Autor: Gillean Mulderson
Comentarios: gilleanARROBAuol.com.ar
Tema: O18W.
Spoiler: Naturalmente, “All Things”. El fragmento
perdido.
Descargo: Evidentemente, ni los personajes de Mulder y
Scully son míos, ni pretendo con esta creación de Chris Carter obtener ninguna
remuneración económica o de otro tipo. Si estuviera en mis manos escribir los
guiones de “Los Expedientes...”, hace rato hubiéramos dejado de sufrir. Y ellos
también.
Dedicatoria: a Alexfiles, fanática y shipper, aunque no lo reconozca. Y especialmente a Missy, mi querida amiga y la mejor escritora de fanfics que encontré jamás. Gracias por tu amistad, por tus palabras, por tu talento y por Loreena. Simplemente, ¡gracias por ser tú, Missy!
“Oscura
plenitud, noche en abismo...”
de “PRELUDIO DE OSCURIDAD”.
Isabel Sombra.
Un edificio silencioso en
Alexandria, VA.
Apartamento 42.
La oscuridad no es una aliada piadosa. Esconde la fealdad del
mundo, pero descubre los tenebrosos recodos de las almas, los laberintos
interiores, la mediocridad y la pobreza de espíritu. Como cuando se es niño, la
oscuridad nos enfrenta a nuestros miedos más profundos.
Y, sin embargo, la oscuridad ha sido mi compañera desde
siempre. Me espera, me escuda, me acecha y me abruma. Me hace uno con ella y
después me invade como un veneno lento y a veces bienvenido. En mitad de la
noche me despierta, se quiebra sobre mí y me deja temblando como un niño; los
recuerdos, hijos de esas noches oscuras, se derraman y se agigantan en el
silencio. Y hoy, después de tantos años, después de tantas búsquedas y
pérdidas, parece que nunca más será de noche.
Scully duerme en este silencio lleno de sonidos; algún perro
callejero aullando a la luna, las bocinas distantes, el rumor de una ciudad con
miles de historias diferentes, todos son ecos que no pueden alcanzarnos. Sobre
sus mejillas apenas iluminadas por el resplandor de la calle, las medialunas
perfectas de sus pestañas se agitan levemente y vuelven a descansar.
No quiero respirar siquiera, observándola dormida. Me pregunto
en qué sueños vagarán sus pies pequeños, su voz clara y segura, sus manos
hermosas. ¿Soñará a veces conmigo? ¿Me habrá dicho antes en sueños las palabras
que en la madrugada sanaron para siempre todas las heridas que tuvo mi corazón?
¿Sabrá ella, de alguna manera, todas las palabras que nunca he dicho, todas las
veces que la sentí más mía que mi propia sangre?
Sus hombros pálidos y perfectos se agitan en un suspiro bajo
las sábanas, mientras la observo dormir. Son como porcelana, y así están de
fríos; mis manos los cubren, mientras la acerco a mí para hundirla contra mi
cuerpo caliente. Su bello, su maravilloso cuerpo desnudo se aprieta contra mi
pecho, contra mis muslos, penetrando con su suavidad todos los helados huecos
que antes pude haber tenido. Soy un ser completo por fin.
Sus pechos, con sus tersas puntas rosadas, acarician mi piel
con cada inspiración pausada. Es una tortura maravillosa y embriagadora. Su
olor húmedo y cálido me acompaña, me acuna, me enciende; mis manos, que han
aprendido por fin los contornos que tantas veces han amado mis ojos y mis
sueños, recorren su espalda sinuosa, la oquedad diminuta de su cintura, sus
caderas tibias. Mis manos parecen tan grandes cuando la toco. Y, sin embargo,
la sostienen y la aman como si hubieran sido creadas sólo para eso.
Todos los caminos, todos los dolores, todos los confusos,
calientes sentimientos me han llevado -nos han llevado- hasta este momento.
Ahora parece todo tan inevitable, tan necesario.
-¿Mulder?
Su susurro apenas me sorprende. Hubiera sido extraño que ella
pudiera seguir durmiendo mientras mis manos recorrían las curvas y los huecos
de su cadera. Una mano pequeña y caliente se apoya en mi vientre, y el pulgar
acaricia apenas mi ombligo. Sigo siendo Mulder para ella, y me sonrío,
deleitado y feliz como nunca.
-¿Sí, Scully?
-¿Sabes hacer café?
-Una vez hasta batí huevos para el desayuno- respondo sin apenas
mover los labios, demasiado ocupado besando el rojo cabello revuelto. Todo es
nuevo, recién descubierto: las palabras, los sonidos, mi vida entera ha
cambiado. Una mano asciende perezosa hasta su nuca, separándola un poco de mi
pecho para poder besarla de verdad. En la semioscuridad, apenas quebrada por la
madrugada, puedo ver su rostro perfecto, sus labios llenos, sus ojos azules
soñolientos y oscurecidos por la pasión. ¿Alguna vez lo he dicho? Estoy
enamorado de esta mujer.
Cuando su espalda toca del todo la cama, la cubro con mi cuerpo,
recuperando el lugar que estaba destinado a mí desde el principio. Sus pezones
duros como diminutas joyas me acarician, y su vientre tenso tiembla bajo mis
dedos. Tibia, sedosa, blanca y profunda como mis sueños, las palabras parecen
torpes, vacías, si no pueden apenas describir toda su maravilla. He sido un
hombre demasiado ocupado en mis miedos y mis búsquedas para ser poeta, pero la
poesía a veces no son las palabras, sino una persona. Scully es eso para mí.
Su piel es húmeda y sedosa para mis manos, allí donde la
toque. Sus besos despiertan en la base de mi garganta una sed que se alimenta
de más besos; caliente y mojada, su lengua se enreda con la mía, y sus pechos
hermosos me llaman para un beso más. Nunca me habían tocado como me toca ella,
porque sus caricias llegan más allá de mi piel, para acariciar también mi alma.
Pero Dios, a veces me pregunto cómo he podido vivir hasta ahora sin que ella me
anide en su cuerpo.
-Ohhh- Scully susurra en la noche, dentro de mi boca, tocando esta
dura parte de mí que apenas necesita un pensamiento para estar listo para ella.
Le sonrío, orgulloso, antes de que sus dientes apresen mi labio inferior, lo
acaricie con su lengua y lo absorba en la caverna perfumada de su boca. Estoy
tan duro, tan lleno, que no sé si podré soportar un instante más, y al mismo
tiempo quisiera que durara para siempre, ella y yo, aquí en mi cama, alejados
de todo lo que nos pueda hacer daño.
-Ohhhhh- qué caliente, qué húmeda está ella para mí; puedo sentir
en mis dedos sus rizos mojados, su perla secreta. Su olor me llama como un faro
en esta oscura noche, para ser uno, para darle placer y brindarle quizá sólo un
atisbo de la enorme plenitud que ella me da a mí.
-Oh, Mulder...
Sus pezones palpitan en mi boca como piedrecillas calientes,
tan rosados, tan perfectos, tan hechos para mí. Scully cierra los ojos y se
aferra a mis hombros, arañándolos apenas, pero no es dolor lo que siento, sino
su entrega, sino su dar todas esas Scullys -la doctora, la científica, la
escéptica, la mujer apasionada, la amiga-, para hacerme uno con ella. Beso las
pálidas esferas de sus pechos, su vientre de seda, su ombligo exquisito, y la
muerdo levemente allí, para oír de nuevo ese sonido maravilloso, mitad gemido,
mitad sonrisa.
Mi nariz aspira hondo para llenarse de ella, y mis labios
buscan el nido caliente entre sus piernas. Pronto, pronto yo también estaré
anidado allí.
-¡Mulder...!
Se agita, se eleva contra mi boca, tiembla como una flor
agitada por la tormenta de las sensaciones. Mi luz, mi ancla, mi amiga, mi
amante.
Scully.
Su lengua me acaricia, y es como si estuviera en toda mi piel
al mismo tiempo. Sabia, delicadamente, llega a mí, me enciende, hace estallar
mi cuerpo y después lo reconstruye, cambiando todo para siempre. En esta
oscuridad casi desnuda de sonidos, sus jadeos y los míos hacen una música única
y maravillosa, y sólo puedo pensar una cosa, decir una sola cosa.
-Mulder... Mulder...
El mundo estalla en mí en explosiones diminutas, brillantes,
poderosas, y tras mis párpados cerrados es todo rojo como un amanecer. Su voz
llamándome retumba en mis oídos mientras me besa en las orejas, en la boca, y
puedo sentir mi olor, mi tacto en su lengua caliente.
Su piel es suave, tersa y dura al mismo tiempo. Sus brazos
fuertes, sus hombros que han soportado el peso del mundo, su pecho sudado que
me acuna. Este hombre maravilloso y valiente que me ha protegido con su vida,
que me ha dado un mundo nuevo, que ha soportado junto a mí inmensos dolores y
se ha levantado siempre más fuerte que antes, este hombre solitario e
incomprendido es mi todo, mi vida. Temerosa, racional como soy, he temido
siempre entregarme de este modo, tan completamente, pero ahora, aquí entre sus
brazos, me pregunto por qué he esperado tanto para encontrar esta felicidad.
Aunque el destino nos depare más dolores, nunca más estaré sola.
Él me sonríe en la oscuridad, como un niño travieso. He amado
esta sonrisa tantos años, que ahora parece encender las mías sin siquiera
proponérselo. Sus ojos me sonríen también, como pocas veces en su vida. Cómo
quisiera darle la paz que merece, hacerlo libre al fin.
-Estás sonriendo- me dice casi asombrado, apenas murmurando para
no romper esta telaraña de sensaciones, y parece como si también con sus palabras
me tocara. Su cabello cae en puñados revueltos, y puedo reconocer los senderos
que mis dedos febriles marcaron en ellos. Sobre mí, junto a mí, Mulder me
observa con intensidad.
-También tú- respondo levemente, las palabras demasiado pobres
para explicar cualquiera -todas- las emociones que me llenan. Me levanto apenas
para besar su barbilla áspera, ese hoyuelo que me encanta, su garganta. Lo
siento contener el aliento, y con el filo de mis dientes acaricio su nuez de
Adán, que tiembla. Me abraza más contra él, y mis pechos también lo acarician,
mis piernas, mi cuerpo entero. Beso otra vez su boca -Dios, es cierto-, y me
inclino sobre él para recostarlo sobre las revueltas sábanas azules. En el
silencio inmenso y contenido, sus ojos maravillosos brillan como plata,
calientes y expresivos. Quizá nunca lo he dicho con palabras, pero amo a este
hombre con todo mi corazón.
Gime quedamente cuando beso sus pezones planos, su pecho
fuerte. Bajo su piel, puedo sentir su hermoso corazón latiendo ágilmente,
retumbando contra mis labios. Valiente y desdichado, mi mejor amigo y mi guía,
todos los escabrosos caminos que hemos recorrido juntos han llegado a unirse en
esta encrucijada de sensaciones. Por fin estamos juntos. Por fin somos uno.
Beso sus brazos tensos, sus manos grandes, sus dedos. En un
silencio jadeante, incapaz de quedarse quieto, él vuelve a recorrer mi espalda,
mis pechos, mi cintura. Su vientre duro, su erección como de hierro laten entre
mis manos que aprenden sus formas y su esencia. Pétreo y delicado al mismo
tiempo, su sexo palpita entre mis dedos, contra mis labios. Pétreo y delicado,
como el mismo Mulder.
-¡Scully!
Mi lengua aprende sus texturas, su sabor único, y él se mueve
debajo de mí, con sus manos enredadas en mi cabello. Gime quedamente en medio
de la noche, con su voz profunda y maravillosa en agonía. Lo mojo en mi boca,
con mi aliento, y él se retuerce clavando los dedos en las sábanas húmedas.
-No- dice él, quedamente, respirando apenas-. Así no.
-No- respondo yo en un susurro, y como si flotara sobre todas las
cosas, como si todo mi ser hubiera vivido exclusivamente para este momento,
apreso entre mis piernas sus caderas. Mis rizos acarician los suyos más
oscuros, y con un único movimiento, con el mismo suspiro, los dos somos uno.
Todos los dolores de mi vida, todas sus maravillas, tienen
ahora este único y maravilloso sentido. Mis lágrimas y las suyas encuentran hoy
su verdadero significado. Nada más importa en este mundo perverso y complejo,
si nos hemos encontrado al fin. Mulder y yo. Nosotros.
En este segundo intenso de inmovilidad, en que estamos
demasiado llenos de sensación, él me mira a los ojos casi con fiereza. Hemos
esperado mucho, lo sé, pero era necesario; sólo ahora puedo comprenderlo.
Mis muslos tiemblan
tanto como su vientre, en este esfuerzo supremo por disfrutarlo el mayor tiempo
posible, pero el placer y el instinto son más poderosos que cualquier
percepción racional. Sus manos se aferran a mi cintura para levantarme y
dejarme caer nuevamente, acompasando el latido de mi corazón, de mi cuerpo que
lo rodea. La noche ahora está llena de sonidos.
Toda mi piel arde, sumergiéndose en las oleadas del
movimiento. Como gotas que ondulan la superficie de un lago, las sensaciones
crecen y me llenan, derramando el sol, con su luz y su calor, dentro de mi
cuerpo. Mulder, debajo de mí, dentro de mí, gruñe quedamente, y se levanta para
abrazarme, para absorber mi piel con la suya, para unir nuestras bocas como se
unen nuestros cuerpos. Somos uno, Dios mío, como nunca nadie lo ha sido, como
no lo será nadie jamás.
-Scully...
-Oh, Mulder...
Mi maravilloso guerrero de ojos tristes ahora está completo,
como lo estoy yo, temblando y acariciando el universo con sus manos tan
fuertes. Se derrama en mí mientras puedo ver las estrellas ante mis ojos, sin
respirar siquiera, apresando cada maravillosa sensación en mi memoria.
Embriagada y feliz, pienso por un instante, cuando él se agita por última vez dentro de mí, en cuánto desearía poder darle el mejor regalo de todos, que creciera en mi vientre, que pudiera amarlo tan completamente como él se merece. Me ha dado tanto, y merece tanto. Lleno de luz y de maravilla, como es él, tan capaz de entregarse a sus convicciones como ahora lo hace a sus deseos, valiente y vulnerable, es el hombre más maravilloso que he conocido. Nadie como él merece todo lo bueno que la vida puede darle. Nadie merece más que él algún milagro. Nadie más tiene mi corazón.
Pero no seré tan soberbia para desear más imposibles. Ahora,
segura y saciada en sus brazos, más feliz de lo que nunca he sido, escucho su
respiración y la mía buscar la normalidad, llenos del amor que nunca tal vez
diremos con palabras, pero que es más nuestro que nunca. En este apartamento de
nuevo silencioso, amparados por la bendita oscuridad, ningún mal puede
alcanzarnos.
Derramada sobre su pecho palpitante, sin temor ni soledad, lo
escucho sonreír con esa sonrisa única mientras me abraza. Mi guerrero feroz, mi
terco compañero, mi mejor amigo, mi amante.
Mulder.
FIn