, seguramente tuvo que irse de urgencia, y no hizo tiempo de telefonearme.  
 
Se despidió de su jefe y se sentó en la silla más cercana, lo había hecho, la había alejado de él, estaba seguro de que ella no volvería, que al final de la semana Skinner le comunicaría que su compañera había pedido un traslado. ¿Como haría para entrar todos los días al despacho y saber que ella no llegaría? Ya no habría llamadas a las 2 de la mañana, ya no vería sus ojos de cielo mirarlo con escepticismo, ni vería su ceja elevarse hasta el infinito ante alguna de sus teorías. ¡Dios! ¿La había perdido por completo? No podía ser, tenía que conseguir que lo escuchara al menos, iría a buscarla, sí, tenía que hacerlo. 
 
 
Departamento de Dana Scully 
8.30 p. m. 
 
Hacía media hora que Scully había vuelto a su departamento, después de hablar con su jefe había sentido que el lugar la asfixiaba, todo le recordaba a él, ni siquiera podía acercarse al refrigerador, ¡por Dios! Así que la llamada de Charly invitándola a almorzar había sido como un regalo del cielo. El buen humor característico de su amiga la había hecho olvidar su tristeza por unas cuantas horas, de hecho casi todo el día. Después de almorzar Charly había insistido en que la acompañara a ir de compras, luego la había llevado a un salón de belleza por una sesión de masajes. Realmente había pasado un lindo día en compañía de su amiga, pero ahora que se encontraba otra vez en casa, sola, su pensamientos volvían a sumirse en un caos absoluto. 
Unos golpes en la puerta la volvieron a la realidad, sin detenerse a comprobar quién era, abrió y se encontró frente a Mulder. 
Se quedó inmóvil por la sorpresa, no se le hubiera ocurrido que él iría a buscarla. Él la miraba consternado, el arrepentimiento se leía en sus ojos. 
 
- ¿Puedo pasar? 
 
- ¿Que haces aquí, Mulder? – Preguntó con cansancio. 
 
- Por favor, Scully, necesitamos hablar - Ella suspiró y se dio la vuelta dejando la puerta abierta para que él entrara. Mulder la siguió hasta el interior de la sala. Ella le daba la espalda - Scully, yo…- no sabía que decirle – Lo siento, sé que me comporté como un bastardo, pero si me dejas explicarte, yo… 
 
- ¿Explicar qué, Mulder? ¿Que crees que soy una cualquiera? – Se giró para mirarlo. 
 
- ¡No! Eso no es verdad, por favor, perdóname, lo siento, de veras que lo siento – se acercó a ella y le tomó las manos entre las suyas, ella no intentó soltarse. 
 
- No puedo, no todavía, por favor, será mejor que te vayas, no debiste haber venido. 
 
Las lágrimas bañaban el rostro de Mulder. 
Obedeciendo a un impulso la acercó a su pecho y la estrechó contra él, ¡Dios!, la necesitaba, la amaba tanto. Se separó un poco de ella, le levantó la barbilla con un dedo y escudriñó su rostro, el dolor que se reflejaba en sus ojos le traspasó el corazón como una filosa daga, era su culpa que ella estuviera así. Inclinó un poco la cabeza y rozó sus labios con su aliento, ella suspiró y él ya no pudo contenerse más. La besó, primero con ternura, hasta que el ansia se apoderó de él, su sabor lo volvía loco, la estrechó más contra sí, y comenzó a acariciar su espalda en círculos descendentes, ella respondía al beso con la misma pasión. Cuando Mulder posó su mano en uno de sus pechos, ella se puso rígida, él se dio cuenta de su cambio y se separó de ella. 
 
- Lo siento, no era mi intensión, yo sólo quería… 
 
- Creo que deberías irte – estaba inmóvil en medio de la sala, él se acercó un paso, pero ella retrocedió como si le temiera. Mulder se paró en seco y se puso pálido, no podía ser que ella tuviera miedo de él. 
 
- ¿Scully…? 
 
- Vete, Mulder, ¡te lo suplico! 
 
Él se dio la vuelta y salió del departamento sin decir una palabra. En cuanto la puerta se cerró, Scully rompió en llanto. Se acurrucó en el sofá y se quedó así hasta que los sollozos se apagaron por completo. 
 
¡Maldición, maldición, maldición! Se repetía mentalmente Mulder mientras se dirigía hacia su coche. ¿Por qué no había podido mantener las manos alejadas de ella? Sólo había querido besarla, decirle con un tierno beso todo lo que ella significaba para él, pero no había podido controlarse, una vez que sus bocas se juntaron, el ansia que lo devoraba cada vez que la tocaba, lo dominó por completo. Y ella le había tenido miedo. ¿Y cómo no se lo iba a tener? ¡Si se había abalanzado sobre ella como si fuera un maniático sexual! ¿Acaso se podía ser más estúpido? Ahora sí que ella no lo perdonaría nunca, tenía que aceptarlo, la había perdido, la había perdido para siempre. 
Sintió cómo un vacío se instalaba en su corazón y se estremeció. Debía acostumbrarse, porque de ahora en adelante, su vida sería así, solitaria y vacía, y oscura, muy oscura, porque toda su luz se había quedado con ella. 
 
Scully se despertó desorientada, miró el reloj de la pared, la 1.00 a. m., se había quedado dormida sobre el sofá después de que Mulder se marchara. 
Mulder. ¿A qué había venido él? ¿A intentar acostarse de nuevo con ella? ¿A pedirle perdón? Ya no sabía qué pensar. Él se veía arrepentido, pero también se mostró amoroso aquella primera noche, le hizo sentir que la amaba, para luego decirle que sólo había sido sexo. ¿Cómo podía ella creerle ahora? ¿Qué era lo que realmente sentía Mulder por ella? ¡Dios, estaba tan confundida! Debía verlo, pero antes tenía que poner en orden su cabeza, tomar distancia, de hecho eso era lo que había pretendido al pedir unos días libres en la oficina, pero quedarse en Washington no había sido una buena idea, debía salir de la ciudad. Iría a de visita a casa de su madre, ella siempre había sabido ayudarla a encontrar el camino, y un par de día lejos de Washington y de Mulder harían que se tranquilizara y viera las cosas con más calma. 
 
 
Departamento de Fox Mulder 
Miércoles 8.15 p. m. 
 
La sala estaba en penumbras, sólo la iluminaba la luz verde proveniente de la pecera. 
Fox Mulder estaba acostado en su sofá de cuero con la vista fija en el techo. No había ido a trabajar, el día anterior había llamado a su jefe reportándose enfermo, y lo estaba, estaba enfermo de soledad y de desesperación, había pasado los dos últimos días llamándola cada media hora, pero ella no contestaba, siempre saltaba el contestador, o no quería atenderlo, o no estaba en casa, posiblemente se había marchado, tal vez ya había pedido un traslado, y él no la culpaba, ¿quién lo haría? Después de la manera en que se había comportado, no podía esperar que ella se presentara en la oficina y siguiera trabajando con él como si nada. 
Escuchó unos golpes en la puerta, pero no se movió, no tenía ganas de ver a nadie, la única persona que quería ver ya no lo volvería a visitar.  
Los golpes se volvieron más insistentes, obligándolo a levantarse. ¿Quién demonios sería? 
Abrió la puerta y se encontró cara a cara con Frohike. 
 
- ¡Hola, Mulder! 
 
- ¿Qué haces aquí, enano? 
 
- Bueno, no contestas el teléfono, no devuelves los mensajes. ¿No funciona tu contestador? Te dejé cinco mensajes, tengo unos datos que te van a interesar, cuatro personas, en cuatro estados distintos dicen haber visto un ovni, el mismo día y a la misma hora. 
 
- Lo sé. Mi contestador funciona perfectamente, escuché todos tus mensajes, Frohike, sólo que no me interesa. 
 
- ¿¿Qué?? ¿Acaso estás enfermo? ¿Tienes fiebre? ¿Desde cuando no te interesan los ovnis? 
 
- Desde que descubrí que hay cosas más importantes – le dijo con tristeza mientras encendía la luz. Frohike abrió mucho los ojos al verlo por primera vez con claridad. 
 
- ¿Qué demonios te ha pasado? ¡Luces terrible! 
 
- ¡Gracias! Yo también te tengo cariño. 
 
- No, en serio. ¿Alguien ha muerto? 
 
- No, enano, no ha pasado nada, estoy bien. 
 
- ¡Vamos, Mulder! Te ves como si un camión te hubiera pasado por encima, no te interesan los avistamientos de ovnis, ¿y me dices que estás bien? ¿Crees que soy estúpido?  
 
Mulder se dejó caer en el sofá y suspiró con cansancio, tal vez si hablaba con alguien el dolor disminuiría un poco. 
 
- Scully… - ¡Dios! ¡Cuánto le dolía pronunciar su nombre en voz alta! 
 
- ¿Qué le ha pasado a Scully? 
 
- Mejor pregúntame qué le he hecho - Mulder le contó todo a Frohike omitiendo las partes más íntimas. 
 
- ¿Que hiciste qué? – Lo miraba con los ojos completamente abiertos, llenos de sorpresa. 
 
- Lo sé, lo sé, fue una estupidez. 
 
- ¡Estupidez es decir poco! ¿En qué diablos estabas pensando? 
 
- Ya te lo dije, quería que ella fuera feliz, que tuviera una vida normal. 
 
- ¿Y no se te ocurrió pensar que tal vez eso no es lo que ella quiere? 
 
- En ese momento no, sabes que no pienso cuando se trata de Scully. Lo peor de todo es que ahora que no quiero que se vaya, posiblemente he conseguido que lo haga, seguramente ella me odia. 
 
- No lo creo, Mulder, pero, ¿por qué serás tan idiota? – Mulder lo miró pidiendo un poco de piedad – Lo siento. ¿Qué vas a hacer ahora? 
 
- No lo sé, enano, no lo sé. 
 
 
Departamento de Dana Scully 
Jueves 12.00 p. m.  
 
Scully acababa de entrar a su casa, dejó su bolsa de viaje sobre el sofá y las llaves en la mesita del teléfono y soltó un suspiro. El viaje de vuelta a Washington había sido agotador, pero los días en compañía de su madre le habían devuelto algo de su tranquilidad habitual. Todavía estaba nerviosa y temerosa de enfrentarse a Mulder, pero se sentía más en calma, más preparada, aunque nunca estaría lista del todo, pero lo tenía que hacer, así que al día siguiente iría a verlo y le haría entender unas cuántas cosas, principalmente, que ella era capaz de hacer sus propias elecciones, y que su elección había sido acompañarlo en su búsqueda de la verdad, porque ahora también era su búsqueda, y porque lo amaba, y si él no la quería más que como amiga y compañera, no importaba, tendría que aceptar que de todas formas no lo abandonaría. 
Miró la máquina contestadora y vio la luz roja que parpadeaba avisándole que tenía mensajes, se acercó al aparato y apretó el botón para escuchar, había tres mensajes en los que nadie hablaba, sólo se escuchaba el casi imperceptible sonido de una respiración, sabía quien era. El cuarto mensaje era de Frohike, que con voz preocupada le decía que Mulder estaba enfermo. No escuchó más, apagó el contestador, sólo la palabra enfermo había bastado para despertar su preocupación. No podía esperar hasta mañana, él estaba enfermo, tenía que verlo cuánto antes, hizo a un lado sus miedos e inseguridades y sin siquiera cambiarse de ropa tomó su abrigo y su bolso y salió de su departamento tan rápido como sus cortas piernas se lo permitían.  
 
 
Departamento de Fox Mulder 
1.00 p. m. 
 
Después de golpear varias veces la puerta del departamento de Mulder sin obtener respuesta, Scully decidió abrir con su propia llave. Frohike había dicho que estaba enfermo, tal vez no se podía levantar de la cama. 
La sala estaba a oscuras, así que se dirigió a la habitación con pasos sigilosos, pero una voz ronca la sobresaltó haciéndola detenerse en seco. 
 
- ¡Hola mujer del FBI! 
 
- ¡¡Cielo santo, Mulder!! ¿Por qué estás sentado en la oscuridad? ¿Y por qué no abriste la puerta? 
 
- ¿Qué haces aquí, Scully? – Preguntó cortante, sin hacer ademán de prender la luz. 
 
- Bueno yo… 
 
- ¿Vienes a decirme que te vas? 
 
- Frohike dejó un mensaje en mi contestador, se oía preocupado, dijo que estabas enfermo. 
 
- ¿Y eso te importa? – Preguntó con tono rudo, sabía que estaba siendo injusto con ella, pero su presencia lo estaba torturando. Ella retrocedió como si la hubiera golpeado. 
 
- Bueno, sí, soy tu médico, naturalmente me preocupa tu salud – eso no era lo que quería decirle, pero la actitud de él no le estaba facilitando las cosas. De repente le pareció que haber ido allí no había sido una buena idea. Mulder encendió la lámpara. 
 
- Como puedes ver, no estoy enfermo, no necesito un médico, Scully, puedes irte a casa tranquila, estoy perfectamente bien. 
 
Scully lo observó en detalle, la palabra bien era algo relativo, puede que no estuviera enfermo, pero definitivamente no estaba bien. Tenía el pelo revuelto, una barba de por lo menos dos días, su ropa estaba arrugada, y sus ojos enrojecidos demostraban que hacía bastante que no dormía. 
 
- ¿Cuándo fue la última vez que dormiste, Mulder? 
 
- No lo recuerdo. ¿Por qué sigues aquí, Scully? 
 
- Porque necesito hablar contigo, tengo algo que decirte. 
 
- ¿Qué? ¿Que soy un idiota, un bastardo, que vas a marcharte lo más lejos posible de mí? 
 
- ¿Eso es lo que tú quieres? 
 
- Si… no… yo… - suspiró con cansancio, tal vez sería mejor decirle todo, terminar con eso de una buena vez, así ella se marcharía y lo dejaría solo para poder revolcarse en sus miserias en paz. – Escucha, luego de la última vez que estuviste a punto de morir, comprendí que si seguías a mi lado, continuarían pasándote cosas malas, siempre habría alguien que intentaría lastimarte para llegar a mí, no importa si se trata de los expedientes x o de un caso de hace 10 años, da igual Scully. 
 
- Ya te he dicho un millón de veces que tú no tienes la culpa. 
 
- Lo sé, sé que no soy responsable, pero soy la causa. 
 
- ¿De qué manera podrías ser la causa de todo lo que me sucede? Eso es demasiado egocéntrico hasta para ti, Mulder. 
 
- No es eso, parece que hasta un lunático es capaz de ver que la manera más efectiva de hacerme daño es lastimándote – ella lo miró con asombro - todos lo ven menos tú. 
 
Los ojos de ella estaban a punto de desbordarse como dos océanos, pero no podía llorar, todavía tenía que aclarar varias cosas con su compañero. 
 
- Así que por eso te comportaste como un miserable la mañana siguiente a que hiciéramos el amor, querías que te odiara. 
 
- Escucha, sé que me comporté de una forma vil, pero… 
 
- ¿Pero qué, era por mi bien? ¿Era para que dejara los expedientes x y tuviera una vida normal? – él la miró confundido, ¿ella lo sabía? Sería mejor que Frohike no hubiera hablado de más, porque si no ya vería cuando le pusiera las manos encima. – Era eso lo que tratabas de hacer, ¿verdad? 
 
- Sí, pero, cómo… ¿Acaso Frohike…? ¡Maldito enano bocón, lo mataré! 
 
- No, él no me dijo nada, es sólo que eres demasiado transparente, te conozco mejor que nadie, ¿acaso olvidaste eso? 
 
- Hay muchas cosas que se me olvidan cuando se trata de ti – le dijo bajando la mirada. 
 
- Ya veo, por ejemplo, olvidas el hecho de que soy lo suficientemente mayor para elegir lo que quiero hacer con mi vida. 
 
- No creo que hayas elegido todas las cosas que sufriste. 
 
- Por supuesto que no, pero sí elegí seguir a tu lado a pesar de los riesgos. 
 
- Pues yo ya no puedo vivir así, con el temor de que un día no llegaré a tiempo, temiendo que cuando te encuentre ya sea demasiado tarde, ¿no lo ves, Scully?, ¡siempre estoy temeroso de que algo te suceda, nunca estoy tranquilo! 
 
- ¡Ah! Ahora lo entiendo, a ti no te preocupa mi felicidad, ni mi seguridad, lo único que te importa es tu tranquilidad, sacarme de encima para no tener que ir a rescatarme cada vez que algo me ocurra. 
 
- ¡No! No es así, tú sabes que eso no es verdad. 
 
- Sí lo es, pero puedes estar tranquilo, ya no seré un estorbo para ti, al fin conseguiste lo que querías, aunque tal vez habría sido más sencillo que me lo dijeras, en vez de montar aquella estúpida farsa. 
 
¡Demonios!, pensaba Mulder, ¿es que no era capaz de decir ni de hacer nada bien? ¿En qué momento las cosas se habían salido tan fuera de control? 
No podía dejar que ella se marchara creyendo que sólo era un estorbo en su vida, tenía que explicarle las cosas con claridad y rápido, pero no le salían las palabras. 
 
- A pesar de lo que creas, no cambiaría estos siete años a tu lado por nada en el mundo, lamento que tú no sientas lo mismo. Adiós Mulder. 
 
Al ver que ella ya estaba junto a la puerta con la mano en el pomo, Mulder reaccionó y en dos grandes zancadas ya se encontraba detrás de ella, apoyó una mano en la puerta entreabierta y la volvió a cerrar con suavidad. Ella se volteó a verlo. 
 
- Mulder, por favor, déjame… 
 
- ¡Shh! Sólo escúchame, y si después todavía quieres irte no te detendré. 
 
- Está bien, empieza antes de que me arrepienta – le dijo con una ceja levantada. Mulder sonrió. ¡Dios! ¡¡Qué sexy se veía!! 
 
- Verás, como acabo de decirte yo quería alejarte, para que fueras feliz y todo eso. Como lo de comportarme como un cretino no funcionó, pensé que tal vez si creías que era un mujeriego… 
 
- Así que aprovechaste las miradas de la agente Beck. 
 
- Sí, pero tampoco resultó. Así que… 
 
- ¿Decidiste que tratarme como a una cualquiera sería una buena manera de hacer que te odiara? 
 
- ¡No! Jamás quise decirte esas cosas, no fue mi intensión tratarte así ese día, estaba furioso, creía que habías salido con otro y yo… 
 
- Eres como todos los hombres, un niño malcriado que se ha cansado de un juguete al que sólo ha usado un par de veces, pero no quiere que nadie más juegue con él. 
 
- Estaba celoso – dijo casi en un susurro. 
 
- ¿Celoso? ¿Y por qué habrías de estarlo? 
 
- Tú sabes por qué. 
 
- No, no lo sé, así que dímelo. 
 
- ¡¡Porque te amo, maldita sea!! ¿Por qué crees que reaccioné así? – se pasó una mano por el cabello en un intento de tranquilizarse. – Esa mañana iba decidido a decirte todo lo que siento por ti, lo que significas para mí, luego recibiste esa llamada y creí que saldrías con un hombre, supe que jamás podría renunciar a ti, que no podría soportar verte con otro – las lágrimas le mojaban el rostro – Lo arruiné todo, Scully, lo sé soy un idiota, pero te amo tanto – Ella lo miraba con los ojos inundados – Supongo que ahora sí vas a… 
 
- ¡Por todos los cielos, Mulder!, cállate de una vez y bésame. 
 
Y él lo hizo, se apoderó de sus labios y bebió de ellos como alguien que ha pasado largo tiempo perdido en el desierto y encuentra un oasis. 
 
- ¡Dios, te he extrañado tanto! 
 
- Sólo estuvimos separados una semana. 
 
- Para mí como si fuera una vida entera. 
 
Ella sonrió con satisfacción y pasó sus brazos alrededor de su cuello, él la levantó en brazos y la llevó a la habitación, la depositó en el suelo y encendió la luz de la mesilla de noche, se quedaron parados junto a la cama mirándose en silencio, él no se movía por miedo a que ella se desvaneciera si lo hacía. Por fin ella se acercó a él y pasó sus manos por su pecho, le quitó la camiseta negra y acarició sus músculos con la lengua, subió hasta su cuello y lo lamió suavemente, de forma casi imperceptible, Mulder respiraba con dificultad. 
 
- ¡¡Scully!! – ¿esa era su voz? 
 
- ¡Shh! No hables, sólo siente. 
 
Le desabrochó el pantalón e introdujo una de sus pequeñas manos en él, rozando su sexo sobre la tela de los calzoncillos, él jadeó y le sujetó la mano por la muñeca, la besó de nuevo con desesperación y comenzó a desvestirla con urgencia, en cuestión de segundos los dos estaban completamente desnudos sobre la cama, enredados en una maraña de brazos y piernas que hacía difícil distinguir a uno del otro. Él quería recorrer cada centímetro de su piel otra vez, no dejar ningún rincón de su cuerpo sin explorar, pero la necesitaba tanto. 
Scully se retorcía y gemía sin control, susurrando su nombre como una plegaria, lo deseaba con desesperación, quería que se diera prisa. 
Mulder la recorrió con la lengua desde el cuello hasta detenerse en su sexo, mientras ella le revolvía el cabello. Besó el centro de su feminidad, pero no se detuvo mucho tiempo allí, porque ella tiró de él hacia arriba, él se acercó de nuevo a sus labios y la besó, ella recorrió su espalda con las uñas, introdujo una mano entre ellos y tomó su pene, sólo sosteniéndolo así, sin moverse, él dejó de respirar por un instante. La miró, sus cabellos de fuego estaban esparcidos por la almohada, completamente alborotados, sus ojos de mar, oscurecidos por el deseo, reflejaban la tormenta de pasión que los envolvía a ambos. Quería perderse en esos ojos para siempre. 
 
- ¡Ahora Mulder! ¡Te necesito! 
 
Él no se hizo rogar, la penetró, primero con suavidad, ella le clavó las uñas en el trasero y él comenzó a moverse con más urgencia, sus cuerpos sincronizaron sus movimientos a la perfección, gemían y jadeaban, el fuego estaba a punto de devorarlos, ella alcanzó la cima gritando el nombre de él con un gemido ahogado, un segundo después, él la siguió, todo su cuerpo se puso rígido, susurró su nombre contra su cuello y se derramó en su interior. 
Mulder rodó hacia un costado y la estrechó fuerte contra su pecho, como si temiera que ella fuera a desaparecer en cualquier momento. Le besó los cabellos rojos con ternura. 
 
- ¡Te amo, Scully!, ¡te amo tanto! Por favor, no te vayas, quédate conmigo, te juro que nunca más… - ella posó un dedo sobre sus labios. 
 
- Mulder, jamás pensé en irme, vine aquí hoy para decirte que a pesar de todo nunca me alejaría de tu lado, por que yo también te amo. 
 
- ¿Es cierto, me amas? 
 
- Sí, te amo con locura, aunque a veces te comportes como un idiota. 
 
- ¡Vaya! ¡¡Gracias, cariño!! – Le dijo haciéndose el ofendido. 
 
- Es la verdad, Mulder, a veces eres un idiota, ¿acaso no sabes todavía que ni siquiera la muerte podría alejarme de ti? Yo siempre estaré a tu lado. 
 
- Lo sé, amor, ahora lo sé. 
 
- ¿Y creías que estaría mejor lejos de ti? 
 
- Y aún lo creo – se detuvo un momento para ver con diversión como la expresión de ella pasaba de la satisfacción al enojo en un segundo – Siempre creeré que mereces algo mejor, pero he pensado mucho en ello estos días, y he llegado a la conclusión de que nadie es perfecto. Dios sabe que yo no lo soy, soy un maldito egoísta, pero te amo como nadie podría hacerlo, tú eres el motivo por el que despierto cada mañana, me completas, me haces querer ser un hombre mejor, tú eres mi oportunidad de ser feliz, y eso es algo a lo que no pienso renunciar. Así que, ¿que dices cariño, vale la pena correr el riesgo? 
 
- Por supuesto que si, así que hazte a la idea, Fox Mulder, no te vas a librar de mí. 
 
- Eso espero, cielo, porque he descubierto que nada tiene sentido si no estás conmigo. ¡¡Te amo!! 
 
- Yo también te amo, Mulder, más de lo que creía posible. 
 
Se fundieron en un beso dulce, cargado de amor. 
No importaba lo que sucediera mañana, siempre y cuando se tuvieran el uno al otro. 
 
Fin 
 
 

Continua: No

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