Por: RAFAEL ZEA rafazeaARROBAusa.net y MELISSA SCULLY (MISSY K)
danakscully-foxARROBAmixmail.com
DISCLAIMER: (Por si acaso). Los personajes utilizados en este relato pertenecen
a Chris Carter, la FOX y la 1013. No pretendemos infringir el copyright ni
obtener beneficio económico de ninguna especie.
TIPO: Una historia WIP, MSR y O18W, con ingredientes “MPR” (Más adelante les
explicamos por qué). Primera parte de dos.
SPOILERS: Este relato, aunque no tiene nada que ver con “All Things”, sucede
paralelamente a esa historia. Luego salta en el tiempo para situarse en la
octava temporada cuando ocurre el regreso de Mulder. Hay algunas alusiones a
“Fire” y “Dead Alive”.
NOTAS RAFAEL: Antes que nada, quiero agradecer a Carla y a todo el público
chileno e hispanoparlante por la distinción a la que me hicieron merecedor
durante el mes de febrero por "Tres Tiempos". Esta vez, he unido esfuerzos con
Missy, una magnífica escritora del país de Neruda y de Mistral para crear este
relato a cuatro manos. Pero al grano: Desde su transmisión en Estados Unidos y
posteriormente en el resto del mundo, ha sido mucho lo que se ha comentado,
especulado y cacareado sobre «All Things». Este famoso episodio ha sido fuente
de inspiración de numerosos fanfics y motivo para que el propio Chris Carter
haya puesto a los seguidores de la serie a romperse la cabeza debatiendo sobre
lo que pasó, lo que no pasó y lo que parece que pasó pero a nadie le consta...
Pues bien, mientras la gran mayoría de la gente se dedicaba a observar cómo
Scully se reencontraba con los fantasmas de su pasado (porque el viejo Waterston
ese de verdad que parecía un fantasma) y muy seguramente a raíz de ello se
decidía a dar el paso anhelado por los shippers de los cuatro puntos cardinales,
nadie siquiera imaginaba a qué fue verdaderamente Mulder a Inglaterra, con quién
se encontró y qué pasó allí... Sé que con un relato como éste me estoy
arriesgando a que los shippers le pongan precio a mi cabeza como hicieron los
iraníes con Salman Rushdie, (Por favor, no le hagan nada a Missy. Ella es
absolutamente inocente de las maquinaciones de mi mente desquiciada y por eso se
me ocurrió colocar mi nombre en primer lugar en el encabezado para que en caso
de que alguien quiera disparar lo haga sobre la humanidad de este servidor) pero
permítanme preguntarles ¿A alguno de ustedes les dice algo el apellido Green?
(P. D. Debido a esto último es que hemos incluido aquello del «MPR»)
DEDICATORIAS MISSY K: Soy inocente. Absolutamente inocente. Lo juro. Rafael me
indujo a idear y escribir esta trama donde participa, de manera poco feliz, la
poco apreciada Srta. Green. Como supongo que no me creerán acerca de la
inocencia, les pido que POR FAVOR, lean el relato hasta el final antes de tomar
medidas drásticas (léase asesinato), contra nosotros.
Bien, ahora vienen las dedicatorias, que espero no sean las últimas que hago en
mi vida.
A Rafael: Escribir contigo es un agrado. Gracias por invitarme a participar en
este retorcido proyecto que tal vez nos cueste la vida…
CSM, LilithX, Deinai, Aniara, Rosy Scully, Mulscu, Paulyspooky... Les he dicho
alguna vez cómo los quiero? No? Pues sí, los quiero mucho.
A Helena. Por estar cerca una vez más.
Para Enigma X. Lo siento, amiga querida, mi genio no concede deseos.
Para Edgar. Café con cafeína, por favor.
A Mulscu: Por favor no, amiga.
Para Marcela, de Experiencia Extrema. You are the best!!
A Elly. Simplemente gracias, amiga.
Para Vincent P. Tal vez no me muera.
Ariel. Por tu feedback siempre objetivo e inspirador. Y no sólo por eso, amiga.
Por todo lo demás también.
A Chili: ¿Creeremos alguna vez? Quisiera decir que sí.
Y, como siempre, en el lugar especial de mi corazón, para mi querida hermana
Gillean K. Por la preparación de nuestro regreso a casa.
A todos con cariño,
Missy K.
RESUMEN: Durante su viaje a la campiña británica, Mulder no sólo investigó los
círculos en los sembrados de maíz. No. También tuvo tiempo para ir a visitar la
tumba de Sir Arthur Conan Doyle...
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AEROPUERTO INTERNACIONAL DE HEATHROW
LONDRES, INGLATERRA
8:57 PM (HORA LOCAL)
El vuelo de British Airways acababa de aterrizar en la pista del terminal aéreo
londinense tras 7 horas de viaje con un clima perfecto y un cielo completamente
despejado, algo casi inimaginable en la fría y brumosa capital del Reino Unido.
Mulder había dormido casi todo el trayecto y se encontraba algo despistado por
el cambio de horario. Su reloj marcaba todavía la hora del este de los Estados
Unidos -tres minutos para las tres de la tarde- pero en Heathrow ya iban a ser
las nueve de la noche. La mayoría de los almacenes del aeropuerto estaban a
punto de cerrar o ya se encontraban cerrados, y él no tenía ni un triz de sueño
como para irse tan pronto a dormir a un hotel. Además, el informante anónimo que
le había suministrado documentos confidenciales sobre los misteriosos círculos
en los sembrados de maíz, había quedado de encontrarse con él en el aeropuerto
y debía esperarlo. Como no sabía quién era, se dedicó a recorrer, maleta en
mano, los semivacíos pasillos del lugar, esperando que su contacto no
identificado se le acercara... Mientras caminaba, su mente se encontraba
distante, al otro lado del Atlántico, en Washington...
- «No sé por qué Scully amaneció hoy tann displicente conmigo. Desde que llegó
esta mañana a la oficina parecía malhumorada. Sus palabras eran cortantes. La
frase más larga que recuerdo que dijo fue ‘Haz lo que quieras, pero no voy a ir
contigo...’ porque de resto su vocabulario se limitó a monosílabos y miradas que
si tuvieran la capacidad de matar ya me tendrían con una sábana encima y una
etiqueta en los pies. No la había visto así desde la vez que me hizo el reclamo
por no tener un escritorio propio y empezamos a discutir, justo el día en que yo
me iba a tomar un descanso fuera de la ciudad. Después supe que resultó
involucrada con un tipo loco que creía que un tatuaje que tenía en el brazo le
hablaba y que en un arrebato de su locura, el demente ese estuvo a punto de
matarla. Cuando volví, la encontré compungida y pensando en voz alta le dije que
no era sino que yo me alejara un par de días de ella para que su vida diera un
giro inesperado... Me pregunto ¿Qué estará haciendo ahora? ¿Habrá ido a mandarse
hacer otro tatuaje en forma de serpiente enrollada? Dios mío, ese tatuaje…! ¿Se
habrá puesto a averiguar dónde escondí mis películas...? Si este bendito celular
tuviera suficiente alcance, no dudaría en llamarla ahora mismo. Pero no puedo.
Tengo que esperar a que llegue mi informante...»
Un conocido acento británico llenó sus oídos, haciéndolo regresar a la realidad.
-May I help you, Sir...?
Mulder se dio la vuelta lentamente, sintiendo que una suave mano femenina tomaba
la suya para sujetar la maleta que él llevaba. Cuando terminó de girar, lo que
vio no hizo más que confirmar lo que su pensamiento sospechó una fracción de
segundo atrás...
-¡Phoebe...! ¿Qué estás haciendo aquí? uumhhh....
Un beso de ella fue la respuesta que recibió Mulder. Aunque no era algo que él
esperara, fiel a su reputación de donjuán, no opuso resistencia alguna y más
bien le correspondió ligeramente. Cuando por fin Phoebe separó sus labios de los
de él, ella respiró hondo y dijo:
-¡Aaahhh, Fox... Pensé que no ibas a vennir...!
-¿A qué te refieres?
-Fui yo quien te envió la información soobre los círculos. Unos amigos de
Scotland Yard tuvieron acceso a datos que se han mantenido en secreto y me los
facilitaron a mí. Por eso te contacté, pero no te dije que era yo para que no
fueras a pensar que se trataba de una trampa o algo por el estilo... Tú sabes,
las cosas no quedaron muy bien entre nosotros la última vez que nos vimos allá
en Norteamérica y tenía miedo que te negaras a hablar conmigo...
-Si lo dices por lo de Sir Malcolm Marsdden, ya ni me acordaba... -Señaló Mulder
bajando la mirada-.
-No es por eso… Sabes que en realidad mee importan otras cosas de ti, Fox
-Susurró Phoebe acercándose a él-.
Mulder vaciló. Se esperaba cualquier cosa, menos una maquinación de parte de
Phoebe Green. Sus incursiones juntos a la tumba de Sir Arthur Conan Doyle en las
frías noches de los tiempos de Oxford eran parte del pasado, algo que no quería
recordar, y que contrastaba abiertamente con la relación que llevaba con Scully.
Si es que se le podía llamar relación a lo que tenía con ella… Recordó su
actitud distante y fría y suspiró.
-Phoebe… -Dijo Mulder. Ella le interrumppió-.
-Vamos a tu hotel, debes estar cansado.<
-No estoy cansado, pero siento que me teendiste una celada sólo para hacerme
viajar a Inglaterra…
-Fox, tranquilo. Deja la paranoia. No sooy una bruja -Se sonrió ella, con una
expresión que más bien decía lo contrario-. Vamos al hotel, tengo hechas tus
reservaciones... -Lo agarró de la manga de la chaqueta prácticamente lo arrastró
por el pasillo.
Con la cabeza dándole vueltas, Fox Mulder la siguió.
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HOTEL RITZ
LONDRES, INGLATERRA
11:06 PM
La conducta de Phoebe Green seguía siendo extraña. Había conducido a Mulder
hasta el hotel, se había encargado del registro y de todos los detalles para que
él estuviera cómodo.
Mulder no podía en realidad pensar claramente. Bajo la ducha, se maldijo por ser
tan manejable y se prometió que averiguaría lo que estaba pasando. No en vano,
había viajado para investigar acerca de unos círculos en los campos de trigo, y
la última persona con la que esperaba cruzarse era Phoebe. Al salir del baño, se
encontró conque ella estaba sentada al borde de la cama. El mozo había subido la
cena, acompañada de una botella de champaña y Phoebe sonreía abiertamente.
Vestía un traje, pero se había quitado la chaqueta. Su cabello oscuro era ahora
más largo y abundante que siete años atrás y parecía estar hecho del mismo
material del vestido negro que lucía. Con las piernas cruzadas, su falda había
subido lo suficiente como para dejar muy poco a la imaginación. Mulder tragó
saliva y trató de mantenerse en guardia.
-Has sido muy amable, Phoebe -Le dijo éll cortésmente-.
Ella se incorporó lentamente y avanzó hacia la mesita donde estaba la bandeja
con la cena. El tintineo de las copas de cristal alertó a Mulder. Algo en su
interior le decía que estaba a punto de meterse en un lío.
Phoebe abrió la botella y el breve estallido de la bebida al saltar la hizo
reír. De espaldas a Mulder, sirvió dos copas de champaña y girándose caminó
hacia él.
-Quiero que brindemos por los viejos tieempos... -Propuso Phoebe.
-Phoebe, yo creo que… -Mulder intentó vaanamente argumentar. Pero Phoebe,
poniendo cara de niña mimada, lo hizo desistir de la idea-.
-Vamos, Fox, es sólo un brindis para reccordar lo bien que nos llevábamos...
-Está bien... -Tomó dubitativo la copa qque ella le ofrecia-. ¡Salud...! -Accedió
Mulder, chocando suavemente su copa con la de Phoebe-.
Tomaron un largo trago de champaña. Phoebe lo miró a los ojos de manera
insinuante.
-Te he extrañado, Fox... -Susurró.
Mulder tomó otro sorbo de champaña e inmediatamente recordó las palabras de
Scully: “No voy a ir contigo”. “¡Maldición...!” exclamó para sí mismo y
retrocedió un paso al ver que Phoebe se acercaba peligrosamente.
“No voy a ir contigo” la voz de Scully resonaba de nuevo en su cabeza. Mulder
apuró el contenido de la copa hasta dejarla vacía. Una especie de rebeldía
comenzó a crecer en su interior a una velocidad inimaginable. Miró a Phoebe y,
como las visiones que tienen los que están al borde de la muerte, pasaron ante
sus ojos aquellos momentos de locura que los dos habían disfrutado en un tiempo
remoto en el que él no andaba persiguiendo hombrecillos grises ni tratando de
desenmascarar conspiradores a cada paso que daba. En ese entonces su vida se
reducía a las clases en el campus de Oxford en el día y a los encuentros
furtivos con Phoebe en la noche...
-Fox... -Musitó ella para luego avanzar hasta quedar frente a él.
Sorpresivamente lo besó en la comisura de los labios-.
Mulder sintió que de algún modo las fuerzas lo abandonaban. Parecía que la
champaña había subido directamente a sus neuronas y que comenzaba a apoderarse
de él un inesperado sopor. Pero aunque el sueño amenazaba con dominarlo, Phoebe
se veía tan bien y él, Fox William Mulder, agente especial del Buró Federal de
Investigaciones, estaba allí, frente a ella, Phoebe Green, detective de Scotland
Yard, a punto de emprender una lucha entre lo que había en su corazón y lo que
sus hormonas comenzaban a ordenarle. Eran siete años. Siete años desde la última
vez que se habían visto. Siete años en los cuales una hermosa pelirroja llamada
Dana Katherine Scully había logrado hacer desaparecer casi por completo el
recuerdo de aquella mujer que ahora lo abrazaba, hasta tal punto que la única
prueba de que alguna vez había existido era una vieja foto de la tumba de Conan
Doyle manchada de lápiz labial, que él tenía pegada en la cartelera de mensajes
de la oficina del sótano. Siete años y al menos 10 mil kilómetros de distancia
entre Londres y Washington...
“No voy a ir contigo”.
Por enésima vez la frase de Scully volvió a taladrar la mente de Mulder y la
sensación de rebeldía de instantes atrás pasó a convertirse en una ira apenas
contenida... Dejó la copa vacía en el velador, pero estaba ya tan fuera de sí,
que la colocó demasiado al borde y ésta casi cae al piso.
Phoebe siguió besándolo apasionadamente. Mulder disfrutó del quemante contacto.
Phoebe era fuego, como él mismo lo había dicho cuando ella estuvo en los Estados
Unidos. Hacía tanto, tanto tiempo que no besaba a una mujer... y la que él
verdaderamente amaba, los labios que él ansiaba besar, le eran siempre esquivos,
ya fuera por la intromisión de una impertinente abeja o porque a alguno de los
dos, en la última fracción de segundo, se le ocurría desviarse de su verdadero
objetivo hacia la frente o las mejillas...
“No voy a ir contigo”.
Las palabras de Scully sonaban cada vez más distantes, menos entendibles, como
una canción cuando se está acabando y a duras penas se alcanza a escuchar el
estribillo final.
Phoebe pasó fugazmente sus dedos por el cabello aún húmedo de Mulder. De nuevo
sonrió mientras lo besaba con impulso renovado. Mulder con cierta torpeza,
comenzó a desabrochar los botones de la blusa de Phoebe. Se sintió “fuera de
forma”. Ya casi había olvidado cómo quitarle la ropa a una mujer.
“No voy a ir...”.
El recuerdo de Scully volvió a colarse en el recodo de lucidez que le quedaba y
separó a Phoebe de él. Ella, respirando con dificultad y con la blusa
desabotonada, lo miró extrañada.
-¿Qué ocurre, Fox?
-Nada… Ehhh, Phoebe esto está mal. Nosottros ya no estamos juntos, no
debemos…-Intentó darle una explicación convincente, mientras observaba cómo ella
volvía a llenar las copas con champaña-.
-Está bien, pero no vas a negar que besso bien, ¿verdad? -Phoebe, con los ojos
brillando, le acercó otra copa de champaña-. Vamos... un último brindis y me
voy.
Sin decir una palabra, Mulder aceptó la copa, tratando de demostrar una
compostura que ya no tenía. La apuró y caminó tambaleante hasta la puerta.
-Buenas noches, Phoebe... -Dijo él abrieendo la puerta-.
Ella suspiró, tomó su chaqueta y caminó lentamente hasta la puerta. Mulder la
vio acercarse y se frotó los ojos.
Phoebe estiró repentinamente una pierna, cerrando con ésta la puerta, y dejando
caer su chaqueta al suelo dijo:
-No olvides que todavía nos falta la cenna...
Acorraló a Mulder contra la pared y comenzó a besarlo. Él, sintiendo la cabeza
pesada, escuchó otra vez la voz de Scully y su “No voy a ir contigo”, casi tan
inaudible como un grito en el desierto. Deslizó los dedos por el cuello de
Phoebe, y la besó con ferocidad. No era él. Como en la novela de Robert Louis
Stevenson, el Mr Hyde latente en su interior salió a relucir. Su voluntad había
cedido finalmente y estaba actuando ya por cuenta de lo que le dictaba su
testosterona...
Ella caminó hacia la cama, tirando de él. Mulder se despojó de su camiseta, que
fue a caer por los suelos, junto a la blusa de Phoebe. Ella rió divertida al ver
la cómplice reunión de las prendas. Mulder le desabrochó el sujetador y de un
manotazo lo envió a hacerle compañía al resto del ropaje. Cayeron juntos sobre
la cama y ella se sentó a horcajadas sobre él, besándolo.
Mulder perdió la poca conciencia que le quedaba cuando las manos de Phoebe
bajaron hacia el cierre de su pantalón… Había bebido muchas veces, pero nunca
antes experimentó la sensación de ver y escuchar todo como si estuviera bajo el
agua. El accionar de Phoebe era audaz, salvaje. Sus manos y su boca no hacían
más que confirmar la bien ganada reputación en el arte felatorio que ostentan
las británicas alrededor del mundo desde la época victoriana. Viendo que su
rigidez masculina no podría resistir demasiado las atenciones que le prodigaba
su antigua amante, Mulder la separó suavemente y con una destreza que creía
perdida, la despojó de la falda para luego hacerla girar de modo que quedara
tendida en el lecho. Ya allí, Phoebe lo atrajo hasta dejar su rostro hundido en
el espacio existente entre sus senos, los cuales fueron presa de inmediato de
los candentes ataques de los labios del agente, logrando que en pocos segundos
sus pezones adquirieran una dureza casi metálica...
-¿Do You fancy it, my lady? -Preguntó éll, tratando de imitar el siempre elegante
acento propio de la Gran Bretaña-.
-Of course I do, my lord... -Respondió eella con su acostumbrado tono
londinense-.
Mulder continuó su intrépido recorrido hacia abajo hasta llegar al ombligo de
Phoebe. En otras circunstancias y con la mente más despejada, habría ido hasta
la cubeta en la que estaba la botella de champaña para tomar un poco de hielo y
esparcirlo sobre el vientre de ella, pues sabía de sobra que esto la
enloquecía, pero tenía la certeza de que si daba un paso fuera de esa cama,
rodaría por el piso de lo mareado que estaba. Phoebe pareció adivinar las
intenciones de Mulder y lo tranquilizó diciéndole:
-No te preocupes, dejemos el hielo para otra ocasión...
-Está bien, Lady Green...
Siguiendo su viaje descendente, Mulder llegó hasta las negras bragas de Phoebe.
Ella, instintivamente levantó las caderas para facilitar la remoción de aquella
última prenda que la cubría. Libre ya de ese obstáculo, Mulder contempló la
oscura intimidad de Phoebe por un instante que al parecer de ella fue eterno. Al
acercarse a ese negro abismo para iniciar otra ardorosa faena como las de esas
gélidas noches después de clases, él creyó escuchar un apenas perceptible “No
voy...” proveniente quizá desde la otra orilla del Océano Atlántico, y se
detuvo. Phoebe lo miró algo desconcertada, pero su expresión cambió rápidamente
al ver que Mulder se acomodaba y la acomodaba a ella, blandiendo enhiesta su
rampante virilidad...
Esa ligera voz que había escuchado o que creyó haber escuchado, terminó de
desencadenar la ira que Mulder abrigaba en su ser desde que la primera gota de
champaña bajó por su garganta y le trajo a la memoria aquella dolorosa negativa.
Sin que mediara una sílaba, Mulder acomodó a Phoebe y se dispuso a penetrarla.
Le dirigió una leve mirada y entró en ella con una fuerza inusitada, con rabia,
con desenfreno. No era amor. Era un instinto animal lo que lo movía. Un deseo
insoportable de descargar ese aguante represado durante siete años y que nunca
había podido dejar salir con la mujer que estaba clavada en su corazón porque
siempre se presentaba algo que arruinaba el momento... Pero esta vez no iba a
ser así, primero porque no era a Phoebe a quien amaba y segundo porque de no ser
por un terremoto -y en Inglaterra jamás tiembla- no habría nada que le impidiera
estar plenamente con una mujer...
No sin sorpresa, Phoebe acogió casi con dolor aquel fiero embate de Mulder, pero
era tal el ímpetu de las embestidas de su fogoso amante que la delgada línea que
separa el dolor del placer acabó desapareciendo. Hasta donde podía acordarse,
eran muy pocas, si no ninguna, las veces en las que Mulder se había mostrado tan
“furioso” a la hora de intimar con ella. Si bien era cierto que estaba
conociendo sensaciones completamente distintas a las de cualquier otro encuentro
sexual previo con él, y que ella sabía que Mulder era un amante experto, parecía
también que Mulder estaba concentrado más en su propio goce que en siquiera
preocuparse por complacerla a ella. No hablaba, no la miraba, no daba la más
mínima muestra de importarle si ella disfrutaba o no de ese inusual proceder de
su parte. Rodeándolo con las piernas y los brazos, Phoebe lo aferró firmemente
para forzarlo a reducir el ritmo, pues de lo contrario estallaría en cualquier
momento. Quiso besarlo delicadamente, pero la respuesta de él estuvo lejos de
ser tierna y absorbió en su boca con tanta fuerza la lengua de Phoebe, que poco
faltó para que se la arrancara...
-¡...Fox... Por favor, vas a hacerme dañño...! -Alcanzó a suplicar Phoebe casi
sin aliento tras liberarse de los labios que la aprisionaban-.
Mulder oyó el ruego de la mujer aún más lejano que el último “No voy...”.
Enseguida una leve luz de racionalidad se asomó en su cerebro y redujo un tanto
sus endiablados movimientos, que aunque fuertes, eran ya más próximos a los
conocidos por Phoebe.
-Lo siento. Hacía tanto que no estaba coon una mujer que... – Musitó Mulder sin
siquiera mirarla ...Espero no haberte lastimado -Dijo por fin Mulder con una voz
que no sonaba como la suya-.
-¡Sssshhhh...! Te comprendo... -Reconociió algo aliviada Phoebe-.
La respiración de ambos se fue acelerando al compás de los mutuos movimientos.
Phoebe atenazó la cabeza de Mulder con el brazo izquierdo y con el derecho lo
apretó por la espalda mientras alcanzaba el clímax, que esta vez fue mezclado
con dolor. Los gritos de ella hicieron que él apresurara de nuevo la marcha
hasta tener una intensidad muy similar a la del comienzo. El momento de llegar a
la cumbre y comenzar a caer se hizo inminente. Cerró los ojos y creyó ver un
destello rojizo como el cabello de Scully. Los abrió y vio en cambio la negra
cabellera de Phoebe. La tensión llegó al punto de no retorno y su cuerpo explotó
como nunca pensó que podría hacerlo. Cayó sobre ella como fulminado por un rayo.
Su mente quedó en blanco...
Phoebe, transpirando, vio complacida cómo Mulder se desplomaba exhausto,
inconsciente. Lo había hecho viajar hasta Inglaterra. También se dejó caer en la
cama, respirando dificultosamente… Pero estaba eufórica: Había logrado
seducirlo. Había ganado...
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6:37 AM
Mulder despertó con un espantoso dolor de cabeza como si hubiera bebido toda la
noche. Pero no era así. La botella de champaña estaba por la mitad, junto a la
cena que nadie comió, y no recordaba haber tomado más de dos copas. Miró hacia
su derecha y encontró a Phoebe durmiendo desnuda boca abajo. Al tratar de
cubrirla con la sábana, ella abrió los ojos, mirándolo sonriente, triunfante.
-Good morning, “Lord Spooky...”! -Exclammó ella desperezándose y dando la
vuelta-.
-Buenos días, Phoebe. Aaahhh...! -La salludó Mulder agarrándose la cabeza con
ambas manos-. Parece que me hubiera tomado un barril de wiskhy. Siento un tic
tac aquí adentro...
-Fox, a duras penas nos tomamos dos copaas de champaña cada uno. Eso no da como
para una resaca... -Afirmó Phoebe sabiendo de antemano que aquella jaqueca era
el efecto secundario de la droga que había puesto en la primera copa que le
dio-.
Se dio media vuelta en la cama y estiró sus dedos para dibujar los labios de
Mulder. Él permaneció serio. Y Phoebe, viendo que él ya no estaba drogado y que
empezaba a arrepentirse de su actitud, intentó otra forma:
-Creo que no necesito decirte que siguess siendo un amante excepcional, querido
Fox.- Sonrió ella.
Mulder se sentó bruscamente.
-Oye, lo que pasó...
-No tienes porque justificarte ante mí nni explicarme nada, querido. Lo que
sucedió fue porque ambos deseábamos que así fuera ¿No crees?
-Como sea que haya sido, pienso que fui extremadamente rudo contigo.
-Descuida. Sabes que a mí también me gussta jugar rudo… Y no hacía falta
pertenecer a Scotland Yard para darme cuenta que tenías mucha “energía”
acumulada. Es comprensible que actuaras tan fogoso luego de -supongo yo- varios
años de poca o a lo mejor nula actividad... Sabes a lo que me refiero.
-...Es cierto- Dijo Mulder, algo apenadoo-. Pero por momentos me sentí como si
fuera otro hombre... Uno de Neanderthal...
-Eran tus instintos... Nuestros instintoos.
-Esto no volverá a suceder, Phoebe.
-Puede que no, puede que sí. Pero te jurro Fox, que no me arrepiento de nada...
-Dijo ella sentándose a su lado, acariciiándole las mejillas y luego besándolo en
los labios-.
-Creo que yo tampoco... -Añadió él correespondiendo ligeramente al beso. Estaba
confundido y le seguía doliendo atrozmente la cabeza.
Phoebe y Mulder se bañaron por separado, se vistieron y antes de pedir que les
llevaran el desayuno al cuarto, trataron de componer el monumental desorden en
que se hallaba sumida la habitación. Después de esto, abordaron un auto rentado
rumbo a Burford, una pequeña población del centro de Inglaterra en donde
supuestamente habían aparecido los círculos en los cultivos de maíz. Phoebe tomó
el volante pues Mulder nunca pudo acostumbrarse a conducir un automóvil que
tuviera el timón a la derecha y menos a transitar por el lado izquierdo de la
carretera. A medida que avanzaban, Mulder empezó a reconocer un paisaje que se
le hacía bastante parecido al de las inmediaciones de Oxford, ¿Acaso iban para
Oxford?
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OXFORD, INGLATERRA
8:52 AM
-Phoebe, ¿Qué vinimos a hacer a Oxford? ¿No vamos para un poblado llamado
Burford? -Inquirió Mulder al ver que a lo lejos se divisaban ya los edificios de
los afamados centros educativos de la ciudad inglesa-.
-Para tu información, el condado de Burfford pertenece a la jurisdicción de
Oxford y por si esto fuera poco, necesariamente hay que pasar por aquí para
llegar hasta allá, pues es la única vía de acceso existente. No hay autopistas
ni terminarles aéreas en esa zona. -Le contestó Green, haciendo alarde de los
conocimientos geográficos de su país-.
-Ya veo... Con tal de que no terminemos en el bosque de Sherwood buscando a
Robin Hood o en Camelot en la corte del rey Arturo... -Masculló Mulder, algo
aburrido-.
-Y hablando de lugares y personajes histtóricos, antes de seguir para Burford...
-La voz de Phoebe sonó extrañamente suavve-.
El auto dio un giro prohibido en una intersección y cambió el curso que llevaba,
dirigiéndose ahora hacia el cementerio de la localidad, en donde se hallaba
sepultado el célebre escritor Sir Arthur Conan Doyle, autor de las mundialmente
famosas historias del detective Sherlock Holmes y su fiel asistente el doctor
Watson. Dicho mausoleo, sitio de innumerables encuentros clandestinos entre
Mulder y Phoebe, se constituía en motivo de recuerdo para ambos.
Al llegar al camposanto, Phoebe se bajó del auto rápidamente. Mulder la
contempló pensativo, ella parecía emocionada y él sólo recordaba sus encuentros,
sin nostalgia.
-¿No vienes?-Preguntó ella, invitándole--.
Mulder bajó del coche casi por inercia. Metiéndose las manos en los bolsillos
del pantalón, vio a Phoebe correr hasta el mausoleo. Nuevamente tuvo una
sensación extraña. Ciertamente, había intimado con Phoebe. Pero su mente le
enviaba señales de que algo no había funcionado. Se sintió algo avergonzado al
pensar fugazmente en Scully.
“No voy a ir…”
Sacudió la cabeza.
Al ver una nueva seña que Phoebe le hacía, llamándolo, Mulder avanzó hacia ella
a paso lento. Quedaron de pie, separados por la mole de cemento.
Phoebe estiró la mano hacia Mulder. Él la miró y extendió la suya. Tomados de la
mano, permanecieron un momento en silencio.
-¿Cuántos años han pasado desde la últimma vez que estuvimos aquí? ¿Quince,
veinte? -Preguntó Mulder viendo las hojas secas que ocultaban el nombre del
ilustre ocupante del sepulcro-.
-Dieciocho, para ser exactos. -Señaló Phhoebe agachándose a retirar las hojas-.
-Ah, si estos árboles y estas lozas habllaran...
-Me excomulgarían ipso facto de la iglessia anglicana y a ti no te dejarían
volver a entrar a una sinagoga.
-Hace tiempo que no voy a una.
-Si quieres, podemos hacer méritos ahoraa mismo para que nos expulsen de nuestras
iglesias. No creo que sea raro ver mis medias colgando del mausoleo -Le dijo
Phoebe. Sonriendo, rodeó el monumento, y se acercó insinuante a Mulder-.
-No, Phoebe, aquí no- Atajó él, separánddose de ella.
-Antes no eras tan conservador…Vamos, Foox, sólo para que la visita a este lugar
tenga sentido -Rogó Phoebe, desabrochando uno de los botones de su blusa-.
Recuerda que anoche tú mismo me desabrochaste los botones…
Mulder se apartó de ella y su voz fue dura al decir:
-Dije que no, Phoebe. ¡No me toques!
>
Ella creyó prudente no insistir. Sonrió con ironía y se abrochó la blusa.
-En fin... Sir Arthur ha mantenido bien guardado nuestro secreto y no creo que
con más de un siglo que lleva de muerto ahora se le vaya a ocurrir abrir la
boca... Oye, no te he preguntado si todavía conservas la foto que te regalé de
este lugar -Dijo, aligerando la tensión-.
-La tengo en la oficina que comparto conn Scully...
-Por favor, no menciones ese nombre. -Reeprochó molesta Phoebe-. Y no me digas
que aún trabajas con ella.
-Así es. -Manifestó Mulder-.
-Cuando estuve allá noté que había “algoo” entre ustedes y que ella, si hubiera
tenido la oportunidad, no habría dudado en dispararme. -Se quejó Phoebe, mirando
con dureza a Mulder-.
-No es para tanto, la juzgas de una maneera muy parcial -Protestó él-.
-Mira nada más cómo la defiendes... -La voz de Phoebe revelaba los celos que la
invadían-.
-¡Vamos, Phoebe. Como si tú no hubieras querido dispararle también...! -Exclamó
Mulder-.
-Siendo sincera, por mí que se hubiera qquemado con todo y hotel...
-¡Cállate! -Le dijo, él, amenazante-.
Mulder no contestó. Se sentía como un traidor.
-Supongo que debo tomar eso como un sí.<
El silencio se volvió denso. “No voy a ir…” Susurró la voz de Scully dentro de
su cabeza. Lejos, muy lejos.
-Y si me quedaba alguna duda, lo acabas de confirmar con tu mutismo. -Dijo
Phoebe entre dientes. Su odio y rencor hacia Scully eran patentes-.
-¿Por qué mejor no seguimos nuestro viajje? -Sugirió él, alejándose en dirección
al automóvil-.
-Como quieras, agente Fox Mulder -Aceptóó Phoebe visiblemente contrariada-. Pero
ten presente que ni siquiera ella podrá eliminar de tu memoria ni de la mía lo
que aquí pasó...
Esta vez el silencio de Mulder se prolongó hasta que llegaron a su destino.
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ZONA RURAL DEL CONDADO DE BURFORD
BURFORD, INGLATERRA
10:06 AM
Mulder y Phoebe se encontraron con el alguacil Platt de la estación de policía
del condado y fueron hasta la campiña para observar los dibujos en un sembrado
de maíz. Los trazados en sí eran burdos y no se asemejaban en nada a las
fotografías que Phoebe le había hecho llegar a Mulder. Si en ocasiones
anteriores había descubierto que se trataba de un fraude, siendo los diseños
mucho más elaborados que los que tenía ante sus ojos, ahora era prácticamente un
hecho que los dichosos círculos eran obra de alguna pandilla de vagos que debía
estar tomándole el pelo a los campesinos de la zona.
-Disculpe alguacil Platt ¿Son similares a éstos los dibujos que han encontrado
en los otros cultivos? -Consultó Mulder al uniformado inglés cuya única arma era
un silbato que colgaba en su pecho-.
-Sí señor. Y como cosa curiosa han apareecido el mismo día, o mejor, la misma
noche. La noche del miércoles... -Replicó el policía-.
-Interesante, hoy es miércoles. Detectivve Green ¿No cree que sería bueno
quedarnos esta noche a vigilar el área para ver si aparecen más círculos? -Lanzó
Mulder su interrogante con la intención de medir la reacción de Phoebe, pues ya
empezaba a darse cuenta que todo había sino un ardid para hacerle emprender
semejante viaje-.
-Mmmhhh... Tal vez. Aunque no estaría dee más pedir refuerzos a Londres por lo
que pudiera ocurrir, y como no se trata de un caso de alta prioridad, agente
Mulder, podría tardar varios días la aprobación del desplazamiento de efectivos
de Scotland Yard o de la policía... -Respondió Phoebe en tono nervioso-.
-No tengo tiempo para eso. Mañana debo rregresar a los Estados Unidos. Además, si
como veo, las autoridades británicas no acostumbran a portar armas, en el
supuesto de que los autores de los círculos fueran extraterrestres o algo por el
estilo, ¿Con qué los atacaríamos... Con nuestros paraguas?
-Agente Mulder, es una tradición centenaaria que la policía inglesa no utilice
armas, pero los integrantes de Scotland Yard, como la detective Green, sí lo
pueden hacer. -Señaló Platt-.
-Eso quiere decir que en toda la jurisdiicción de Burford solo hay dos pistolas,
la de la detective Green y la mía. -Ahora dirigiéndose a ella-. Phoebe, será
mejor que ahorremos los cuatro cargadores que tenemos. Por si acaso...
-Tiene razón, agente Mulder.
Mulder, Phoebe y el alguacil Platt fueron a inspeccionar los círculos que habían
aparecido en otros cultivos, labor esta que les tomó casi toda la tarde. Tal
como Platt lo manifestó, los dibujos eran muy parecidos y era evidente que
habían sido hechos por el mismo autor, quienquiera que éste fuera. En la
totalidad de los casos se encontraron huellas de algún objeto pesado y rastros
de quemas. Sin embargo, nada indicaba qué o quien los efectuó. Al caer la noche,
los tres volvieron al área urbana de Burford para comer algo en un pub. Debido a
la presencia del policía, Mulder y Phoebe se limitaron a hablar de temas
relacionados con el caso materia de la investigación y no mencionaron nada
acerca de lo ocurrido la víspera ni en las horas subsiguientes. Apenas
terminaron de cenar, el agente, la detective y el alguacil se internaron de
nuevo en la campiña a esperar una posible aparición de más círculos...
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11:22 PM
Comunicados por medio de unos walkie talkie que Platt les había entregado,
Mulder, Phoebe y el mismo Platt se encontraban ocultos en diferentes puntos de
una enorme plantación de maíz, expectantes de cualquier elemento que indicara la
presencia de alguien más en el lugar. De repente, unas tenues luces aparecieron
en la distancia...
-Mulder a Green... Acabo de ver una luz..
-Green a Mulder... Yo también.
-Aquí Platt... Estaba a punto de decirlees lo mismo.
-Ok, mantengámonos en nuestras posicionees.
-Entendido.
-Entendido.
A medida que las luces se iban acercando, un fuerte sonido comenzó a dejarse oír
en la silenciosa noche inglesa. Por la lejanía, se oía como un trueno, pero poco
a poco se fue haciendo más claro, parecía música pesada proveniente de un
amplificador de alto poder.
-Aquí Mulder... ¿Hay algún concierto proogramado en esta campiña? No compré los
boletos... -Bromeó secamente el agente por la radio-.
-Aquí Green... Creo que no los vamos a nnecesitar. Estaremos en primera fila...
Las luces no eran otra cosa que linternas y antorchas que llevaba un grupo de
gente que no se distinguía bien, dada la oscuridad reinante. El sonido, en
efecto de música pesada, emanaba de un voluminoso amplificador alimentado por
baterías, empotrado en un vehículo cuyas ruedas eran similares a los cilindros
de una aplanadora, que a su paso, dejaban las plantas de maíz completamente
aplastadas contra la tierra. Los integrantes de este extraño conglomerado iban
cantando y gritando a todo pulmón una sarta de vulgaridades, y a juzgar por el
tono de sus voces, se podía concluir fácilmente que estaban embriagados. A menos
de cincuenta metros, los tres investigadores decidieron salir de su escondite y
encararlos.
Platt hizo sonar su silbato, que apenas sí se escuchó entre la algarabía del
grupo.
-¡Alto, policía...! -Dijo el alguacil coon voz destemplada-.
-¡Deténganse, Scotland Yard...! -Gritó PPhoebe, apuntando a los que iban más
adelante-.
-¡Las manos en alto, muchachos! -Ordenó Mulder desde el lado opuesto-.
-¿Q... quién es usteeeed...? Habla como si fueeeera un maldito yanquiiiii... -Le
respondió uno de los chicos, botella de wiskhy en mano y notando de inmediato el
acento norteamericano de Mulder-.
-Agente Especial Fox Mulder del FBI de llos Estados Unidos...
-¿Oyeron eso, chicooooos? Vamos a seeeeeer famooooossssossss... Hasta un zorro
vino de las coloniassss a conocernooooossss Hip!
-Siiiiiiiií, Hip! -Contestó otro, dirigiiéndose a Phoebe-. Muñeca, ¿Posaríassss
junto a miiiií para la primera plana de “The Mirror”? Hip!
-¡Cállense todos! -Exclamó Platt-.
-Así que estos eran los autores de los ddibujos con su dichosa aplanadora
musical... -Indicó Mulder con una mezcla de enojo y vergüenza en su rostro-.
-Me temo que sí, agente Mulder. -Añadió Phoebe viendo que la mentira había
llegado a su fin-.
-¿Cuáaaaalessss dibujossss? Hip! Nosotroossss solo salimos a divertiiiiiirnos un
poco despuuuuués de jugarrrrr al rugby los miércooooolesss ¿Verdadaaaaad?
-Siiiiiiiiiií...! -Respondieron los demáás en coro-.
-En nombre de las autoridades del Reino Unido y de Su Majestad la Reina Isabel
II le ofrezco mis más sinceras disculpas por haberlo hecho viajar hasta aquí
para perder el tiempo con este asunto sin importancia. Agente Mulder, estoy muy
apenado. -Se excusó Platt con toda la pompa inglesa-.
-Pierda cuidado, alguacil Platt. No es lla primera vez que un caso resulta ser un
fiasco. La detective Green se encargará de ayudarle a arrestar a estos
“extraterrestres”.
Mulder se alejó sumamente disgustado del lugar, sin despedirse de Phoebe. Ahora
no le quedaba la menor duda que todo había sido una estratagema de Phoebe para
que viniera. La trampa había sido perfecta, y él cayó como un novato. Si Scully
hubiera venido con él... Si Scully... No quiso acompañarlo, e involuntariamente
facilitó las cosas de una manera que ni la propia Phoebe Green lo hubiera
imaginado. Ella logró su cometido y él se dejó llevar por los impulsos
provenientes de la parte inferior de la hebilla de su cinturón. Por una noche
fue de nuevo el mismo Fox Mulder de hacía 18 años y aunque no se arrepentía de
lo hecho físicamente, sí se sentía muy mal por dentro, pues en el fondo
consideraba que había “traicionado” a Scully. Sumido en sus cavilaciones,
regresó a pie hasta una posada de Burford y rentó una habitación.
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AEROPUERTO INTERNACIONAL DE HEATHROW
LONDRES, INGLATERRA
9:17 AM
Tan pronto como amaneció, Mulder alquiló un automóvil, y superando su consabida
incomodidad con los carros ingleses, se dirigió a la capital al Hotel Ritz para
recoger su equipaje y luego tomar el primer avión que saliera para Washington.
Ya había comprado el tiquete y se encontraba en la sala de espera aguardando el
aviso para abordar, cuando...
-¿Acaso no piensas siquiera decirme “Hassta pronto”? -Preguntó Phoebe con la voz
agitada, pues venía corriendo-.
-Si así lo quieres, entonces salúdame dee mi parte a tus “marcianos dibujantes”
-Replicó sarcásticamente Mulder-.
-Fox, te aseguro que no tenía ni idea dee que era un fraude, los informes...
-¡Al Diablo con los informes...! No te ccreo una sola palabra. Todo fue una
invención tuya para que atraerme hasta ti...
-No te niego que quería verte, pero los datos que me dieron eran confiables,
¡Créeme!
-¡Mientes!
“Pasajeros con destino a Washington D.C., favor abordar el vuelo de British
Airways por la puerta 5...”
Antes de que pudiera reaccionar, Phoebe besó a Mulder. Él no quiso
corresponderle, y ella, a pesar de la intención de rechazo, continuó besándolo
por otro par de segundos.
-Espero que esta vez no sea la última, aagente Fox Mulder. -Dijo finalmente
Phoebe al separarse, clavándole la mirada en sus ojos-.
Mulder no le respondió y le dio la espalda, encaminándose hacia la puerta 5.
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APARTAMENTO DE FOX MULDER
SIETE MESES Y MEDIO DESPUES
Una cantidad de hechos trascendentales habían tenido lugar en la vida de Dana
Scully a partir del día en que Mulder viajó a Inglaterra. Primero, en ausencia
de éste, ella se había encontrado de manera fortuita con Daniel Waterston, un
hombre bastante mayor con el que tuvo una larga relación en sus años de
estudiante de medicina, y cuya su sola reaparición ocasionó en Scully un
profundo replanteamiento de su manera de ver la vida. Supo que todas las cosas
conducen hacia un determinado momento, lugar y situación, en el tiempo y en el
espacio. De este modo y con esa nueva perspectiva en su alma, regresó Mulder de
Inglaterra, ella se enfrentó a sus miedos y los venció, y las circunstancias que
siempre les habían sido adversas para entregarse el uno al otro, ahora fueron
propicias y esa noche los dos dieron el paso que ambos anhelaban dar desde la
primera vez que se vieron. Ninguno de los dos vaciló o dudó y esa noche quedó
grabada en sus recuerdos para siempre.
Segundo, durante una investigación en Oregon sobre el posible choque de un OVNI,
Mulder había desaparecido, y según la declaración del D.A. Skinner, fue raptado
por extraterrestres. Para tratar de encontrarlo, el FBI había organizado un
cuerpo especial de búsqueda, al frente del cual se encontraba el agente John
Doggett, un rudo exmilitar y expolicía designado a dedo por el director Kersh.
Tercero, el mismo día de la desaparición de Mulder, Scully se había enterado de
que estaba embarazada, lo cual era motivo de alegría, tristeza y miedo para
ella, pues por una parte se constituía en un milagro, tantas veces buscado por
ella y por Mulder con resultados fallidos, y por otra, ante la ausencia de
Mulder y los posibles nexos del Sindicato con su milagroso embarazo, Scully
temía lo peor: Que Mulder hubiera muerto y que en su vientre se estuviera
gestando una forma de vida no humana...
Cuarto. Finalmente, Mulder había sido encontrado y se creyó que estaba muerto.
Tras cinco meses y luego de la extraña “resurrección” de otras personas que
fueron halladas en un estado similar al del agente, el cuerpo de Mulder fue
desenterrado y se determinó que aunque vivo, su estado era demasiado grave como
para albergar la esperanza de que sobreviviera. Scully estaba destrozada con la
noticia y durante el día permanecía junto al moribundo a pesar de lo poco
conveniente que era para su gestación. En las noches, como ya era costumbre, iba
al apartamento de Mulder, pues para ella era una forma de consuelo estar en el
día con él y en la noche en aquel lugar que pertenecía a él...
Esa noche, Scully no tenía sueño. Vagaba por el departamento de Mulder sintiendo
cierta sensación de paz. Creía que él se recuperaría. Para mitigar el insomnio,
decidió hojear un libro de los que estaba en la repisa y en el cual nunca antes
había fijado su atención. El impreso era de pasta gris, como las camisetas que
Mulder acostumbraba a usar, llevaba el título de “ Clones” en letras carmín y su
autor era un tal Michael Marshall Smith. En el momento de bajarlo de la repisa
para colocarlo en el escritorio, unos papeles salieron de entre sus hojas y
cayeron justo al pie de la lámpara que iluminaba el sitio en el que Mulder tenía
su computador. De inmediato, Scully olvidó el libro y se detuvo a examinar los
papeles que aparecieron. Se trataba de copias impresas de correos electrónicos
enviados y recibidos por Mulder el año pasado, referentes a temas de la oficina
y datos sobre los casos que habían investigado juntos.
Scully sonrió delicadamente y sus dedos temblaron al tomar las hojas de papel.
Sin embargo, entre los últimos, había uno que no se refería a asuntos
profesionales y que más bien parecía ser meramente personal. Estaba fechado la
víspera del día que viajaron a Bellefleur. Quiso evitar leerlo para respetar la
privacidad de Mulder, pero la curiosidad fue más fuerte que ella. Comenzó a leer
y su semblante se desdibujó por la ira, el dolor y la sorpresa.
Lo que allí decía la dejó pasmada:
“Querido Fox:
Sé que debes odiarme por haberte hecho viajar hasta Inglaterra para investigar
algo que finalmente no era lo que parecía y que los círculos en el maíz no
pasaron de ser un completo fraude. Lo siento, pero no soportaba más tiempo sin
verte y se me presentó esa oportunidad, quizá única, para llamar tu atención.
Siete años eran demasiado tiempo sin tener una noticia de ti. Créeme que no me
arrepiento de nada de lo sucedido y que comprendo además las razones de tu
enojo.
Después que tu avión desapareció en el cielo de Londres como un minúsculo punto,
decidí seguir con mi vida, a sabiendas de que tu trabajo, tu propia vida, e
incluso tu amor están allá y no aquí, pero hace apenas unas horas vine a
enterarme de algo que me tomó por sorpresa y me siento en la obligación de
contártelo porque considero que tienes derecho a saberlo: Ayer iba saliendo de
una reunión con el Primer Ministro y un grupo de sus asesores de seguridad
acerca de unas amenazas terroristas contra varias personalidades inglesas,
cuando repentinamente sufrí un desmayo. Las personas que me acompañaban me
llevaron al hospital más cercano del West End y allí, tras unos exámenes de
rutina, los médicos dictaminaron que mi condición clínica no se debía a una baja
en el azúcar ni a un cambio súbito de la presión arterial, sino que se trataba
de otra cosa. Fox, Tengo siete semanas de gestación.
Phoebe.”
¿CONTINUARA?
Sí, lo pusimos entre signos de interrogación porque no sabemos si viviremos para
escribir el desenlace. Les garantizamos a todos y cada uno de los shippers que
si nos perdonan la vida les daremos una segunda parte de la que seguramente
quedarán satisfechos. En todo caso, quisiéramos conocer sus opiniones, mensajes
bomba, anónimos amenazantes, demandas, promesas de cárcel o muerte, o cualquier
otra cosa en nuestros e-mails de costumbre: rafazeaARROBAusa.net
y
danakscully-foxARROBAmixmail.com