Disclaimer: The X-Files y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Chris Carter, 1013 y la Fox. No gano ningún dinero con esto y no pretendo violar el copyright.
Tipo: Weird/post-episode, death-character.
Rating: AP
Spoilers: Monday, Anasazi (por lo del disparo) y detalles de otros episodios (seguro, todo está relacionado).
Resumen: El destino también se puede equivocar.
Nota de la autora: He tratado de hacer un Monday alternativo.
El planteamiento de este episodio me pareció muy interesante y
se me ocurrió la idea de trastocarlo un poco. Si leeis el relato
entendereis lo que quiero decir. Por otra parte decir que la
frase que acompaña el título la leí al comienzo del videoclip
de The Smashing Pumkins "stand inside your love", me
pareció muy representativa de lo que intenta transmitir el
relato. Respecto al otro fragmento es algo que escribí y que me
recordó al episodio en cuestión. Para terminar (ya sé que me
enrollo demasiado, perdón) espero que me escribais y me digais
si os ha gustado la historia o debería dedicarme a otra cosa.
Gracias a todos por estar ahí fuera.
TUESDAY
Por Ana
<<The mystery of love is greater than the mystery of death>>. Oscar Wilde
[...]
Todos los días mueres en mi regazo,
y un día abres los ojos, y lloras.
Todos los días resucitas entre mis brazos
porque un día encuentras la eternidad que nos une
[...]
Desaparece la lágrima que llora en mi mejilla:
Todos los días nacen flores en invierno.
*****
Algunos hombres no aceptan su destino.
Todas las cosas extrañas vienen aquí a parar, a mi oscuro feudo. Todas las reiteraciones son dolorosas bajo mi manto, y, sobre todo, siempre son iguales. Los protagonistas cambian pero el final es siempre el mismo. Se trata de un trámite ineludible cuyo proceso varía, puede ser doloroso, plácido, inconsciente, angustioso, precipitado, inesperado... voluntario. Sí, y ese es el peor pues con él mueren todos los sueños hermosos, su dueño vive en el desengaño y el despertar supone la mayor valentía: el sueño siempre fue un escudo contra la crudeza.
A veces los he visto desesperarse, luchar con ira; tengo ganas de decirles que no se preocupen, que todo esto no es más serio que un chiste, una gracia traviesa, pero ellos se empeñan en tomárselo como una broma pesada. Al final tengo que sucumbir al espectáculo pues es hermoso contemplar la pasión que ponen en todos sus actos. Entonces me callo, en verdad nunca hablé con ellos, con los hombres a quienes abría los ojos.
Yo soy una aliada del destino, creí serlo, creí ser su brazo ejecutor. Y a pesar de la dureza de mis palabras ellos cubrían mi sombra con figuras amables que no resultaran tan aterradoras. ¿Por qué me temían si yo encarno la más completa naturalidad?, pero me siguen temiendo, seguramente porque no saben, la incertidumbre puede resultar lo más terrorífico. Entonces aun no conocía la verdadera razón a pesar de intuirla, a pesar de que mis antecesoras me habían hablado de los motivos del miedo y de lo más sorprendente: de aquellos que daban esquinazo a nuestro cometido, aquellos que se burlaban de nuestro poder y sin saberlo movían las pesadas tornas del tiempo para enmendar un supuesto error. Su insolencia era insultante, pensaba yo, incluso dudé de que tales cosas hubieran ocurrido; mi incredulidad es altamente conocida y no tengo más remedio siendo quien soy, palpadora constante de la realidad.
Como antes he dicho me han disfrazado de mil maneras, pero no puedo evitar sonreír ante la imagen de grácil dama blanca que escolta a todos los que salen por la puerta con los pies por delante. He sido una mosca verde sobre una caja sin barnizar y con rendijas que no evitaban el hedor de la pobreza delatora. He presidido entierros armada con útiles de la siega. He descendido del cielo como un rayo de luna revelador; siempre soy el último mensajero. Pero hasta que llega este momento final tengo mucho tiempo para observar como se mueven, estudiar su naturaleza, reírme de su ingenuidad y arrancarles la única esperanza que les pudiera quedar. Porque ellos están constantemente a la espera, al principio no acertaba a adivinar de qué se podía tratar pero lo cierto es que se rebelaron abandonando la pasividad y comenzando la búsqueda. Soy pesimista sobre lo que puedan hallar, o más bien soy realista pues ya conozco el desenlace: la destrucción, la desintegración física, la putrefacta miseria.
Pero empecemos por el principio, si es que hubo uno, al menos yo sí tuve uno pues no soy la única, muchas antes que yo han desempeñado mi tarea. Mi existencia es relativamente corta y aun así he visto más amaneceres que ninguno de los mortales. Los considero bonitos, pero más aun lo son los atardeceres, esos asesinatos del día que provocan tan hondas heridas de las cuales brotan sendos regueros de sangre; seguramente se deba a mi naturaleza siniestra; sí, al final acepté el rol que me invitaron a jugar, y lo interpreto tan bien como sé. Continuando con la mañana puedo vislumbrar cada nacimiento que se produce bajo el sol más madrugador, todos lloran al ver la cegadora luz, derraman lágrimas y emiten gritos producidos por el primer dolor que es también la primera prueba palpable de su futuro. Les duelen los pulmones y el alma pues ya entonces parece que sospechan la verdad. Aun es pronto, yo me mantengo a distancia, o al menos lo intento aunque no siempre es posible, prefiero vigilarlos desde un prudente lugar para que no me vean y su desengaño no sea prematuro. Mi turno llega con el sol más postrero, éste puede llegar en cualquier momento y tiene implícita una única condición: és irrevocable. Esta es la teoría que me enseñaron pero aprendí más tarde que esa actitud marmórea era simplemente la fachada que ocultaba la flexibilidad de nuestro mundo representado hábil o torpemente como espacio y tiempo por aquellos que parecían destinados a ser los más débiles. Mi inexperiencia me jugó una mala pasada pero me dejó ver cosas increíbles, ejercicios de voluntad tan grandes que se diría que no corresponden a sus ejecutantes.
Esta es la historia de uno de esos ejercicios de juegos malabares, ilusionismo y magia que desprendía belleza por todas partes.
*****
El día después se ha convertido en el más completo vacío.
La desolación es un campo arrasado, mi alma es un campo
yermo. Cada día mueres entre mis brazos, cada día mueres en mis
pesadillas. El día que despierta jamás durmió esta noche y
parece haber amanecido más triste que nunca. No queda nada por
lo que despertar, ya no queda nada por lo que luchar y el cielo
parece corroborarlo pues se muestra de un gris muy denso que
parece a punto de derramar sus lágrimas sin atreverse realmente
a hacerlo. Gracias por recordarme mi dolor, gracias por mi
cínica reacción, gracias por no dejarme ver el sol y hacerme
recordar que otros son felices; pero nunca te perdonaré que me
dejaras despertar este día. Hoy sólo se puede describir con la
palabra vacío. Y yo soy hoy.
Creo que al final llegué a dormirme, en algún momento de la larga noche cerré los ojos rojos de tanto llorar. Durante todo el día intenté contener el dolor en no sé qué vano intento de no mostrarme frágil y mantener la compostura. Pero en mi pecho un terrible peso crecía irremediablemente, la carga embotaba mi garganta, mis pulmones, mi vientre. Ahora no bastan las palabras para describir lo que siento, o lo que ya no siento, todas se han vuelto sucias y sin sentido. Yo soy un sin sentido mutilado al que han seccionado con cuidadosa maldad. Sin compasión me han dejado viva ¿y ahora qué?, me pregunto sin obtener más respuesta que un silencio aterrador que se pierde por la quietud de la estancia. El teléfono que no suena, ya nunca sonará. Nadie respira detrás de la puerta y nadie más lo hará.
Me he dado cuenta de que no tengo vida propia porque ésta fue vivida a medias por dos personas, jamás fue un viaje individual. Las veces que intenté alejarme no hicieron más que confirmar aquello que me asustaba tanto: la posibilidad de la rendición ante otra persona, ante ti. Y todo cambia tan rápidamente que parece que tus olores, tus gestos, tu voz, todo se va desvaneciendo a una velocidad que me parece suicida. Se han vuelto instantes de contornos borrosos, sonidos que son susurros casi inaudibles y fragancias confundidas con el olor de la muerte. Me asusta el olvido, pensar que no quede nada de ti pues si hubo algo de tu ser en el mío éste también desaparecerá ya que yo, de alguna manera, ya estoy muerta también. ¿Resucitan los corazones muertos? No me basta un corazón de papel o de tela, el mío fue de acero que se fundió y se derramó al suelo. Fue un charco en el piso al desbordarse el agua del recipiente que guardaba la lluvia.
Las personas que me rodearon siempre me vieron distante, si intentaban acercarse yo me encargaba de construir el muro. Incluso mi familia... creo que nunca llegaron tan lejos como tú. Tú llegaste sin hacer ruido, con total familiaridad, sin decir casi palabra; invadiste ese espacio personal que guardaba celosamente mi obstinación...
Ha comenzado a llover y es que era de esperar, las lágrimas son una carga demasiado pesada incluso para el cielo. Aun siento el olor de la sangre en mis manos; ni siquiera la fresca lluvia es capaz de limpiar las heridas que se abrieron entre nosotros dos.
¿He dicho ya que hoy es martes? Ayer fue lunes y hoy es
martes. Los nombres de los días de la semana jamás habían
tenido tanta importancia. Pero ahora es diferente: ayer estabas
vivo, hoy estás muerto. Martes, martes, martes... ya sé que tu
muerte fue ayer pero por una vana esperanza creí estar soñando
hasta que he despertado esta mañana después de una pesadilla
furtiva. Hoy es el día en que se acaba el tiempo de los sueños
hermosos.
Por un extraño mecanismo ahora soy capaz de recordarlo todo, no sé si me alegro o no, no sé si continuar fingiendo que estoy viva o pegarme un tiro. No, ese no es mi estilo, pero de alguna manera todo ha cambiado mucho, es decir, antes nunca se me habría pasado por la cabeza, sin embargo ahora parece mi única salida, el único remedio capaz de poner fin al dolor.
El recuerdo se ha convertido en mi único vínculo con la realidad y a su vez es utilizado como arma por mi mente para que no olvide que todo podría haber cambiado con una simple acción. O tal vez no, puede que el destino realmente exista y que sea algo tan fuerte que aunque intentemos evitarlo nos acabe siempre aplastando con su contundente sentencia. Resulta irónico que sea ahora cuando me doy cuenta de todo, cuando ya no puedo hacer nada. Pero resulta aun más irónico que el final haya llegado de una manera tan casual, tan estúpida que parece reírse de todas las veces que burlamos a la muerte. Me han devuelto a la vida mil veces sólo para ver como él desaparece en un suceso trivial que hace magnificar el significado de la letal providencia.
Todo esto ha matado definitivamente mi racionalidad, es más, ésta ya no tiene razón de ser. En estos momentos cualquier explicación que intente darle al suceso me parecerá banal. Él está muerto y las circunstancias que rodean este hecho ya no me importan.
*****
Pues yo opino que debieron importarle pues de otro modo el
extraño suceso no hubiera tenido lugar. Las circunstancias son
lo más importante pues les hicieron tal como son. Éstas moldean
nuestro ser y configuran nuestras relaciones con los demás. Su
dolor nubló su vista a tales hechos y yo me dispongo a
relatarlos.
Lunes
9:46 a.m.
Mulder, se llama Mulder, entró en el banco Cradock Marine de la 8ª, esquina con la E street. Había bastante gente y tuvo que hacer cola. Con impaciencia golpeaba levemente el sobre de su nómina que debía ingresar. Mientras tanto Bernard escribía con mala letra y un pulso tambaleante que "esto es un atraco..." aquello resultaba más una excusa para retrasar momento de la acción ya que después de todo Bernard tenía miedo. Sus nervios pudieron más y sacó la pistola que guardaba bajo el abrigo.
- ¡Todo el mundo al suelo, ya saben lo que es esto!
Mulder sin duda maldijo su mala suerte de aquel día pero también es seguro que nunca se habría imaginado cómo acabaría todo aquello. Se tumbó lentamente en el suelo al igual que los otros rehenes mientras Bernard instaba a la cajera a que le fuera dando el dinero. Ésta le obedeció sin antes avisar a la policía mediante la alarma secreta que apretaba disumuladamente con el pié. El atracador iba recogiendo los billetes en una bolsa cuando Mulder vio lo que querría no haber visto en esos momentos, su compañera, Scully, se acercaba a la puerta del banco para entrar sin sospechar lo que dentro ocurría. Su cerebro procesaba las imágenes y sus palabras fueron más rápidas.
- Cierra las puertas... olvidaste cerrar la puerta de entrada.
Pero haber conseguido que Bernard le hiciera caso no sirvió ya de nada pues Scully entró y el atracador le apuntó con el arma. En ese momento Mulder se levantó y una mujer chilló, al percatarse el atracador que sacaba una pistola, le disparó hiriéndole gravemente un poco por dejabo del hombro. Mulder cayó al suelo y Bernard volvió a apuntar a Scully que acabó por soltar el arma que ya había sacado para correr en ayuda de su compañero.
- Ya ven lo que les pasará si intentan alguna cosa extraña.
Scully mientras tanto se había agachado para examinar la herida de Mulder quien estaba perdiendo mucha sangre. Intentó cortar la hemorragia con sus manos pero la herida parecía muy profunda. Cogió la cabeza de su compañero apoyándola en sus piernas al tiempo que apretaba contra su pecho con la mano ensangrentada. Intentó convencer a Bernard para que se entregara a la policía pero para entonces estos ya habían rodeado el edificio y estaban a punto de entrar. Cuando esto ocurrió, el atracador, al verse acorralado, abrió su abrigo mostrando algo inesperado como era una bomba adosada a su cuerpo. Justo en el momento en que iba a accionar el detonador uno de los agentes armados con rifles de asalto que estaban apostados en una de las ventanas del banco le disparó en el cuello hiriéndole mortalmente. Rápidamente entraron los demás agentes para comprobar que estaba realmente muerto. Fueron desalojando a los rehenes y una camilla entró para llevarse a Mulder. Skinner, que parece ser el superior de Mulder y Scully, también entra al banco para descubrir que uno de sus agentes está muy grave. Intenta consolar a Scully a la que encuentra desolada mirando incrédula como la vida de su compañero se le escapa de entre las manos. Ella sube a la ambulancia pues no quiere separarse de Mulder mientras que Skinner pregunta a los enfermeros a qué hospital se lo llevan.
El camino al hospital se convierte en un calvario pues a pesar de que dura pocos minutos parece una auténtica eternidad. El gesto de Mulder se tuerce de dolor pero parece como si poco a poco se fuera abandonando a una especie de prometido descanso.
-Mulder, resiste... estoy aquí contigo, ya verás como te pondrás bien.
Mulder, a pesar de la herida pretende decir algo pero apenas alcanza a gesticular una palabra. Scully le pone un dedo en los labios para que no intente esforzarse inútilmente aunque al final no evita que su compañero emita breves susurros tan bajito que ha de acercar su oído para escuchar algo.
-Me han herido donde tú me disparaste.
-No Mulder, yo tengo mejor puntería.
-Será el destino...
Mulder parece expirar y mientras los médicos y enfermeros intentan reanimarle, Scully ya no puede reprimir las lágrimas y la desesperación.
Yo le acompañé en el último tramo del camino, siempre es un momento difícil, sobre todo para los que se quedan. Él me agradeció ser el primero, su egoísmo era una excusa ya que sabía que no sería capaz de aguantar el dolor si hubiera sido al revés, si él se hubiera quedado solo. Pero ella le lloraba y en el fondo ese resultó ser el daño más profundo. Poder contemplar cómo ella sufría fue una cruel tortura.
Desde mi objetividad en el asunto pude observar que aquello no se diferenciaba de otras situaciones, es más, a mí me parecían frías representaciones encaminadas a engalanar lo inevitable. Mas me volvía a equivocar -otra vez mi inexperiencia- pues ese sólo fue un ejemplo de lo que se repetiría más tarde con otros sujetos y que yo poco a poco empecé a apreciar como un signo de piedad y compasión humana, entendiendo estas palabras en su más genuino significado.
Hasta aquí todo transcurrió de la manera más normal, más predecible. Mientras tanto yo tuve oportunidad de aprender un poco más sobre los sentimientos humanos. La ocasión se me presentó contemplando las reacciones del que se queda. Por un extraño mecanismo ella era capaz de recordarlo todo, recordar todos los pequeños detalles que dictados por la fatalidad y el destino, a caso no son lo mismo, condujeron a su compañero a la muerte. Se torturaba con la idea de la posibilidad de un rumbo diferente que hubiera cambiado ese final. Pero aun era capaz de recordar más allá, de remontarse años atrás para reprocharse la pasividad que siempre había mostrado. Tuvieron que recordarle que era mortal, que él era mortal, para darse cuenta de lo efímero que es la existencia de los hombres y que las oportunidades sólo se dan una vez.
Yo comprendí varias cosas a raíz de mis observaciones. Comprendí que siempre es más importante lo que no se dice que lo que se dice. Lo que se intuye, se insinua, lo que se conoce con un sentido más profundo, aquello que forma parte de un subconsciente personal integrante del código particular que ellos conocían; todo ello decía más cosas que un vacío parlamento. Mas esto no significa que todas las palabras sean regaladas, no hay gratuidad en la sinceridad y ellos sabían hacer de ésta una disimulada sonrisa amable. Se trataba de la felicidad que hacía correr por dentro un río de carcajadas contenidas por el temor a ensuciar la verdad.
Al final ella había conseguido salvar su alma, la de su compañero. Había salvado todo lo bueno que pudiera haber habido en él desterrando las sombras enfermizas. Nunca le había expresado con palabras lo que sentía pero él ya lo sabía, se lo había dicho mil veces con sordos gestos. Desde mi posición, fría y etérea, tales muestras lacrimógenas podían parecerme pedantes y exageradas, incluso excesivas, pero acabé aceptando su necesidad pues suponen un gran alivio ante el abismo que abre mi alargada sombra. Ellos siguen temiéndome y estoy segura de que si dejaran de hacerlo perderían su condición, dejarían de sentir.
A estas alturas os habreis dado cuenta de quién soy. Sí, soy la muerte, y a veces me gusta contar relatos interesantes, o tontos, para entretenerme. Estas complicadas criaturas siempre me dan la oportunidad de aprender cosas nuevas. Esta vez me sorprendieron más de habitual: algunos hombres no aceptan su destino porque su destino es otro.
*****
He vuelto a despertar y es otro día triste, una continuación de mi ser. Miro el reloj y...
Monday, 6:34 a.m
Por un extraño mecanismo soy capaz de recordar con todo
detalle una pesadilla tan real que yo juraría que no fue
simplemente producto del sueño. Sin duda fue real: Mulder había
muerto, hoy debería de ser miércoles... pero no. Miro el
calendario, enciendo la televisión, la radio... hoy es lunes.
Salgo corriendo de mi apartamento con la esperanza de poder
cambiar la pesadilla, con el convencimiento de que lo recuerdo
todo y fue real, pero que ahora tengo la oportunidad de
rectificar, no sólo el destino de Mulder, sino también el mío.
Comentarios y críticas a: anuskaARROBAsputnikmail.com