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LA VIDA ES SUEÑO III Tipo:
shipper, POV... no sepo qué más. Raiting:
O18W. Spoilers:
no sé si hay alguno, si lo hay me avisáis. Miento, la película y... qué se yo. Disclaimer:
bla, bla, bla, bla... ya sabéis lo que va aquí ¿no?, pos eso. Agradecimientos.
A todos aquellos que me han mandado el feedback, gracias, me habéis
animado mucho. Mi
e-mail: alexsabadellARROBAhotmail.com
Nota:
es un poco lento al principio, y espero que no me maten porque es un poco
desalentador, pero cambia para bien. Scully
llegó furiosa a su casa. “así que ahora resulta que disfruto con
eso..., me podría esperar ese comentario de cualquier persona menos de
ti... ¿cómo diablos me haces esto, Mulder?... reconozco que no era un
comportamiento muy adulto, pero me dolió lo que dijo el
¬&#*^! de Watt... deberías haberme defendido, Mulder, no
atacarme como hace todo el mundo... me paso la mayor parte de mi carrera
profesional, por no decir toda, defendiéndote frente a nuestros
superiores y lo único que haces es dejarme en ridículo delante de los únicos
agentes que parecían respetarme...” El
sonido del teléfono la interrumpió. Se acercó, miró al identificador
de llamadas y descubrió que era Mulder. Dejó que el contestador hiciera
su trabajo. “éste es el teléfono de Dana Scully en este momento...
bla, bla, bla... piiiiiiii” “Scully, soy yo... coge el teléfono por
favor, sé que estás ahí..” como a los 20 segundos de espera, Scully
no había cogido, Mulder continuó, “bien, supongo que eso es que no me
quieres hablar, solo quería decirte que mañana no estaré ahí. No te
preocupes, que no me volverás a ver, si eso es lo que quieres. Hasta...
nunca se podría decir ¿no?” Las
palabras de Mulder resonaban en la mente de Dana “hasta nunca, ¿no?”
“pues no, claro que no...” la desesperación se hizo un hueco en su
estómago y, por enésima vez en la noche, Scully vomitó. Pasó toda la
noche en vela. Durante
todo el día siguiente permaneció en su casa sentada frente al espejo, en
el suelo, con la cabeza entre las piernas. El contestador de su teléfono
echaba humo. La habían llamado Skinner, Hanna un par de veces, su madre
por si quería ir con ella de compras..., todos menos Mulder, de él no
sabía NADA. El despertador anunció que se acercaba la hora de ir a la
casa franca, Scully se levantó pesadamente y se dirigió al baño. Seguía
pensativa, entró en su dormitorio y se clavó un pequeño cristal en el
pié. -
ouch! Mierda...- lo levantó y comprobó de dónde había salido.
Una fotografía estaba en el suelo, era un retrato de su hermana. Lo miró. En
un segundo su expresión cambió. La energía que parecía haber perdido
con el mensaje de Mulder la recuperó con la memoria de su hermana. “por
tu culpa he perdido a un miembro muy querido de mi familia, Fox William
Mulder, por mí puedes arder en el infierno, ya te he sacado las castañas
del fuego muchas veces, es hora de que me dé a conocer”, y mientras
pensaba esto se vistió y salió hacia su puesto de trabajo. Edición
de “el tirador solitario” ¿dónde? El
ambiente estaba cargado, no por el humo de los cuatro paquetes de
cigarrillos que se había fumado Mulder, ni por el echo de que ninguno de
los tiradores se atreviese a hablar, ni porque se estuvieran proyectando
películas XXX, no, el ambiente estaba cargado de frustración y miedo,
disfrazado de una rabia contenida que salía por cada uno de los poros de
Mulder. Tras
la bofetada de Scully, Mulder había ido directamente a la guarida de sus
compañeros de batallas había permanecido allí toda la noche. Ya estaba
entrada la mañana. Ninguno de ellos daba crédito a lo que Mulder les
contaba sobre Scully y la misión (no hay ni que decir que Frohikie estaba
tomando nota mental de la situación de su bomboncito). Estaban todos
presentes cuando él la llamó y el silencio se hizo en cuanto oyeron ese
“hasta nunca, ¿no?” Mulder
iba a abrir el quinto paquete de cigarrillos, cuando Byers saltó de donde
estaba sentado y se lo arrebató de las manos. Mulder se levantó furioso
y le empujo hacia la pared con el puño levantado. -
¡adelante!, ¡pégame!- escupió.- así seguro que vas a conseguir
que vuelva. – Mulder le soltó. Se sentó en el sofá y comenzó a
pensar en voz alta. -
No se porqué se comporta de esta forma... ¿qué quiere
demostrar?,- se golpeaba la cabeza con los puños. -
todo el mundo la relega a “tu compañera”, -dijo Langly – cuántas
veces se ha jugado su carrera y su reputación por salvarte, tal vez
quiera demostrar que tiene carácter, sin necesidad de enfrentarse a un
comité de reglamento. -
Y sin tener que tratarse del plano profesional, vamos que tal vez
esté harta de que la consideren una “reina de hielo”- añadió
Frohikie. – es ante todo una mujer y quiere ganarse respeto como
tal...,- hizo una pausa de reflexión -
capullo, es la mejor mujer entre billones y vas y la dejas escapar
porque se ha hartado de que todo el mundo la trate como un
bicho raro... ¡TIO ERES UN GILIPOLLAS!!!!!!!- Todos se habían
asombrado de las palabras del “insensible - pervertido” de su compañero. Mulder
reaccionó con éstas palabras. Dio las gracias a sus compañeros y se fue
a su casa a darse una ducha. Tras esto se fue a la casa franca, sabía que
Scully ya habría ido a la esquina, pero quería estar cerca, cerca aunque
ella no lo quisiera. Casa
franca del FBI Algún
lugar de Washington D.C. La
agente Scully estaba distinta. Cuando llegó todo el mundo se fijó en
ella, paseando insolente la mirada por la habitación hasta posarse en su
jefe. -
bien, veo que no están ninguno de los sujetos de ayer, podemos
ponernos manos a la obra. – y dicho esto desapareció por la puerta para
vestirse. Hanna, que la había notado rara la siguió. -
¿se puede saber qué coño te pasa, Dana?- preguntó cerrando la
puerta y poniéndose en jarras. -
¿a qué te refieres?- preguntó ella maquillándose. -
¿cómo que a qué me refiero?- Hanna gritaba- me refiero a qué te
pasa cuando entras en la casa, tarde, y paseándote como una reina... -
no me pasa nada... – paró de hablar, su expresión cambió. Sabía
que no podía engañar a la mujer que tenía delante. – he estado toda
mi vida profesional recluida en un sótano. La única persona que creía
que me comprendía me ha atacado y con ello me ha demostrado cuánto le
importo... “hasta nunca”- añadió en voz baja. Hanna
comprendió enseguida lo que su amiga quería decir. – Le amas, ¿no?-
preguntó alcanzándola una camiseta como la del día anterior pero de
color azul. -
tanto que es quien más odio en el mundo y por mí................
¡que se muera!. – añadió secándose una lágrima solitaria que escurría
por su mejilla. Green decidió dejarla sola, si algo no soportaba Scully
era que la compadeciesen, necesitaba pensar. Scully
se había situado en posición, había hecho un par de trabajitos.
Generalmente Dana tenía aspecto de mujer fría y distante, pero hoy, ese
aspecto era más apreciable que de costumbre. Mulder
había llegado a la casa cuartel. Fue el centro de atención al entrar por
la puerta. Skinner le recriminó por estar allí, recordándole que Scully
no quería que estuviese. Él no hizo caso y se acercó al monitor.
Observaba a su compañera, estaba distinta, no era ella. Intentó
averiguar qué le pasaba y quién mejor que Hanna para averiguarlo. Se
acercó a ella. -
¿cómo está?- preguntó sin dar nombres, ni pistas de a quién se
refería. -
No está bien, agente Mulder... me ha dicho que no le importaría
que se muriese, - le espetó con una sonrisa irónica. -
Tengo que hablar con ella... pero si lo intento a través del
comunicador... – miró a Hanna, la mujer vio en su expresión terror y
culpa, se compadecía de él. -
Agente Mulder, ¿qué es lo que quiere?, pero responda en serio... -
A ella – dos palabras que a Green le calaron profundo. Se acercó
al comunicador. – Dana, soy Green, vete al callejón. – mirando a
Mulder le dijo. – no puedo prometerle que hablará con usted, pero si de
verdad la quiere como me ha dicho... dígaselo, necesita saberlo.- Mulder
se lo agradeció con la cabeza y una semi- sonrisa esperanzada, y salió
hacia el callejón.
Scully había respondido a la llamada de Hanna. Cuando llegó al
callejón estaba vacío, nadie. Se apoyó contra un cubo de basura y esperó.
Mulder la observaba desde las sombras de una puerta, intentaba sacar el
valor suficiente para enfrentarse a ella. Vio que Scully iba a marcharse y
salió justo delante de ella. “bien, ya salí, ¡wow!, con esa mirada
sería capaz de matar a cualquiera...” -
¡vaya!, ¿no era que no te iba a volver a ver nunca? – Hanna dio
la orden de que desconectasen unos minutos los comunicadores, Skinner la
secundó. No sabía porqué, pero le parecía que si oía lo que se iban a
decir les tendría que separar... tarde o temprano. -
Yooooo... Quiero hablar contigo, - dijo tartamudeando, Mulder. -
Pero yo no, - iba a esquivarle cuando él la agarró por los
hombros, tenía los ojos hinchados y llenos de lágrimas que pugnaban por
salir. – no quise decirte eso por teléfono... ni ayer... yo solo... lo
siento- -
Bien, disculpas aceptadas, ahora me tengo que ir...- dijo Scully
obviamente intentando escapar de lo que venía. -
Scull... Dana, ¿qué querías demostrar?, no comprendes que la
gente te quiere por cómo eres, y ese maldito apodo... no me irás a decir
que te lo crees... tú sabes que no es cierto... -
Yo solo sé que ayer me demostraste que te importo una mierda,
Mulder. Me estaban insultando..... y tú te pusiste de su parte, me
atacaste.... Ahora solo quiero que dejes de hacerme daño. – éstas
palabras las dijo consciente de que había ido a pegar donde más le dolía
a Mulder. -
Eso es lo que crees.... – Mulder lloraba, no le importaba que
ella le viera, - está bien te dejaré de hacer daño... pero quiero que
sepas que eres lo que más me importa en el mundo, sin ti no sabría qué
sería de mí, yo.. yo te... bah1 da lo mismo. – se iba a marchar cuando
la voz de Scully le detuvo... -
Mulder......- él se dio la vuelta, no hizo falta ninguna palabra,
solo se acercó y al abrazó. El calor de los fuertes brazos de Mulder
alrededor de la cintura desnuda de Scully hicieron que se estremeciera. Scully
se apartó un poco y apoyó su frente en la de él. Luego le besó allí
donde se había apoyado, se miraron a los ojos, como hicieron una vez hacía
un año o así en un pasillo... -
agente Scully, el coche de Morrison se aproxima está a dos
manzanas. – el comunicador estaba encendido... ¿cuánto tiempo lleva así?,
eso no importaba, Scully le dio a Mulder un suave beso en la comisura de
los labios y se fue a tomar posición. Mulder corrió hasta la casa, quería
asegurarse de que no le pasara nada. (Nota
de la autora: ¿a que se habían olvidado del caso que investigaba Scully?
Yo sí por eso ahora lo retomo ;) jeje) Scully
estaba en posición. El coche de Morrison se paró delante de ella. Con
una profesionalidad adquirida con la práctica, Scully se acercó a él. -
hola, - dijo con una voz tan sexy que a más de uno le provocó
efectos secundarios. – vaya coche, espero que el dueño resulte tan
potente.- vio a George sonreír. -
¿cuánto?- dijo con sequedad. -
Uhmmmmm, por ser tú te lo dejo en 150$.- “me parece que me he
pasado, como se escape la habré cagado” -
Sube. – ordenó. Scully escuchó a Mulder por el comunicador
“estoy contigo, no te perderemos”. -
¿dónde vamos? -
Ya verás. Mulder
tenía una extraña sensación de malestar, algo no iba bien... no sabía
qué pero lo presentía. “Scully ten cuidado, no te distraigas, te
quiero de vuelta sana y salva”. El coche se iba alejando de la ciudad,
una patrulla les seguía a una distancia prudencial. Llegaron a una
momento en el que las comunicaciones se veían afectadas. Con las primeras
interferencias, Mulder salió hacia su coche y siguió a Morrison. Llegaron
a una claro en un bosque. Morrison bajó del coche. Scully, consciente de
que la patrulla que les seguía se había distanciado demasiado comenzó a
hacer comentarios que les pudiese guiar hacia donde estaba. -
bonito bosque, - dijo- esos árboles de ahí ¿qué son? Juraría
que no los hay en otra parte de la ciudad... me gustan sus hojas como
puntiagudas. -
No me importa lo que son. – Morrison estaba unos metros más
adelante. – sígueme. – ordenó firmemente. Avanzaban
por el bosque, llegaron a una especie de torre en ruinas. Scully le oyó
recitar aquellos versos en voz baja. El miedo comenzaba a apoderarse de
ella. Intentó ahuyentarlo tarareando. Mientras tanto Mulder iba en su
coche a toda velocidad. Morrison
entró en al torre, Scully le imitó. Estaba preparada para una cita romántica,
pero el polvo que tenían los muebles confirmaba que nadie había entrado
allí por mucho tiempo. Había una mesa con velas intactas, nunca
prendidas. Al lado de la chimenea había una serie de cojines colocados a
modo de cama, como en los harenes árabes. -
Pasa, Laura – dijo el hombre, - tengo una sorpresa para ti. –
Scully se estremeció. Aquel loco estaba recreando la última noche que
estuvo con su novia... antes de que a ella.... “Mulder, ayúdame, te
necesito” pensó Scully víctima del terror. Si tan solo tuviera su
arma. Mulder
en el coche había oído ésta llamada. ¿“Laura”?... ¡mierda!, -
gritó al acordarse de la novia de George. Cogió el dossier y vio una
foto de la autopsia del cadáver, no la había visto en el que tenía
Scully, Laura era igual que Scully, tenían un parecido increíble. Aceleró para ir a rescatarla. -
perdona, pero me llamo Dana- dijo Scully pensando que hacer que
Morrison volviese a la realidad le ayudaría en algo, pero se equivocaba. -
No, Laura, no digas tonterías, - decía mientras encendía unas
velas. -
Pero...- intentó replicar Scully. -
¡CALLATE!- gritó Morrison abofeteándola. – tú eres Laura-
dijo amenazándola con el punzón. – tú eres Laura...- cuando se dio la
vuelta, Scully se abalanzó sobre él y le pegó un fuerte puñetazo en la
mandíbula, Geroge
se tambaleó, pero no cayó al suelo. Dana intentó escapar, pero tropezó
con una silla. Morrison cogió un arma de un cajón y apuntó a Scully.
– ¡estate quieta!- la golpeó con el culo de la pistola en la sien. Lo
último que vio y oyó Scully fue la puerta abrirse y un disparo. Mulder
había entrado con el arma en la mano, el golpe le había hecho caer
inconsciente y solo pudo oír el disparo.... no sabía quién había
disparado primero. Scully
fue recuperando la consciencia poco a poco, tenía miedo de abrir los
ojos, no quería enfrentarse a lo que había sucedido. Se sentía tumbada
sobre algo blando. Abrió un poco los ojos. Estaba todavía en la torre,
tumbada sobre unos cojines polvorientos, había un rastro de sangre que
llegaba hasta la puerta, donde se veían unos pies de hombre, inertes, inmóviles.
Scully derramó lágrimas de terror, la voz le salía quebrada, - Mul....
Mulder....- llamaba, pero no obtenía respuesta. El brillo de unas luces
rojas parpadeantes, y el sonido de una ambulancia la tranquilizó
parcialmente. Una sombra se paró encima de ella. Se agachó hasta su
altura y pudo ver a Mulder, SU Mulder, que la acarició la cara y la ayudó
a incorporarse. Ella se abrazó. -
estás bien, estás bien, estás bien...... – decía con poca
voz.- creía que eras tú el de la puerta.... -
ya pasó, ya pasó, tranquila.- Mulder la levantó en brazos y la
llevó, tapada con una suave manta, hacia el coche. El golpe de la cabeza
se lo habían examinado mientras estaba inconsciente, no era nada, solo lo
tendría morado unos días. Llegaron
al apartamento de Scully. Ella insistió en que podía llegar a la puerta
sola. Pero nada más salir del coche y dar dos pasos se mareó, y casi se
cae, si no llega a ser por Mulder que la agarró como pudo. Sin dejar que
ella rechistara la cogió de nuevo en brazos y la subió a su casa. Abrió
la puerta sin soltarla, no sé cómo pero lo hizo, y la metió en su casa. Una
vez en la casa la tumbó en la cama y la tapó. -
ahora debes dormir. – dijo besándola en la frente. Se levantaba
de la cama para irse cuando ella se lo impidió. -
Quédate conmigo por favor, no te vayas. – él accedió y se tumbó
a su lado abrazándola por detrás haciéndola una cucharita. Al cabo de
unos minutos la respiración de Scully se volvió pausada. Mulder la
seguiría en un poco. Habían sido 48 horas muy agitadas para los dos y el
hecho de poder dormir, JUNTOS, resultaba tranquilizador. Al
día siguiente, cuando se despertaron fueron a la oficina. Scully quería
hablar con Skinner para averiguar porqué no le había dicho que
“curiosamente” la fallecida novia de Morrison tenía un extraordinario
parecido con ella. La discusión que mantuvieron en el despacho les llevó
a descubrir que Skinner no tenía conocimiento de la fotografía en cuestión,
que había sido la agente Green quien, con una orden de arriba, había
preparado el caso. Una
vez en su despacho Mulder se sentó en su escritorio pensativo. Scully le
miró y se apoyó sobre la mesa. -
sé lo que estás pensando... y no, no creo que Hanna trabajase
para “ESE” nadie. Déjalo ya. – la respuesta de Mulder le sorprendió. -
No, no estaba pensando en eso. – dijo levantándose y acercándose
peligrosamente a Scully. – pensaba en que si te hubiera sucedido algo, y
yo no hubiera estado allí no sabría que hacer. -
Ese tema ya está zanjado, Mulder,
ya lo...- no pudo continuar, Mulder la dejó prácticamente en
estado de shok con tan solo pronunciar dos palabras. -
Te quiero -
Y.. yo... yo... yo...- Mulder se acercó a una distancia mucho
menos adecuada que la prudencial. – Siento que creyeras que tenías que
demostrar que eres la mejor mujer que pisa por el planeta, te puedo
asegurar que ese mote te lo han puesto las mujeres del cuartel por
envidia. Te quiero Dana Katherine Scully, por ser doctora, agente y dueña
de mi corazón desde que entraste por esa puerta hace nueve años, desde
que me discutiste la primera vez. Te quiero. Scully
simplemente escuchaba. Le gustaba que la halagasen, y si era Mulder quien
la cubría de piropos y además la decía que la quería, como mujer, no
como compañera... sino como mujer... ya no tenía nada que temer...
simplemente habló. -
yo también te quiero, Mulder. – dijo cubriendo la poca distancia
que le separaba de sus labios. El
primer beso fue fugaz, suave e infantil, como el primer beso de un
adolescente que teme dañar a quien está besando y que experimenta una
sensación nueva. Ante tal gesto Mulder la abrazó por la cintura y la
sujetó la nuca, ésta vez se besaron con pasión. Un beso húmedo que se
convirtió en una lucha de lenguas que no cesó hasta que los combatientes
tuvieron que separarse para respirar. Mulder se separó y se acercó a la
puerta del despacho. La cerró con cerrojo. Scully
le miró. Dios, ese hombre era capaz de derretirla con una mirada como
esa, reflejaba un deseo que iba más allá de las barreras que se imponían
en el edificio en donde estaban, más allá de las barreras que se habían
auto-impuesto durante todos aquellos años, más allá de cualquier
barrera existente, esa mirada las derretía todas. -
¿en qué piensas, Mulder?- preguntó Scully con tono juguetón,
sabiendo perfectamente lo que iba a suceder en ese despacho. -
¿sabes qué día es hoy?- dijo con voz pícara. -
Es... viernes..... ¡ahhhhhhhhh! – Scully ya había comprendido
las intenciones de su compañero con aquella pregunta. Mulder
se acercó y la besó con suavidad, pero insistencia. Deslizó una de sus
manos hacia las nalgas de su compañera y las apretó. Poco a poco las iba
acariciando hasta que decidió que eran demasiadas barreras lo que le
separaban del perfecto cuerpo de su compañera. Ayudándose de ambas
manos, pero sin dejar de besarla en labios, barbilla y cuello, se deshizo
de la falda. Scully
jugueteaba con la corbata de Mulder, que fue lo primero que le quitó para
tener acceso a su nuez, no sabía porqué pero aquel pequeño bulto del
cuello la volvía loca. Uno a uno fue desabrochando los botones de la
camisa de Mulder hasta que se la quitó. La camisa fue a parar al suelo a
hacer compañía a su falda. La ropa iba cayendo, poco a poco. Se
recreaban en la visión del cuerpo desnudo de la persona que tenían
delante. Ya
desnudos, Mulder arrojó de un manotazo todo lo que había sobre su
escritorio. -
Siempre quise hacer esto... – dijo subiéndola sobre la fría
superficie de la mesa vacía.- ....contigo. – Se
tumbó encima de ella. Su lengua recorría cada centímetro de piel de
Dana. Comenzó por los labios y fue bajando al cuello, suavemente. Las
manos recorrían los pechos de su compañera, dando suaves pellizcos a los
endurecidos pezones. Así como iba bajando en su recorrido, la lengua
sustituía a las manos en los lugares por donde iban pasando. Cada
uno de esos húmedos roces provocaban en Scully punzadas tan placenteras
que se manifestaban en
gemidos en tonos tan diferentes que parecía tener varias personalidades.
Mulder llegó al ombligo, y detuvo su camino pidiendo permiso a Scully con
a mirada para continuar, ella se lo dio. El primer contacto de la boca de
Mulder con el sexo de ella fue como un estallido, Scully gemía y se
agarraba a la parte superior de la mesa, convulsionándose por causa de un
más que cercano éxtasis. Mulder que lo sintió de cerca ascendió en su
beso hasta la boca de su compañera, y la besó al tiempo que comenzaba a
penetrarla lenta pero insistentemente. Cada
una de las embestidas superaba en intensidad y fuerza a la anterior.
Acompasados desde el primer movimiento, se movieron hasta que el placer se
hizo con el cuerpo de Scully que con un tremendo grito de placer bajó de
donde quiera que hubiese llegado. Mulder se había detenido. -
¿ya volviste?. – la preguntó acariciándole la cara. -
¿tu acabaste?, ¿no verdad?- él negó con la cabeza. – pues
debes acabar, - ordenó ella. Él iba a rechistar, pero ella comenzó a
besarle el cuello, y con un movimiento de cadera provocó una nueva
penetración, Mulder obedeciendo la orden médica siguió con aquel
movimiento acompasado que marcaba, en un principio, su compañera. Tomó
él el mando incrementando el ritmo de las embestidas. Ya no podía más
cuando oyó que Scully volvía a gemir, ésta vez gritando su nombre. Ya
había tenido alguna vez un orgasmo simultáneo, pero el echo de que fuese
Scully quien estuviera gritando
su nombre, le produjo uno de los orgasmos más placenteros de toda su
vida. Permanecieron
encima del escritorio un rato, hasta que decidieron que debían vestirse e
irse a casa.... eran cerca de las dos de la tarde, y por un día que se
fuesen a casa a la hora indicada por los sindicatos no iban a enfermar. Cuartel
general del FBI. Edificio
J. Edgar Hoover Washington
D.C.
El baño del cuartel general parecía el servicio de un instituto.
Las puertas estaban llenas de pintadas e inscripciones. Scully se divertía
cada vez que tenía que subir al lavabo. Era la protagonista de la mayor
parte de los chismes y cotilleos del FBI. En las puertas había
inscripciones del estilo de “reina del hielo, yo me derretiría con un
zorro como ese”, claro, que enseguida alguna agente picajosa (mas bien
celosa) añadía “ya está derretida”.
Estaba leyendo inscripciones cuando oyó a dos agentes entrar al
servicio. -
¿sabes lo último del par del sótano?- dijo una de las dos. A
Scully le picó la curiosidad y se quedó callada. -
No, cuenta, cuenta... -
Parece ser que el otro día se lo montaron en el despacho... porque
cerraron la puerta, no contestaban a Skinner y se oían gemidos. – Scully escuchaba atenta. -
¿Cuándo fue eso?- -
El viernes por la mañana... Una
sonora carcajada proveniente de uno de los servicios las interrumpió. Al
ver salir a Scully del servicio, las dos agentes se pusieron a juego con
el cabello de Dana. Scully las miró sin dejar de reírse. – pues sí, y
luego en mi casa otras tres veces – dijo, y salió en dirección al
despacho. Las dos agentes se miraban asombradas y muertas de envidia. Esas
sí que no volverían a llamar a Scully “la reina de hielo”. |